viernes, 9 de octubre de 2009

UNA FANTOCHADA


Por Facundo Bianco

“Usted conoce Clarín”. Así arranca este comunicado del Grupo, de tono ameno y nacionalista. Sobre todo nacionalista, porque a lo largo del texto insiste una y otra vez con frases como “Apuesta al desarrollo integral de la Argentina”, o “Con una visión focalizada en el crecimiento del país”.

También se figura así mismo como un actor casi de resistencia nacional, con frases como “Creyendo importante preservar nuestro rol como actores argentinos, con la dimensión suficiente para competir sin diluirse frente a los conglomerados internacionales que llegaban al país”.

Y sigue en la misma línea, se muestra como un bastión de lo nacional, en un mundo globalizado, y en un país con fuertes influencias de culturas foráneas “Así fuimos conformando el Grupo Clarín. Una compañía de capitales argentinos”, continúa el texto.

El Grupo que ha lanzado numerosos spots publicitarios desde sus medios, cometiendo incluso el atropello de apoderarse de la palabra de personalidades fallecidas, de repente llama a “no forzar la polarización de un debate”, y sigue: “Desde nuestro lugar apelamos a la racionalidad. A que se proteja no sólo la seguridad jurídica sino nuestro derecho a seguir apostando en el país.”

El uso de las palabras no es casual. Cada frase, cada palabra, cada letra tiene su razón de ser en este comunicado, puramente estratégico. Un último manotazo de ahogado en la disputa por la famosa “opinión pública”. Se protege cuando dice que “genera empleo calificado y configura una importante industria cultural”.
Lo del empleo calificado parece un chiste, cuando su planta de empleados permanentes es cada vez menor, y se nutre de pasantes que solo utiliza para escribir notas que se asemejan más al marketing que al periodismo.

Se victimiza Clarín, cuando dice que “está siendo estigmatizado con intenciones políticas”. Lo que no dice, es que el Grupo se alejó hace tiempo ya del rol meramente periodístico, y hoy conjuga un factor de poder y generador de opinión inmenso.

La defensa, el tiro desde la trinchera. Clarín juega al mentiroso sin siquiera inmutarse, y simula una inocencia empresarial que parece una broma de mal gusto. “En ninguna de sus actividades el Grupo Clarín es un monopolio”, dice el comunicado, y sigue: “De hecho, el mercado argentino de medios es uno de los más diversos del mundo. Y Clarín actúa en cada segmento compitiendo intensamente. Nos gusta la competencia. Nos estimula y estamos acostumbrados a ella”.



En el mismo eje gira una y otra vez este comunicado que el Grupo pensaba leer en el Senado. Con habilidad, se compara con individuos comunes y otra vez se erige como el guardián de lo nacional: “En Internet, cualquier persona puede distribuir contenidos. De los sitios más visitados del país, Clarín.com ocupa el puesto número 10. Los anteriores no son argentinos. Estamos orgullosos de sostener esta presencia en un espacio donde lo nacional suele caer en la insignificancia”.

Se trata, lisa y llanamente, de un manotazo de ahogado, de una declaración de principios falaz. Se ampara en su tropa de voceros actual, y en periodistas que trabajaron en sus filas hace tiempo ya, cuando Clarín no era lo que es hoy: el dueño y creador diario de la agenda nacional.

“Clarín ha invertido siempre en la Argentina con una misión central: el periodismo y los medios de comunicación. Por eso tenemos los equipos de periodistas más numerosos y premiados del país. Por eso, muchos de los profesionales más prestigiosos han surgido de nuestros medios o eligen trabajar en ellos. En 1995, cuando se constituyó como tal, el Grupo se definió en esta actividad. No nos dedicamos a otra cosa. Clarín tiene medios porque esa es su razón de ser. No los tiene para otro fin”.

¿Periodistas prestigiosos como Van der Kooy, Bonelli, Morales Solá o Silvestre? ¿Tipos cada vez más cercanos a las operaciones y la defensa de intereses ajenos, que a su actividad periodística?

La defensa se vuelve más férrea, siempre rescatando su origen nacional y su apuesta de inversiones locales. Destaca a Canal 13 como el “único que no se vendió, que apostó siempre a la producción nacional”.

