viernes, 28 de agosto de 2009

DISCOS DEL CARAJO I: OKTUBRE


Un homenaje a las revoluciones. Eso es, justamente, el disco que presentamos hoy en Esquivando el éxito.
Se trata de OKTUBRE, segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, considerado por algunos como la obra maestra de la banda.

Desde su portada todo va quedando claro. Oktubre va escrito en letra roja, con K en lugar de C y con la B dada vuelta, simulando al alfabeto soviético. Debajo, una multitud de caras lastimadas lleva en alto banderas rojas y blancas. Dentro del libro, aparece un dibujo de la catedral de La Plata, ciudad donde se originó la banda, en llamas. 

Una anécdota contada por Rocambole, mentor de todas las imágenes del disco y del arte en general de la banda, cuenta que el dibujo más importante de la historia del rock de acá fue hecho en diez minutos en una servilleta. Se trata del hombre con su brazo en alto sosteniendo una cadena. Hoy esa imagen se ha hecho tatuaje y remera de generaciones enteras.

Oktubre fue grabado en los estudio Panda, entre agosto y septiembre de 1985. Desde el sonido, la banda que lideraban el Indio Solari y Skay Beillinson daba un vuelvo con respecto al disco anterior, Gulp. Todo se volvió oscuro y mucho más trabajado que en la placa anterior, con la colaboración de Daniel Melero en pianos y Claudio Cornelio en la percusión.

El disco fue finalmente presentado, cuando sino, el 18 y 25 de octubre de 1986, en dos noches a full en el desaparecido Paladium, en 1986. Por entonces, Los Redondos no eran la banda de ninguna calle ni el monstruo convocante en que se convirtió a mediados de los 90. De todos modos, aquellas presentaciones se habían convertido en récord de público, tanto para la banda como para el lugar.


Patricio Rey y sus redonditos de ricota era recién una banda que saltaba del pub a la discoteca. El Indio aún tenía pelo (poco, por cierto) y bigote, usaba camisa y corbata y ya bailaba como hoy. Skay compartía punteos con otro guitarrista, y ni Walter Sidotti ni Sergio Dawi formaban parte de la banda.

Los Redondos todavía tenían entre sus filas a un joven Willy Crook en saxo, a Tito Fargo D’Aviero como segunda guitarra y el Piojo Ávalos en batería. Andrés Theocharidis  se incorporó en teclados, pero duró poco ya que falleció en un accidente a los pocos días de su ingreso. Walter reemplazaría más tarde al Piojo y Sergio Dawi haría lo propio con Willy Crook. Con el alejamiento de Tito, el sonido quedó a cargo de Skay como única guitarra.

Desde el comienzo del álbum, queda claro el concepto. Fuegos de Oktubre nos mete en clima con bombardeos e imágenes de edificios en llamas ante el grito casi soviético, de aquel octubre bolchevique de 1917. Una mirada al pasado, entre la resignación y la utopía de la revolución socialista.
Preso en mi ciudad, con amores satánicos y vampíricos con una sensación post dictadura más que significativa: miles de jóvenes se sentían atrapados en libertad.

Música para pastillas, el modernismo ochentoso hecho rock, con fileteos brillantes de Skay y la voz del indio rompiendo todo al medio.

Semen Up aún hoy asombra por su capacidad para describir imágenes de lo más paranoicas, rascando la alfombra en busca del blanco amor.

Y como toda revolución, Oktubre tiene temas que marcan ideas concretas. Divina TV Führer es, simplemente, una declaración de principios, una patada a la caja boba que nos come la cabeza.

Motor-psico es el tema hermoso del disco. La voz del Indio con novedosa mezcla y un tono casi de súplica. Un susurro muy especial que traía un presagio: de la nada a la gloria me voy.

Jijiji nació y morirá himno. Hoy cierra los recitales del Indio y ayer cerró los de Patricio Rey, pero en sus comienzos tuvo más que ver con el relato de oscuras vivencias personas que con un hit fiestero a pura polenta.

Entre tanta ciudad bombardeada, quien ve pasar los misiles sobre su cabeza es el personaje de Canción para naufragios. Se trata quizás del tema más oscuro del álbum, con las guitarras pretendiendo que todo el paisaje de guerra sea irreal, y haya otro camino además del naufragio.

Y Oktubre no se podía despedir de otra manera que a todo trapo. Ya nadie va escuchar tu remera pide a gritos que nadie secuestre nuestro estado de ánimo, con recuerdos todavía frescos de la noche más negra de nuestra historia.

Oktubre dio en el centro nervioso de una generación que se vio vislumbrada por una modernidad oscura y dolorosa, lejos de las luces del jet-set que mostraban un futuro artificial. Sus imágenes y sus canciones fueron influencia para una ola nueva que vendría en los noventa.

Los redondos, con este disco a la cabeza, son la nave insignia de miles de chicos desangelados víctimas de promesas incumplidas. El ícono social y cultural de dos o tres generaciones marcadas a fuego por una guitarra filosa y una voz que grita fuerte lo que nadie quiere oír. 

Vaya nuestro humilde homenaje a Los Redondos y a Oktubre, una de las grandes obras de nuestra música.

AY DE MI, AY DE VOS, AY DE TODOS...



Nada volverá a ser lo mismo. Volaron por el aire muchas sonrisas que encontraron la muerte en un callejón que un día no tuvo salida. Hace más de 4 años todo cambió para siempre.


La justicia se expidió. El dolor no se va. Y la esperanza de que cambien las cosas tampoco.


Tiene que ponerse en juicio el sistema que permitió todo esto. La corrupción, la negligencia, el “lo atamos con alambre”, la falta de control. Empresarios y bandas irresponsables hay miles por toda la Argentina, policías corruptos muchos más, lugares habilitados sin controles también. Funcionarios tan ineficientes como incapaces y siniestros forman parte también de una bomba que explotó el 30 de diciembre de 2004.


Y la cultura y la idiosincrasia del rock de acá, por supuesto, también es parte. Miles de chicos y chicas en actitudes que escapan a la razón. Un Estado que no controla, no previene nunca, reprime siempre. La marginalidad, la desafiante cultura del rock y el barrio, de la fiesta.


Son muchas las causas de esta tragedia que nos duele a todos. Pasó el juicio, sigue la caza de brujas, pero nunca se debatió sobre el sistema perverso que puso a tantos chicos al filo de la cornisa una noche cualquiera de verano. Lo hacía siempre, y lo sigue haciendo. Pero una noche cayeron demasiados y el ruido lo escucharon todos.

Hay víctimas y victimarios, hay culpables, hay responsables y hay inocentes. Lo que no hay es voluntar de cambiar las cosas. Hay un Cromañon a punto de explotar en cada barrio.