viernes, 27 de noviembre de 2009

ARTE Y COMPROMISO



 Por Juan Ignacio Apogliessi

 Para muchos considerado como el máximo representante del arte mexicano, Diego Rivera realizó una obra inmensa, tanto en cantidad como en calidad. Su brillante personalidad, su gusto por la polémica, además de su talento como pintor, lo volvieron un personaje reconocido en el panorama cultural y político de México, y del mundo, desde los años veinte hasta hoy.

Diego Rivera nació en Guanajuato, en 1886 y a los pocos años, ya se había instalado en la ciudad de México. Ingresó de muy jóven en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde obtuvo una sólida formación como dibujante y pintor.

Sin embargo, en su juventud había un talento innato, no solo artístico sino reflexivo que lo llevó a conductas, por demás pintorescas.

Solo tenía seis años cuando, por simple diferencias ideológicas con la iglesia, causó el espanto de todos los presentes en una iglesia al recomendarle a una señora que no gaste sus súplicas en las imágenes que habían contribuido a la subordinación de indígenas y obreros.



El innegable talento artístico de Diego junto a la conciencia política heredada de su padre, contribuyeron a la formación de un artista comprometido, un artista dedicado a su dar a conocer las dificultades de su pueblo a través de su virtud artística.

Tal era la particularidad de su niñez que dedicaba sus pasatiempos a pescar y mirar a los indios que acarreaban sus vegetales por el río. Nada sorprendente si uno conoce la crianza que Diego recibió de sus padres al verlos, durante toda su niñez, tan comprometidos con las situaciones que el mejicano común soportaba.

Las primeras obras expuestas por Rivera están profundamente marcadas por las enseñanzas del paisajista José María Velasco, uno de su maestro tanto ideológico como artístico.

Rivera viajó por todo Europa, pasando por París, Brujas y Londres y es justamente en Brujas donde conoció a la pintora rusa Angelina Beloff, su primera esposa.



Después de un breve viaje a México, en 1910, Rivera se instaló en París con Angelina. A partir de ese momento, Rivera se dejó influir libremente por las corrientes de vanguardia que descubrió en el viejo continente.

Se acerca a grandes personalidades, como por ejemplo Pablo Picasso, poniendo su arte en alto, a tal punto que, refugiado en España durante la Primera Guerra Mundial, presentó lo que hoy se conoce como el cubismo al público español.

En esta época, Rivera ya creía que el arte debía contribuir al proceso de habilitar a las clases mas desprotegidas para entender sus propias historias, refundando el papel de lo que el consideraba un artista en una sociedad. El artista era un nutridor social.

En 1915, vuelve a Paris y, después de una polémica ideológica con algunos artistas franceses que no estaban de acuerdo con la ideologización del arte, abandona su labor allí. La revolución bolchevique ya había sido fundamental en la formación ideológica de Rivera.

Italia, en 1920, le da un giro a su vida artística al acercarlo al muralismo, un estilo que lo adoptará como uno de sus grandes exponentes. Al descubrir los frescos italianos del quatrocento, Rivera concibe la posibilidad de pintar obras monumentales.



En 1922, vuelve a Mejico y Rivera inicia su primer mural en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, en la ciudad de México. Esta obra revela la gran influencia de la pintura italiana. Sin embargo, Rivera no tarda en refundar el estilo y logra conformar un tipo de pintura mural que lo diferenciaría del resto de los exponentes.

Miembro del Sindicato de Pintores y fundador del Partido Comunista Mexicano, Rivera se entrega casi de lleno a las actividades políticas, llevando adelante procesos de acercamiento más igualitario del arte a las clases que, por cuestiones de nivel económico, no disfrutaban de el.

En 1929, comienza una época de represión política intensa en México a finales de la década de 1920, que obliga a que Rivera se deba ir a pintar en los Estados Unidos. Viaja entonces con su tercera esposa, Frida Kahlo, toda una historia en si.

En Norteamérica Diego Rivera dicta conferencias en Los Ángeles y realiza allí un mural en la Escuela de Bellas Artes. Poco después, contratado por Henry Ford, prepara los murales del Detroit Institute of Art, quizás su obra mural de mayor envergadura, en la que exalta los valores de la civilización técnica del siglo XX.



Al finalizar esa obra, Rivera se encuentra en Nueva York para pintar un gran mural en el hoy conocido Rockefeller Center, entonces en construcción. La inclusión en el mural de un retrato de Lenin frena la obra y ante la constancia ideológica del artista el mural fue destruido (aunque Rivera lo volvió a pintar en México, en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes) en 1935.

Sus murales ya eran, sin dudas, fuente de inconfundible compromiso político que no cedía en ningún momento.

Antes de abandonar Nueva York, Rivera pinta todavía una serie de paneles en una escuela para obreros de filiación trostkista.

Su participación política no se limita a declaraciones en la prensa: militante de la IV Internacional (trotskista), invita a León Trotsky a su propia casa. Muchos describen una conversación entre estos dos personajes donde Trotsky le pregunta si le molestaría que tome un vaso de agua, a lo que Diego Rivera le contesta: “Si tomaras toda el agua de Méjico, aún así no sería una molestia”.

Enfermo y depresivo, un ataque cardíaco lo despide del mundo en 1957.

Genio, para quien disfruta su arte. Y genio para quien disfruta de su necesidad de no darle la espalda al ciudadano común. Eso fue Diego Rivera.


lunes, 23 de noviembre de 2009

DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Un oyente que prefirió conservar el anonimato, le cazó el piné a nuestro querido Alba tan rápido como duró el aluvión triunfalista de Vivas en Racing.

