miércoles, 30 de septiembre de 2009

DISCOS DEL CARAJO III: CLICS MODERNOS



Por Facundo Bianco

Fines de 1983. Una dictadura destrozada y en plena partida dejaba cadáveres apilados, uno a uno, con una última jugada que le valió la mayor cachetada al Proceso: la guerra de Malvinas.

En Nueva York, mientras tanto, un tipo de talento inigualable y bigote bicolor, grababa y mezclaba un disco que él sabía, mejor que nadie, que se convertiría en ícono inmediatamente. “Me fui a Nueva York y grabé un discazo”, dijo.

Charly García. Carlos Alberto García Moreno. El de Sui, el de La Máquina, el de Serú. El solista que ya había deslumbrado a todos con dos discos hecho uno: Pubis Angelical y Yendo de la cama al living. El primero banda de sonido de una película y el segundo dueño de temas entrañables como No bombardeen Buenos Aires, que pintaba bastante lo que pasaba en Argentina y en Malvinas.



Pero volvamos a 1983. A Buenos Aires, a Nueva York. Ese disco que Charly presagiaba como un discazo, era nada más y nada menos que Clics Modernos, el homenajeado de hoy en Esquivando el Éxito.

Desde la concepción, este es un disco especial. ¿Saben dónde fue grabado? En los estudios Electric Lady, creados por Jimy Hendrix, en aquella ciudad del norte durante 1968.

García fue acompañado por su amigo de siempre, el genial Pedro Aznar en bajo, y dos músicos norteamericanos: Larry Carlton en guitarra, un increíble músico de jazz que grabó absolutamente con todos, y Casey Schverrell dándole a los parches.



Moderno desde el primer tema, Clics Modernos hace un repaso que va del ritmo fiestero a la densidad de tangos hechos rock, con una poesía inimitable. Aunque no todo eran mieles, ya que el disco no fue del todo bien recibido por un público poco acostumbrado al pop y a músicas bailables, que no por eso conllevan la falta de compromiso social.

Arranca bien arriba, con un rockito potente que anticipa lo que se viene en el resto de los temas. Se llama Nos siguen pegando abajo (pecado mortal), y entre palmas y punteos bien llevados, va relatando una historia de tipos de grises que seguían dándole abajo a una sociedad harta de violencia.

Sigue, quizás, el mejor tema del disco. Un tango lleno de ritmo, una batería seca y un bajo que puntea bien fuerte se unen en una pieza mientras Charly cuenta las sensaciones de aquellos que estaban volviendo del exilio, los olvidados.

Dos, Cero, Uno (Transas). Percusión, coros y piano. Nada más y nada menos. Una humorada a lo que la opinión pública pensaba de este rockero trastornado que la iba de acá para allá llenando estadios. “No se alquiló ni un guarda espaldas negro, no era Lenon ni Rucci”, una frase casi en joda que pinta un poco ese pensamiento.

El cuarto tema es Trapos Nuevos, y se pone nuevamente potente. “Aunque cambiemos de color las trincheras, y aunque cambiemos de lugar las banderas, siempre es como la primera vez”. García tiene todo claro, como si supiera que va a pasar. Alguna vez dijo “la mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá”. Y quizás haya algo de eso.



Bancate ese defecto se caga de risa en la cara de la gente superficial. “Aunque te arregles las gomas nena, seguirás siendo rara”. Charly miraba desconfiado todo el boludeo post dictadura, y gritaba fuerte que “Están pasando demasiadas cosas para que todo pueda seguir tan normal”.

El hit. El tema número 6 del disco. Un pop modernoso con vientos y un corito que se vuelve insoportable. “Estoy verde, no me dejan salir” gritaba Charly, casi pidiendo ayuda. Un poco de baile antes del tema más oscuro del disco.

Los Dinosaurios. García demostrando sus dotes musicales, tanto frente al piano como frente al micrófono. Una denuncia bien concreta en épocas donde todavía desaparecían jóvenes a manos de milicos asesinos. Todos podíamos desaparecer, pero los dinosaurios indefectiblemente iban a desaparecer.

La canción más rara del álbum, una batería en plan de marcha sostenida por la voz de García y un piano muy particular. Un viaje de Sudamérica a Europa, el exilio de amigos y colegas que fueron dejando huellas en el mar. Una pregunta en tono de resignación: “¿Por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá?”

El disco cierra con un tema de amor, o de desamor. Como sea, Ojos de Videotape es una balada preciosa, densa, triste. Un mundo que siempre te dirá que es mejor mirar a la pared. Charly dejando sus penas en el piano y aullando. Un cierre perfecto para una obra que marcó una etapa del rock de acá.

Ni bien salió el disco, Charly juntó bajo su ala a los G.I.T., banda muy ochentosa al baterista Willy Iturry, al hoy productor y aún increíble bajista Alfredo Toth, Pablo Guyot en las cuerdas, Daniel Melingo y su saxo ochentoso. A ellos se sumaron Fabi Cantilo aportando coros, y un muy joven Fito Páez.



Este disco antológico fue presentado en cuatro noches a tope, el 15, 16, 17 y 18 de diciembre, en el mítico Luna Park.

Para mí, el mejor disco de Charly. Para todos, un documento histórico que no puede faltar en ninguna casa.

1 comentario:

  1. Gran informe, completo y esquivando los lugares comunes.
    Como símbolo de lo que García le aportó a la música argentina, este cd muestra que fue un tipo moderno en el amplio sentido del término. Innovador, arriesgado, comprometido poéticamente, músico increíble, argentinisimo y punzante. García estuvo ahí narrando la historia de nuestro país a su manera, manera que muchos tardaron en comprender, porque fue moderno antes de que muchos entendieran lo que eso signficaba. Este cd demuestra, como tantos otros, porque los que admiramos a García vamos a estar el 23 de octubre con él, diciendole que lo queremos mucho y que Argentina lo necesita de pie y sonriente

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