Insisto: no es casual que el comunicado prefiera destacar, en forma casi ficticia, la identidad de empresa nacional, a discutir, por ejemplo, sobre los procedimientos a través de los cuales se quedó, por ejemplo, con Canal 13. Un contrato firmado durante la década menemista, que permitió, entre otras cosas, la extensión exagerada de licencias.

Desde el inicio de la discusión, Clarín y su batería mediática en todos los formatos, han insistido con mentiras sobre la nueva Ley de Medios, que parte grande la opinión pública ha ido naturalizando y haciendo parte de su discurso.

“Sin razón técnica alguna, el proyecto de Ley de Medios pretende limitar o silenciar esas voces. ¿Eso es promover la diversidad?”, dice el comunicado, en lo que es directamente una mentira. Otro ejemplo de este plan de difamación de falacias por todos los medios, es la siguiente frase: “La paradoja es que en varios aspectos, este proyecto se emparenta con la vocación de fragmentar y controlar que tenía la ley de la dictadura”.

De repente, el Grupo Clarín aparece como una excepción de la lógica del empresariado argentino. Se para de manos frente a las acusaciones y cuando se lo cuestiona por la fusión de Clablevisió y Multicanal, dispara: “Nadie nos regaló nada. En 2006 adquirimos el 60% de Cablevisión, lo que permitió que una compañía extranjera vuelva a ser argentina”.

Su mirada egocéntrica llega al punto de sentirse el único grupo de comunicación posible, el dueño de una pelota que deberían tener todos: “Los países del mundo y de la región acompañan a sus grupos de comunicación. No parece ser la intención hoy en la Argentina”, dice el texto, mirándose el ombligo.

La mirada sobre los sucesos pretende ser inocente, lo que hace más evidente su postura, ante la pérdida del poder que supo amarrocar durante años de una ley impuesta por la última dictadura: “No estamos en guerra con nadie. Aunque nos ataquen seguiremos contando lo que entendemos le pasa y le interesa a la sociedad. Eso quizás molesta”.

En una guerra que nadie niega, Clarín se hace el desentendido y pone los ojos llorosos: “En los últimos meses, se ha emprendido una batalla contra un grupo periodístico nacional (...) Una campaña direccionada a Clarín pero que lo excede como destinatario. Y que revela un objetivo muy claro: desacreditar a los medios de comunicación como contrapeso en la democracia”.

Según el comunicado, el Grupo Clarín coincide en que es necesaria una nueva Ley de Medios, pero aclara que la que está pronta a salir “pregona la democratización pero consagra un poder discrecional sobre los medios. Además busca atomizarlos y debilitarlos. Para que no se escuchen y dependan de las dádivas oficiales. O directamente para acallarlos”.

La desconcentración de medios, parece ser para Clarín un intento por debilitar o acallar todas las voces. Piensan con la billetera, no con la cabeza. Y tienen la delicadeza de emparentarse con el ciudadano medio, buscando complicidad en la maleable clase media: “Desde Clarín seguiremos trabajando, como siempre, en comunicar a los argentinos en su mismo idioma”.

Así cierra este panfleto, fechado el 4 de octubre y difundido por todos los medios de la órbita Clarín. En una contradicción, que por un lado difiere del tono general del texto, y por el otro guarda el anonimato de quienes se están arrancando los pelos por el fin del negocio, la firma del comunicado solo lleva el nombre del Grupo.

1 comentario:

  1. Muy buena nota
    Clarín no sólo miente en lo que está acá mencionado, sino que se muestra como empresa nacional cuando tiene un 30% de capitales estadounidenses ( en los papeles,pero se sabe que es más del 30%, se habla de un 40%).
    Si la ley de la dictadura no se hubiese tocado y se hubiese respetado, Clarín no podría meterse en la radiodifusión por pertener al periodismo gráfico. Fue la famosa reforma del estado, con las siniestras consecuencias que todos sabemos, la que le permitió meterse...fue el gobierno de menem el que le permitió tener hasta 24 licencias.
    Clarín miente, y lo que es peor para el propio grupo es que rompio una complicidad de lectura con su públcio: mostrarse "objetivo" y sin ideología
    saquémonos las caretas: en todo está la política, la ideología y el poder.
    en esta lucha de poder, cada uno muestra sus garras y clarín las viene afilando hace rato
    L

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