Muestra de su capacidad de interpretación, nos envió una foto de alguna noche cualquiera, donde Matías José es protagonista de una de sus tantas dicotomías.


sábado, 21 de noviembre de 2009

LEÓN GIECO, UN REY EN NUESTRA SELVA



Por Juan Ignacio Apogliessi

Recordar que hacíamos cuando solo teníamos 8 años, puede ser tan difícil como aburrido.

Sin embargo, esa es la edad en que un tal Raul Alberto Antonio Gieco se compró su primer guitarra dejando de ser ese tal para ser, como hasta hoy, León.

Nacido el 20 de noviembre de 1951, León Gieco no recuerda nada de su vida en el norte de Santa Fe que no se relacione con la música.

Ya sea mediante el folklore o mediante el rock juvenil que forjó en su primer grupo, los moscos, León llegó a Buenos Aires en busca de su sueño: Ser un músico conocido como Bob Dylan.

Gracias a la suerte o quien sabe que, cerca de los años setenta ya había hecho migas con el ambiente rockero. Litto Nebbia y Gustavo Santaolalla encontraron en León un partener de lujo.

Con ellos León fue haciendose conocido en la capital argentina, a tal punto de llegar a ser telonero de Moris, al ritmo de uno sus primeros éxitos, como “Hombres de Hierro”.



No tardó en sacar su primer disco, y para el 73, “El Pais de la Libertad”, de a poco se convertían en un himno.

Como si fuera poco, solo un año pasó hasta que León saca su segundo trabajo, “La Banda de Los Caballos Cansados”, donde el cantautor deja entrever su creciente interes por las raices de nuestra tierra y comienza a alzar la voz frente a las injusticias reinantes.

“Intento reflejar mis preguntas, mis salidas y mis angustias”, comentaba en una nota cerca del 75, exteriorizando su constante compromiso social encarnado de su poetica musical por el que aun se lo reconoce.

De todos modos, su camino comprometido no dejó afuera trabajos de gran valía para la historia de la musica de nuestro país.

PorSuiGieco fue sin dudas un ícono. Charly Garcia, Raúl Porchetto, Nito Mestre y Maria Rosa Yorio, pavada de nombres al lado de Gieco para sacar el disco homónimo en 1976, un año en que, como muchos, León comenzó a sentir el acoso de quienes se inquietaban por lo que no se callaban.

Sin dudas, es una muestra de la persecución que condenaría a León a un exilio en Los Angeles, la forma en que “El fantasma de Canterville” sale al mercado, con letras modificadas por obligación y hasta con temas completos sustraídos del trabajo original que después dejaron la clandestinidad para formar parte del repertoria más profundo de Gieco.



Los Angeles esperaban a un León abatido por la persecución, luego de una gira que lo hizo conocido en America Latina.

Sale el “Cuarto Long Play” y la historia de Gieco suma un himno más: “Solo Le pido a Dios”, un tema que no iba a formar parte del disco y que por el mismisimo Charly Garcia, León lo incluyó.

“Siete años” en el 80 y “Pensar en Nada” en el 81 funcionaron como el preámbulo perfecto para que León cumpla uno de sus sueños: Recorrer el país cantando.

“De Ushuaia a La Quiaca” fue mucho más que 450 presentaciones en todas las provincias argentinas, 110 mil kilómetros recorridos en tres años y conciertos frente a mas de 500 mil personas.

Este disco fue sin duda, su obra maestra. Porque por el simple hecho de llevar a un disco todas las melodías con la que cuenta cada rincón de nuestro país, estos tres CDs, luego transformados en cuatro, forman un mapa musical argentino.



Sixto Palavecino, Cuchi Leguizamón, Leda Valladares, entre otros, participaron de este gran viaje inmortalizado en estudios móviles donde León y sus músicos grababan, editaban y hasta dormían.

En 1987, León se presentaba ante 40.000 personas en el Monumento a la Bandera de Rosario y, al día siguiente, reune a 35.000 espectadores para otro concierto gratuito en Barrancas de Belgrano. El estadio de Boca fue escenario del show que brindan León, Pablo Milanés y Chico Buarque, con invitados como Mercedes Sosa, Fito Páez, Nito Mestre, Baglietto y Sixto Palavecino, ante 20.000 personas.

Hasta aquí, los recitales de León Gieco tenían un modus operandi que se repetía presentación a presentación. Música, ideología y laburo social se juntaban en sus shows, donde nunca faltaban stands de venta de merchandising enfocado pura y exclusivamente para la ayuda a diversos organismos y comedores comunitarios.

Su creciente fama mundial lo lleva a países tan dispares como México, Costa Rica, Venezuela, Bolivia, Brasil, Perú, Suecia, Alemania y Dinamarca. Sin dudas, León ya era un artista internacional, tal como lo demuestra la presentación en el cierre de la gira de Amnesty International, en el estadio de River Plate, en octubre de 1988, junto a Charly García, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Sting y otros. Cantó solamente dos temas: "Hombres de hierro" y "Sólo le pido a Dios", ambos coreados por los 70.000 espectadores presentes.



"Semillas del corazón" (1989) marca el retorno a los estudios de grabación "convencionales", tras ocho años de giras.

Ya en los 90, “Mensajes del Alma” le da vida a otro himno: “Los salieris de Charly”.

Desenchufados y orozco, mezclaron ironía y canciones terriblemente comprometidas. Si ir más lejos, “El embudo”, grabado, entre otros, junto a la Negra Sosa, Ricardo Mollo, Ricardo Iorio y hasta Chizo de la Renga, un homenaje protesta de la situación de saqueo de la Patagonia Argentina.

