lunes, 26 de octubre de 2009

LAS PATAS EN LA FUENTE



Por Facundo Bianco

Hay que imaginarse, a la distancia, la cara de aquellas señoras escandalizadas, refugiadas tras las cortinas.

Refugiadas, pero por algún motivo probablemente atribuido al hipnotismo, pispeando, sin poder sacarle los ojos de encima a la procesión silenciosa.

Era la periferia copando el centro. Camisas desabrochadas, zapatos gastados y puños en alto. Era el pueblo.

Lejos del aparato litúrgico de estos tiempos, aquel día se generó una manifestación espontánea, quizás el primer grito en el cielo de la clase obrera argentina.

Pero vamos por partes, no nos adelantemos.

Un poco de historia:

Juan Domingo Perón había llegado al poder, junto con el general Edelmiro Farrel y un grupo de oficiales, a través de un golpe de Estado en 1943.

Desde aquel momento, fue nombrado secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación.

A través de importantes reivindicaciones y medidas para la clase trabajadora, Perón se ganó su lealtad. Como secretario de trabajo, dio numerosos aumentos de salarios, y generó proyectos que poco después se concretarían, como la Justicia de Trabajo, o el pago de las vacaciones y el aguinaldo.



Hasta entonces, el sindicalismo argentino permanecía desanimado por las propuestas de lucha de comunistas y socialistas, que hacía muchos años no tenían real incidencia en los trabajadores.

Este día que sería tan recordado, comenzó casi dos semanas antes, más precisamente el 8 de octubre de 1945, cuando el general Eduardo Ávalos pidió a Farrell que destituyese a Perón.

Dos días después, Ávalos fue nombrado Ministro de Guerra. Perón se despidió desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, previa autorización de Farrell que accedió a que el acto fuese transmitido por radio.

El 11 de octubre se convocó a elecciones para el 7 de abril de 1946. A las 23,00 hs., Perón partió en auto con Evita a una isla en el Delta, cerca de las Tres Bocas.

Al día siguiente, renunció todo el Gabinete militar. En la Plaza San Martín una multitud pidió la entrega del Gobierno a la Corte Suprema de Justicia.

En la madrugada del sábado 13, Perón fue detenido en el Delta, y luego trasladado a la cañonera Independencia, para finalmente ser recluido en la isla Martín García. El diario Crítica salió a la calle con el siguiente título en primera plana: PERON YA NO CONSTITUYE UN PELIGRO PARA EL PAIS.

El domingo 14, Perón le escribió una carta a su amigo el Coronel Mercante, en la que la que se manifestó preocupado: “Con todo, estoy contento de no haber hecho matar un solo hombre por mí y de haber evitado toda violencia. Ahora, he perdido toda posibilidad de seguir evitándolo y tengo mis grandes temores que se produzca allí algo grave... Le encargo mucho a Evita, porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me caso y me voy al diablo”.



También le envió una carta a Eva, en la que le pedía tranquilidad: “Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos... ¿Qué me decís de Farrell y de Avalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida...Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrell para ver si me dejan tranquilo y nos vamos al Chubut los dos....Trataré de ir a Buenos Aires por cualquier medio, de modo que puedes esperar tranquila y cuidarte mucho la salud. Si sale el retiro, nos casamos al día siguiente y si no sale, yo arreglaré las cosas de otro modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo que tú tienes ahora...Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia y se que el tiempo me dará la razón. Empezaré a escribir un libro sobre esto y lo publicaré cuanto antes, veremos entonces quien tiene razón”.

El 15 de octubre comenzaron las movilizaciones. En Tucumán algunos sindicatos declararon la huelga general, y esa misma noche hicieron lo mismo varios de Rosario, exigiendo la libertad de Perón. Los obreros de la carne de Berisso se movilizaron masivamente. Lo mismo ocurrió en Valentín Alsina, Lanús, Avellaneda y otras localidades del sur del Gran Buenos Aires. También al mediodía del 16 los obreros ferroviarios de Tafí Viejo, abandonaron los talleres.

El miércoles 16 era día de pago de quincena. El historiador Félix Luna relató: “Al ir a cobrar la quincena, los obreros se encontraron con que el salario del feriado 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción patronal. -¡Vayan a reclamarle a Perón!- era la sarcástica respuesta”.

Esa misma noche, se reunió el Comité Central de la CGT, y luego de un largo debate decidió declarar una huelga para el 18. El motivo del paro se expresó en una serie de puntos que incluía la libertad de los presos políticos, el llamado a elecciones, el mantenimiento de las conquistas obreras, etc. pero, significativamente, no mencionaban a Perón.

Un sector importante de la CGT, enrolado en los partidos Comunista y Socialista, identificaba a Perón con el nazismo y reclamaba su destitución, coincidiendo con la embajada norteamericana. Pero aunque la CGT no auspició la movilización, la declaración de huelga sirvió como impulsor para que varios sindicatos y los trabajadores en general, se sintieran avalados para las acciones a emprender.

Ese día, Perón alegó problemas de salud, y así consiguió que lo a trasladen al Hospital Militar, en el barrio de Belgrano, adonde llegó en la madrugada del 17.