El compromiso politico social del cantautor no cesó y sus trabajos siguieron mostrando en alto sus pensamientos sobre las madres del amor, sus deseos de responder de igual a igual al capitalismo extranjero y su necesidad de no perder la memoria. Bandidos rurales dio cuenta de ello.

El vivo de León sirvió solo para revivir los clásicos con la calidez de los recitales, pero con el lanzamiento de “Por favor, perdon y gracias”, León volvió a ser noticia por las polémicas que desató su canciones de apoyo a Romina Tejerina y al Pato Fontanet, procesados por reconocidisimas causas en las que León, como marca su historia, no escondió la cabeza.

Compilados, homenajes a otros y hasta homenajes a el, marcaron los últimos años artísticos de León, pero la frutilla del postre fue la producción de la película “Mundo alas”, un film que muestra una gira hecha por el cantautor y un grupo de artistas con algún grado de discapacidad que reivindica la igualdad y la necesidad de darle lugar a aquellos que muchas veces son excluidos de nuestra sociedad.



León es, sin dudas, un ícono en la música nacional. No por su virtuosismo musical ni por ser portador de una voz para el recuerdo.


Tan solo es una pieza clave para desentrañar nuestra historia contada por medio de melodías bien nuestras y letras que gritan lo que muchos quieren gritar.

Comprometido con la beneficencia para quienes lo necesitan, como fiel característica de sus recitales, y de sus canciones que entrelazan fervor y protesta, Leòn Gieco ha sabido ganarse un lugar en la memoria de todos, esa que debemos ejercitar día a día para ser, como el mismo León dice, Libres como el viento.

jueves, 19 de noviembre de 2009

DISCOS DEL CARAJO V: ENEMIGOS ÍNTIMOS



Por Facundo Bianco

Como si se tratase de una recia zaga central, o una virtuosa dupla goleadora, este binomio artístico permanecerá por siempre en la vitrina de los grandes cantautores de lengua hispana.

Tiene su lugar ganado en el recuerdo, en la historia de nuestra música, pese a haber durado lo que duró: tan sólo unos meses.

Páez y Sabina, Fito y Joaquín. Esta es la dupla inolvidable que hoy homenajeamos en Esquivando el Éxito.



Rosario y Madrid, Argentina y España. La unión de dos mundos tan lejanos y cercanos a la vez, se produjo hace más de 10 años, allá por 1998. Por este lado del hemisferio comenzaba a hacerse insostenible la fantasía menemista, y la selección de Pasarella perdía en cuartos contra la naranja de Berkgamp.

En España, mientras tanto, El Barca de de Rivaldo y Luis Enrique conseguía su 15 título. Aznar comandaba la nave ibérica con poca suerte.

Enemigos Íntimos, la placa que hoy recorremos, encontró a dos grandes artistas en caminos tan opuestos como paralelos.

Por un lado, se ha convertido en costumbre, en la carrera del madrileño Sabina, editar trabajos con otros artistas. Por ese entonces era su decimotercero disco en conjunto con algún otro músico, como Alberto Pérez, Javier Krae, y el grupo español Viceversa.

De hecho, en el 2007 fuimos testigos de su trabajo junto a Joan Manuel Serrat, coronando la gira “Dos Pájaros de un Tiro” con un espectacular concierto en la Bombonera, en diciembre de aquel año.

Pero Fito, pese a haber trabajado con diferentes músicos, sólo registra una sola grabación junto a un colega, hasta la llegada de Enemigos Íntimos. Su compañero en aquella oportunidad fue el flaco Luis Alberto Spinetta, con quien grabó La La La en 1986, una inolvidable obra que tiene el tema Tres Agujas como fiel exponente.



La idea de juntar a estos dos artistas no parecía cercana. Todo hacía prever que sería Calamaro el acompañante de Sabina, después de que el madrileño fuese el acompañante de honor de Los Rodríguez, durante una extensa gira por toda España.

Pero no, fue Páez, quien no sólo tocó y compuso, sino que puso su estudio Circo Beat como escenario, y ofició de productor de la placa. Algunos invitados son las hermosas Blancablues, el Negro García López con su guitarra infernal, y el siempre Salmón Andrés Calamaro.

El disco consta de 14 canciones bien redondas, donde lo mejor surge de la mezcla de la poesía de Sabina y la melodía del rosarino.

Arranca con La vida moderna, un tema bastante más Páez que Sabina en lo que refiere a la música, bien arriba con el rosarino gritando sin pudor.

Sigue Lázaro, y las revoluciones bajan de mil a cero. Sabina susurra y le pide a Lázzaro (nada que ver con Leandro), que se levante y ande, de una vez por todas.

El tercero es EL tema. No solo por ser el único corte de difusión que tuvo este accidentado disco, sino por ser una canción redonda por donde se la analice. La poesía de Sabina se mezcla con impecables arreglos de Fito, aparecen las Blancablues con sus coros incomparables, y estos dos atorrantes invitar a empaparse de agua, música y poesía. “Cuando se acuestan la razón y el deseo… ¿Qué pasa? Llueve sobre mojado”.



“Cada cual por su lado”, se cantan Fito y Joaquín, como adelantando el futuro. Sigue Tengo una muñeca que regala besos para mover las caderas al ritmo de los tamboriles.

Quinto tema, Si volvieran los dragones. Paréntesis para una gran canción, que nos deja un interrogante en la voz áspera de Joaquín: “Si aprendiéramos a amar como animales, si quedara tiempo que perder, si bailaran rocanrol los generales, si cantara el gallo rojo…”.

Todo es esperanza, o una declaración de principios, una búsqueda incansable para fugar de tanto vértigo moderno y progreso material. “Si reinara en el 2000 la imaginación…”. Vamos por el 2009, y todavía no volvieron los dragones…

El sexto tema amerita un babero para el de rulos. Cecilia es un hermosa canción dedicada por Fito para su pareja de entonces, Cecilia Roth.

Rocanrol con Delirius Tremens. Batería al palo, y guitarra criolla rasgando el alma de esta dupla enajenada.

Continúa Yo me bajo en Atocha, un clásico del madrileño, y pegadito suena Buenos Aires, tema número nueve, en contraposición (o no) al retrato musical que hace Sabina sobre su ciudad.

El dúo se hace trío con un invitado de lujo. Andrés Calamaro canta Más guapa que cualquiera, y se suma a estos dos para cantarles a las mujeres, a todas ellas.

Flores en su entierro, y la rockera ¿Hasta cuándo?, anteceden al último tema del álbum. La canción de los buenos borrachos oficia de resumen a la amistad de estos dos trastornados, nacida en los bares y al resguardo de la noche bohemia. Una despedida pirata de brindis exagerado.



Como dos estrellas de rock con inmenso ego y rencillas de conventillo, Joaquín y Fito se pelearon. Se desconocen los motivos, pero como consecuencia de ese enfrentamiento se canceló una importante gira que llevaría a esta pareja alrededor del mundo. Más allá del sentimentalismo del fan, cerca de 70 shows por diferentes países suponían una ganancia millonaria para artistas y organizadores, finalmente truncada.

Sabina difundió un poema que escribió para Fito tras la pelea. Fito lo acusó de ser “como una novia borracha”, y así siguieron las agresiones y los entredichos.

“El rol del patito feo, no me va te lo aseguro, y menos el de hombre duro, que a ti te cuesta tan poco”, recitaba Joaquín en la mencionada carta.



“Ven cabrón, que estoy tocando aquí”. Esa frase escribió Sabina en una servilleta, durante su visita a Buenos Aires en 2007, y se la envió a Páez. Tras tantos años de alejamiento, esa fue la primera señal para que la amistad vuelva a consolidarse.

Fito fue, y cantó junto a Sabina y Serrat en ese concierto. "Siempre tuve un vínculo de muy buena leche con Joaquín. Las cosas se disparataron, pero la verdad es que fue muy sencillo recuperar la amistad. Con la gente de buen corazón, por supuesto, te agarras, como con toda la gente con la que convives; es parte del negocio de la vida". Palabras del rosarino, intentando explicar un poco la disputa.

Fito ya había intentado acercarse a su ibérico amigo, cuando le escribió una carta instándolo a "acabar con este melodrama de chilindrinas menopáusicas mareadas".

El romance terminó de instalarse, otra vez, cuando Joaquinito acompaño al canalla en la grabación de su último disco, “No se si es Baires o Madrid”. En el teatro De los Congresos de la capital española, ambos se cantaron “yo no quiero contigo ni sin ti”, mirándose a los ojos. Nunca mejor elegido el tema.



Enemigos Íntimos forma parte del inconsciente colectivo de unos cuantos, del corazón de muchos, aunque los shows nunca se hayan llevado a cabo, y quede un amargo sabor a poco.

La tapa del álbum describe esta relación bipolar, como un presagio de lo que iba a pasar, inexorablemente. Páez y Sabina: Pimienta y Sal.

“Amores que matan nunca mueren”, escribió Sabina y cantó Fito. La música los volvió a unir, y el atlántico se hace un charco cuando se juntan. Fueron, son y serán enemigos... pero íntimos, para siempre.

Disfrutemos de estos dos buenos borrachos, y de sus catorce caprichos hechos canción. A fin de cuentas... ¿Quién quiere un amor civilizado?


domingo, 15 de noviembre de 2009

JACOBO, EL FUNCIONAL



 Por Juan Ignacio Apogliessi

Nacido el 6 de enero de 1923 en el seno de una familia judía ucraniana, el periodista y escritor Jacobo Timerman llegó a la Argentina en 1928 para instalarse definitivamente en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Once.

Ya desde muy joven, se vinculó al periodismo y formó una trayectoria que incluiría colaboraciones a la revista “Correo Electrónico” y a diferentes diarios, como “Noticias Gráficas”, “La Razón”, “El Mundo” y “La Nación”. Además de alguna participación televisiva en “¿Qué pasó en siete días?” que lo convirtió en ganador de un premio Martín Fierro.

Sin embargo, su época de más influencia empezó en el 62, cuando fundó el semanario Primera Plana. De diseño europeo, como muestras de su gran habilidad para adaptar metodos extranjeros en los medios locales, la revista tuvo un contenido de análisis y comentario de la información que atrajo la atención de los sectores políticos e intelectuales, basado en un estilo irónico que, quizás, rendía oculto tributo a la forma de decir las cosas que utilizaba Jorge Luis Borges.



Alejadísimo del peronismo y hasta prohibido en sus presidencias, sus trabajos fueron producto de una época de polémicas y de nuevas vanguardias artísticas. Críticas a la democracia contemporanea, y belleza literaria, eran las formas en que los medios de Timerman traducían sus ideas, en tiempos en que desde Primera Plana emergieron las más grandes críticas al gobierno de Arturo Illia, derrocado tiempo despues por fuerzas militares que el propio Timerman originariamente defendió, como muestra de sus ideales ambivalentes y por lo tanto, poco éticos.