Esa misma madrugada comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios, y de los barrios populares del oeste de Capital Federal. Fue muy importante el número de trabajadores que salió de Berisso, localidad cercana a La Plata donde había importantes frigoríficos, en la que estuvo muy activo a favor de la movilización el dirigente gremial Cipriano Reyes. Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos para luego marchar coreando consignas en favor de Perón por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal.

También llegaron importantes columnas de trabajadores, desde Villa Urquiza y San Fernando.

Inicialmente la policía levantó los puentes sobre el Riachuelo que son el paso obligado hacia la Capital para quienes provenían de la zona sur. Algunos manifestantes cruzaron a nado o en balsas hasta que, más tarde, los puentes fueron bajados. Algunas crónicas cuentan que la policía era favorable a Perón, que no obstaculizó la marcha e incluso algunos de sus integrantes intercambiaron expresiones de simpatía con los manifestantes.

Ávalos observaba a los manifestantes, y se negó a movilizar las tropas del cuartel de Campo de Mayo, como se lo pedían algunos jefes del ejército y el Ministro de Marina. Él confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola, pero al comprobar que, por el contrario, era cada vez más numerosa, accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tuvieron una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran y por otra parte el gabinete renunciaría en su totalidad y Ávalos solicitaría su retiro.

Esperando a su líder, los manifestantes se refrescaban los pies en las fuentes de la Plaza, imagen que se convertiría en todo un símbolo del movimiento nacional y popular más importante de Argentina.

A las 23hs, Perón llegó a la Casa de Gobierno y salió al balcón. La voz de Farrel, como una ironía de la historia, comunicó a la multitud: “Atención señores. El hombre que por su dedicación y su empeño ha sabido ganarse el corazón de todos: el Coronel Perón”.

Ante una multitud calculada en 300.000 personas, Perón agradeció la presencia de los trabajadores, recordó su labor en el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores y, finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente.

“Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores, y siempre he sentido una enorme satisfacción, pero hoy siento un verdadero orgullo de argentino porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de la conciencia de los trabajadores”, dijo Perón.



Hay un antes y un después de aquel soleado 17 de octubre de 1945, por varios motivos.

Como primera consecuencia, hay que destacar que la movilización popular forzó a Perón a retornar a la lucha política.

Luego de un corto lapso de descanso, y de casarse con Eva Duarte el 23 de octubre, Perón comenzó su campaña política. El sector de la Unión Cívica Radical que le apoyaba formó la UCR Junta Renovadora, a la cual se sumaron el Partido Laborista y el Partido Independiente, en tanto la organización radical FORJA se disolvió para sumarse al movimiento peronista.

El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones, en las que se impuso la formula Perón-Quijano con el 54% de los votos.

Nacía, de esta manera, el Peronismo, en tono con lo que pasaba en América Latina, donde los gobiernos de tinte populista comenzaban a liderar una era.

Nacía el Peronismo como movimiento y como partido. Lo cierto es que desde aquel no tan lejano 1945, a estos comienzos del siglo XXI, el Peronismo ha determinado gran parte de la suerte argentina. Se ha convertido en el factor de poder e influencia más grande del país.

Nació también la clase obrera organizada, con derechos y exigencias. Comenzó a tener real incidencia en la escena política. Millones de trabajadores de todas las actividades encontraron, en la CGT, de ahí en más puramente peronista, su nicho de protestas y reclamos. La conciencia de clase tomó fuerza, aunque la burocracia sindical terminó tan lejos de los trabajadores como antes de surgir el movimiento.

La historia es larga, y todo lo que sucedió en Argentina hasta 1974, año de la muerte de Perón, tuvo que ver con él. Invocándolo o no, en Argentina o en España, la presencia de Perón en cuerpo o espíritu siempre fue determinante.

La izquierda y la derecha se disputaron un lugar de privilegio en el movimiento, desde que la mal llamada Revolución Libertadora sacó a Perón del poder. Con su regreso a la Argentina, en 1973, la pelea se recrudeció. Los manejos de Perón para quedar bien con Dios y con el Diablo se hicieron evidentes y fracturaron definitivamente lo fracturado.

Y hoy, a varios años, se hace evidente que la derecha se adueño de la conducción del movimiento durante mucho tiempo.

Basta con contrastar los ideales que se reivindicaron aquel 17 de octubre, con el vaciamiento del Estado en los 90. El lugar que ocupó López Rega tras la muerte del líder, los 10 años de Menem, los Duhalde, los Ruckauf… todos ellos son exponentes de para donde se inclinó la balanza.

La dicotomía Peronistas vs. Anti Peronistas marcó el pulso de una época que terminó en tragedia. Y todavía continúa teniendo una incidencia increíble sobre el pueblo argentino. Los polos siguen siendo opuestos.

Cuesta encontrar propuestas que trasciendan al pro o al anti. Las alianzas coyunturales duran lo que duran las campañas, y se terminan ni bien se cuentan los votos de la mesa 45 de Comodoro Rivadavia. Hay Peronistas desperdigados por todas las listas, citando desde John Cook a la rata de los 90.

Hoy, a 35 años de la muerte del líder, como alguna vez dijo Ricardo Mollo: “Argentina naufraga por Perón.com”

Y eso no puede ser bueno.

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