Sus publicaciones, tal como el lo cuenta, contó con autores que combinaban pensamiento y poesia, pluma y reflexión. Por sus ediciones pasaron personajes que iban desde Tomás Eloy Martinez a Mariano Grondona y de Juan Gelman a Horacio Verbitsky.

Tiempo despues funda “Confirmado” y para 1971, el periodista sumaría una nueva creación: el diario “La Opinión”, que fue expropiado en 1977 y clausurado por la dictadura militar.


Ese mismo gobierno asesino realiza el secuestro de Timerman en la madrugada del 15 de abril del 77, siendo, como tantos otros, ferozmente torturado y mantenido desaparecido durante un mes, en los centros clandestinos de detención llamados Puesto Vasco y COTI Martínez, para luego ser encarcelado en su domicilio hasta que decidieron expulsarlo del país. ¿La causa de la detención de un personaje no tan opositor al regimen? Timerman había sido acusado concretamente de haberse asociado con el banquero David Graiver, a quien se acusaba a su vez de administrar los fondos de la organización terrorista Montoneros.

Pese a su suplicio, esta época habia sido el escenario de una gran contradicción en el discurso de Timerman. Su decisión de publicar los habeas corpus de los desaparecidos en la tapa de La Opinión chocaba a la vez con su aceptación inicial del gobierno del dictador Jorge Rafael Videla, como ya habia sucedido con el golpe de Onganía, a quien consideraba literalmente como un “blando” en un mar de fascistas.

Por otro lado, se contraponía su defensa de los derechos humanos con su denuncia a lo que el llamaba “los dos terrorismos, el de derecha y el de izquierda, ya que defender sólo uno era, para el, ponerse del otro lado”.

Claro que el papel de todos los medios en general, en ese tiempo, fue, cuanto menos, vergonzoso, ya sea por miedo o intereses tutelados con el gobierno de facto.

Así no sorprendía que la mayoría de los medios de prensa mantuvieran una actitud casi indiferente hacia su posterior detención.

Quizás, fueron los colegas que Timerman supo conocer en sus experiencias periodisticas en el exterior quienes mantuvieron un rol decisivo en los medios para evitar su asesinato y forzar su liberación, que finalmente ocurrió en 1980.



Dos años después de recuperar su libertad, en 1982, refugiado en Israel, el periodista decidió contar sus padecimientos en los centros clandestinos a través de un libro, al que tituló “Preso sin nombre, celda sin número”. Una obra sin desperdicio que mezcló la más sincera demostración de dolor y la pluma de un ideneo, donde el mismisimo Timerman habla de como lo asustó ese mismo proceso que inicialmente defendía.

Más adelante escribiría “La guerra más larga; la invasión de Israel al Líbano”, “Chile, el galope muerto” y “Cuba: un viaje a la isla”, obras que fueron traducidas a varios idiomas.

En 1984, este periodista que fue premiado por la Federación Internacional de Editores de Diarios con la Pluma de Oro de la Libertad, dio su testimonio a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y, de esa forma, fue incluido en el famoso informe conocido como “Nunca más”.

Con la muerte de su mujer en el 91, empezó a vivir en La dacha, su lugar en Punta del Este, desde donde comienza a publicar sus memorias en la revista trespuntos en 1998 e inicia lo que fue su última obra en la que recuerda su niñez, la relación con su padre, las canciones socialistas que su madre cantaba en idish y su vida escribiendo todo lo que pasaba por su cabeza, tal como le pasaba por la cabeza.



Hombre de reconocida trayectoria periodística, Jacobo Timerman falleció el 11 de noviembre de 1999 en Buenos Aires, la ciudad que lo recibió siendo apenas un niño y que lo despidió.

Fue, para todo periodista que sienta un mínimo interés por esta profesión, un personaje digno de analizar.

Es una realidad que gran parte de los buenos o malos periodistas que existen hoy en la Argentina han trabajado o se han formado con él, en diferentes redacciones de medios gráficos como las revistas Primera Plana y Confirmado o los diarios La Opinión y La Razón. Esos mismos que lo recuerdan como un editor poderoso, brillante, influyente, despótico, algo contradictorio y arbitrario. Pero que nunca olvido autodefinirse como un icono de la Argentina.

Sin dudas, era un ideneo y enamorado de su profesión, pero también se alzó como un personaje que ambicionó con el peso político que podía obtener a través ella.

Querido y odiado, exponentes de los dos bandos coinciden en que era un psicótico de pluma reflexiva capaz de romper una nota en pedazos en medio de la redacción, gritando: Escríbala de nuevo.

Indudablemente, Jacobo Timerman dejó su marca como un inteligentísimo empresario de medios periodísticos, más allá de sus indefiniciones ideológicas que lo llevaron a defender inconstitucionales intervenciones militares, por conveniencia quizás. Esos mismos gobiernos de Facto que tiempo después, cuando pusieron en riesgo su propia vida, se ocupó de denunciar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

EL PENAL MÁS LARGO DEL MUNDO

Maravilloso cuento escrito Osvaldo Soriano, interpretado por el staff de Esquivando el Éxito como un simple homenaje a un referente de la cultura popular argenta.


El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958, en un lugar perdido del valle de Río Negro, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle, porque los domingos, los domingos no había otra cosa que hacer.

Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta, y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo blanco que le caía sobre la frente de indio araucano.

En el campeonato participaban dieciséis clubes, y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar, y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso, porque era la única que tenían.

En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria. A nadie le llamó la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos, y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos.


Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, quedara relegado al segundo puesto. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros.

Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso, y nosotros no nos explicábamos como ganaban si eran tan malos.

Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana, y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaba en la heladera.

Eran la atracción, y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete, y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a 1.

En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio, y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto, cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0, y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos. Llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón.


El último enfrentamiento fue histórico por el penal.

El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles. El día era fresco, y Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto.

El referí que pitó el penal, era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local, y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo, cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno, y todavía no había cobrado penal, por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar. Con el empate, el local era campeón, y Herminio Silva quería conservar el respeto.

Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella clavó un tiro libre desde muy lejos, y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo, y alargó el partido hasta que Padín entró en el área, y ni bien se le acercó un defensor, pitó.

En ese tiempo, el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca, y había que contar doce pasos. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota, porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz.

Hubo tanta pelea, que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha, ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido, y ordenó disparar al aire. Esa noche, el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí.


Según el tribunal de la Liga, faltaba jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal, y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador, y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio, a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana, y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia. El miércoles faltamos al colegio, y nos fuimos al pueblo vecino a curiosear. Todos los hombres se habían reunido en la cancha, y formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz. El entrenador, de traje negro y lunar, repetía:

- “Esta es la mejor manera de probar al arquero”.

Al final, todos tiraron su penal, y el Gato atajó unos cuantos, porque le pateaban con alpargatas y zapatos. Al caer la tarde volvieron al pueblo, y se pusieron a jugar a las cartas en el club. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro, hasta que después de comer se puso un escarba dientes en la boca, y dijo:

-Constante los tira a la derecha.

-Siempre -dijo el presidente del club.

-Pero él sabe que yo sé.

-Entonces estamos jodidos.

-Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato.

-Entonces tírate a la izquierda y listo, Gato.

-No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir.

-El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio.

El martes no fue a entrenar, y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron, caminando por las vías del tren, estaba hablando solo, y lo seguía un perro con el rabo cortado.


-¿Lo vas a atajar? - le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería.

-No sé. ¿Qué me cambia eso? - preguntó.

-Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano.

-Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer –dijo, y silbó al perro para volver a su casa.

El viernes, la rubia de Ferreyra estaba atendiendo la mercería, cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores.

- Esto te lo manda el Gato Díaz, y hasta el lunes vos decís que es tu novio.

-Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miro las flores.

El sábado a la tarde, el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile.


-¿Y yo cómo sé? -dijo él.

-¿Cómo sabés qué?

-Si me tengo que tirar para ese lado.

La rubia Ferreyra lo tomó de la mano, y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas.

-En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella.

-¿Y si no lo atajo? -preguntó él.

-Entonces quiere decir que no me queres -respondió la rubia, y volvieron al pueblo.

El domingo del penal, salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar, no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta.

El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz, y desde allí narraba lo que ocurría, a otro muchacho que había quedado en la vereda, que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros, y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella.


A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos, como si fueran a jugar un partido en serio. Cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha, Herminio Silva fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero y lo expulsó. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato.

El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio. Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacía dónde tiraría Constante Gauna.

En la ruta habían cortado el tránsito, y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato.

Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo, abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso, y tenía las cejas tan pobladas que parecían cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto.

A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca, y sopló. Estaba tan nervioso, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí cayó de espalda, echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente, y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco, y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla. El gato pensó en el baile, en la gloria tardía… y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner, porque había quedado picando en el área.


El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, pero el árbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada, y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba:

- ¡No vale, no vale!

La noticia corrió de boca en boca. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el “no vale” llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita.

Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva.

- “¿Qué pasó?”

- Te desmayaste Herminio.

Cuando se lo contaron sacudió la cabeza, y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces, el Gato Díaz apartó a los que querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse, porque esa noche él tenía una cita y una promesa, y fue otra vez bajo el arco.


Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini, y recién después fue hacía la pelota. El pelotazo salió hacía la izquierda, y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Costante Gauna miró al cielo, y se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón, y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita.

Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia, y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio, que no era de la rubia de los Ferreyra. Evité mirarlo a los ojos, y le cambié la pierna; tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro, y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado.

-Bien, pibe… Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz… Pero para entonces, ya nadie se va a acordar de mí.


LA CAUSA JUJEÑA



 Por Matías Alba

Hasta el reciente escrache ocurrido al político radical Gerardo Morales, Milagro Sala era un personaje desconocido en Buenos Aires. Sin embargo, en Jujuy esta mujer es clave para entender la política local y la relación con el gobierno nacional.

Sala tiene 46 años, es madre de dos chicos y desde los 14 milita en el Justicialismo. “Yo me fui muy chica de mi casa y me metí a trabajar en el peronismo”, cuenta. No obstante, a principios de este año, varios medios nacionales ya se habían ocupado de desentrañar a este personaje cuando la Presidente Cristina Fernández de Kirchner viajó a la provincia norteña para seguir alimentando el ascenso de Sala en la agrupación Túpac Amaru, una organización territorial que creció mucho en la capital jujeña a partir de las cooperativas de construcción de viviendas.

Igualmente, tratar de entender o desojar a una persona como Milagro, creo que es meterse en un tema tan pantanoso como complejo. Primero, porque por un lado está su audacia y solidaridad con los más necesitados (eso absolutamente nadie lo puede negar). Y por el otro, se encuentra la llamativa relación con la presidente, los millonarios subsidios que recibe y los repudios que esta mujer recibe en su provincia por parte de muchos coterráneo: se la relacionaba con faltante de dinero en el seno del Banco de Acción Social –Casa Central - y algunos hasta la llaman la 'dictadura' de Jujuy. Además, la señalan porque Sala recibe decenas de miles de planes de empleo, en una provincia con una enorme desocupación y la más antigua tradición piquetera.

Obvio, ahora vienen todas las preguntas que se hacen en estos casos: ¿una cosa quita la otra? ¿lo importante es lo que hace, no cómo? ¿los millones que recibe por mes (casi 8.000.000) está TODO volcado en las labores sociales? ¿Está bien que acepte ser una bandera política para poder “ayudar” a los demás o a ella misma?



Después trataremos de llegar o acercarnos a encontrar algunas repuestas para esta dudas, pero ahora seguiremos conociendo a esta mujer que cuando nació, su primera cuna fue una caja de zapatos, que luego cayó en adicciones y hasta estuvo presa. Pero lo más relevante es lo que generó en tan sólo una década: 15.000 puestos de trabajo, abrió cinco fábricas, cuatro centros de salud, construyó 3.500 viviendas, 18 polideportivos, tres escuelas con 1.500 alumnos y alimenta a 45.000 chicos por día.

Guauuu…, ¿cuánto no?

Sin embargo, para Sala no es todo color de rosa. Según www.po.org.ar (la página oficial del Partido Obrero): “Sala tiene un aparato de matones que golpea a los activistas que se retoban. Hasta disciplina a golpes de palo a los marchantes, que la misma puntera esgrime y llama “palo psicológico”, según denunciaron los trabajadores de El Carmen. No podían faltar los “peajes” bajo apercibimiento de perder el plan, bingos sistemáticos obligatorios que sólo en la localidad recaudaban en conjunto alrededor de 3.500 pesos mensuales. Los bolsones trimestrales del gobierno les salían muy caros a los compañeros. La cuestión de las cooperativas de vivienda (cincuenta para construir doscientas viviendas en todo Jujuy por parte de la CTA) no sólo no constituyó una salida al hambre general y mucho menos al déficit de viviendas, sino que se transformó en otro terreno de maniobras fraudulentas, porque sus dineros no son manejados por cada cooperativa, sino por la “caja negra” de Milagros Sala”.



En este contexto, Jorge Paganetti, presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Jujuy, denunció también que la oficialista maneja fondos millonarios en forma de subsidios pero no deja que se auditen esos fondos públicos. "Seguramente no debe estar cumpliendo con las pautas establecidas", afirmó.

Desde la Auditoría General de la Nación se comprometieron "a hacer todos los pasos necesarios para fiscalizar", los subsidios y otras asignaciones que recibe la controvertida Milagro Sala. Pero por el momento: nada.

Según Paganetti, incluso los nativos están asombrados por la discrecionalidad con que maneja los fondos. Además, planteó dudas sobre "si el sistema de distribución de estos subsidios es lo que realmente el país necesita para ayudar a los que menos tienen". "Seguramente los fondos no están llegando a quienes corresponde de acuerdo al objetivo planteado oportunamente cuando se entregan los fondos", concluyó.



Sala responde, tranquila: “Ya terminamos de construir unas 3.500 viviendas y el objetivo es realizar otras 500. La plata llega desde el Gobierno Nacional que le otorga ese dinero a la provincia y de ahí a la ciudad. A través del intendente, Raúl Jorge, llega directamente a nuestra agrupación”.

Además, la gran cantidad de gente que apoya a la jujeña y la otra gran cantidad que recibió su ayuda no para de agradecer el dinero que el Estado destina a la agrupación y, obviamente, a Sala, porque ella fue la encargada de lograr que los 7.900.000 viajen a Jujuy y a los más necesitados.

Como verán –o escucharán- es un tema que resulta imposible colocarle el punto final (a mi mismo me sucede). En mi mente no puedo dejar de pensar todo lo que hizo, hace y ¿hará? esta mujer. Pocas veces visto. Pero por el otro no quiero dejar de lado las cientos de denuncias que hay en su contra, su amistad con el Gobierno de turno que huele a total conveniencia –por ambas partes-, su pasado de cabecilla de una fracción de la barrabrava de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, denominada "La banda de la Flaca" (con ese apodo se conoce a Sala en su provincia) ni de su nuevo sobrenombre de "la Gobernadora", en función de sus amplios poderes.



Qué dilema..qué lástima.

¿Se imaginan este país con 50 como Milagro Sala? Mmmm, cómo será… en todo sentido.

sábado, 7 de noviembre de 2009

ÑUBEL CARAJO!



Por Juan Ignacio Apogliessi

Siempre que se hace una historia, se suelen inventar hazañas y se agrandan ciertos detalles para captar la atención del que escucha.

Sin embargo, la historia de Newells no necesita de esos métodos para que uno se siente a escucharla.

Corría el año 1903 cuando Newells Old Boys de Rosario, en la ciudad de historias por demás pintorescas, legalizaba su existencia que ya databa de 1884, cuando un inglés llamado Isaac Newell fundó el Colegio Comercial Anglicano Argentino, en el mismo lugar donde hoy, 116 años después, se alza uno de los clubes de fútbol más importantes del país.

Ya desde el principio, la pelota formó parte de la vida del colegio, debido al fanatismo de Isaac Newell, quien en su llegada al país, entre otras cosas, se enorgulleció de cargar una pelota de cuero y un reglamento de fútbol.



Sin embargo, fue su Hijo Claudio quien fundó a Newells Old Boys como asociación civil, en parte como mandato de quienes formaban parte del colegio, y en parte como homenaje a su padre y madre, ingles y alemana respectivamente, banderas de las cuales se tomó la identificación rojinegra.

Para principios de siglo los jugadores y la gente de Newell’s ya eran los leprosos, apodo adquirido al ser invitados a celebrar un encuentro a beneficio de los enfermos de lepra residentes en el Hospital Carrasco, frente a su tradicional rival Rosario central. La invitación fue aceptada de inmediato por los de Newell's Old Boys. Los adversarios no aceptaron la invitación, y recibieron el calificativo de “canallas”.

La casa de Newells, el Coloso del Parque de la Independencia, ya era en 1911, uno de los estadios de mayor capacidad, aunque muchísimos años después pudo ser remodelado para poder albergar a más de 35 mil personas.



Hasta aquí, el papel social de Newells en Rosario ya daba muestras de su importancia en la zona, lo que se acentuó por 1905, cuando el equipo formado por maestros, alumnos y familiares de los alumnos comenzaron la participación en torneos locales, donde cosechó 17 títulos hasta los años 30.

Fue a fines de esos años cuando Newell’s dio el salto que lo acercaría a la realidad que más de uno conoce: La inscripción en torneos nacionales de AFA. 

Algún leproso de más de sesenta años, recordará aquel primer encuentro oficial por la Primera División Argentina, ese del triunfo enfrentando al Club Atlético San Lorenzo, con un marcador de 2 a 1. Ese año Newell's Old Boys finalizaría el torneo en la cuarta posición, siendo el equipo mejor ubicado del interior de Argentina.

Entre los años 1949 y 1950, Newell's Old Boys emprende un desafío novedoso para la historia del fútbol de Argentina: una gira que lo llevaría a disputar 14 encuentros frente a equipos del viejo continente. La fama leprosa se abría al mundo con las victorias ante Athletic Bilbao, Selección de fútbol de España, Benfica, Hannover y Hertha Berlin, entre otros.



Eso, sería solo una muestra de que el club estaba para grandes cosas.

Ni siquiera el descenso en 1960, ni una acusación de incentivación, frenó la carrera de Newells, quien a fines de 1963 volvió a primera para escribir definitivamente su historia de gloria.

Muestra de ello fue lo sucedido una década después, cuando se coronó campeón del Metro 74, recordado no sólo por ser el primer título nacional de AFA conseguido en el profesionalismo, sino también por lograr la consagración en el estadio de su clásico rival, Rosario Central.

2 de junio decía el almanaque, y el recordado zurdazo de Mario Zanabria aún se ve en más de un sueño leproso.



Como si fuera poco, en el 76, entre la sangrienta realidad del país, Newells hacía historia para todo el fútbol nacional. Un equipo juvenil del club, formado entre otros por jugadores como Marcelo Bielsa y Jorge Valdano, contó con el privilegio de ser el único equipo de la historia del fútbol argentino en representar a una Selección Nacional, en el Preolímpico de Recife, Brasil, donde se obtuvo la medalla de bronce y el tercer puesto de dicho torneo.

Pergaminos e historias fueron forjando otra página de gloria, en 1988, con un equipo campeón que contó solamente con futbolistas de la cantera, hecho único en el fútbol argentino y pocas veces acontecido en el fútbol mundial.

La Copa Libertadores del 89, lo eligió como uno de sus protagonistas, y terminó subcampeón al perder la final ante el duro Nacional de Montevideo.

A mediados de 1990, Newells y un tal Marcelo Bielsa, discreto ex defensor de la cantera, se encuentran para lograr grandes cosas. Con planteos lucidamente ofensivos, la campaña de Bielsa cosecho el Apertura 1990 (disputado palmo a palmo con el River de Passarella), el torneo del 91 (coronando su triunfo en la Bombonera ante el Boca de Tabárez) y el Nacional 92 (que marcó el alejamiento del Loco de la Dirección Técnica, no sin antes conseguir otro subcampeonato de América, esta vez perdiendo la final con el San Pablo de Brasil).



El alejamiento de Bielsa, como el de muchos jugadores, y la posterior debacle futbolística, coincidieron con el inicio del un proceso político diferente a lo que el club estaba acostumbrado. En 1994, el ascenso de Eduardo López, dejó atrás el ideal futbolístico basado en las inferiores y la vida social del club, abierto a la familia, e inauguró una etapa de malversaciones de fondos, patoterismo político, desmantelamiento patrimonial y social del club, y endeudamiento ilimitado que duró 14 largos años.

En este lapso, el apertura 2004, reinauguró la mística leprosa y lo ubicó como el equipo del interior más ganador de torneos de AFA, aunque la realidad política hablaba por sí sola. Newells había sido campeón con jugadores del club sin contrato, el 50% de la plantilla a préstamo, y con deudas por doquier. Lo que se dice, un oasis en el desierto.

La etapa de López llegó a su fin, luego de la acción mancomunada de los verdaderos hacedores de la grandeza de Newell’s. Ex jugadores, entre los que se destacan el Loco Bielsa y el Tata Martino, y simpatizantes con proyectos políticos, pusieron fin a más de una década de impunidad y mafia en Newells.

El 2008, cerca de 6.000 socios del club votaron en las elecciones presidenciales y por amplia mayoría eligieron a Guillermo Lorente, mandato que comenzó y continúa en constante tensión con la barrabrava heredada y mantenida por el detestable López.



Hoy, en busca del revivir deportivo y económico de un club con demostrada historia, Newells llega a 106 años, plagados de buenas y malas. Aunque indudablemente, esta institución es escala ineludible a la hora de desentrañar la historia de la pelota en nuestra futbolera tierra, esa que se nutrió de la inagotable cantera ñubelista, cuna de Zanabrias, Gallegos, Bielsas, Martinos, Batistutas y Messis. Y que hasta se dio el lujo de albergar a un tal Diego Armando Maradona… aunque esa… esa es otra historia.