jueves, 19 de noviembre de 2009

DISCOS DEL CARAJO V: ENEMIGOS ÍNTIMOS



Por Facundo Bianco

Como si se tratase de una recia zaga central, o una virtuosa dupla goleadora, este binomio artístico permanecerá por siempre en la vitrina de los grandes cantautores de lengua hispana.

Tiene su lugar ganado en el recuerdo, en la historia de nuestra música, pese a haber durado lo que duró: tan sólo unos meses.

Páez y Sabina, Fito y Joaquín. Esta es la dupla inolvidable que hoy homenajeamos en Esquivando el Éxito.



Rosario y Madrid, Argentina y España. La unión de dos mundos tan lejanos y cercanos a la vez, se produjo hace más de 10 años, allá por 1998. Por este lado del hemisferio comenzaba a hacerse insostenible la fantasía menemista, y la selección de Pasarella perdía en cuartos contra la naranja de Berkgamp.

En España, mientras tanto, El Barca de de Rivaldo y Luis Enrique conseguía su 15 título. Aznar comandaba la nave ibérica con poca suerte.

Enemigos Íntimos, la placa que hoy recorremos, encontró a dos grandes artistas en caminos tan opuestos como paralelos.

Por un lado, se ha convertido en costumbre, en la carrera del madrileño Sabina, editar trabajos con otros artistas. Por ese entonces era su decimotercero disco en conjunto con algún otro músico, como Alberto Pérez, Javier Krae, y el grupo español Viceversa.

De hecho, en el 2007 fuimos testigos de su trabajo junto a Joan Manuel Serrat, coronando la gira “Dos Pájaros de un Tiro” con un espectacular concierto en la Bombonera, en diciembre de aquel año.

Pero Fito, pese a haber trabajado con diferentes músicos, sólo registra una sola grabación junto a un colega, hasta la llegada de Enemigos Íntimos. Su compañero en aquella oportunidad fue el flaco Luis Alberto Spinetta, con quien grabó La La La en 1986, una inolvidable obra que tiene el tema Tres Agujas como fiel exponente.



La idea de juntar a estos dos artistas no parecía cercana. Todo hacía prever que sería Calamaro el acompañante de Sabina, después de que el madrileño fuese el acompañante de honor de Los Rodríguez, durante una extensa gira por toda España.

Pero no, fue Páez, quien no sólo tocó y compuso, sino que puso su estudio Circo Beat como escenario, y ofició de productor de la placa. Algunos invitados son las hermosas Blancablues, el Negro García López con su guitarra infernal, y el siempre Salmón Andrés Calamaro.

El disco consta de 14 canciones bien redondas, donde lo mejor surge de la mezcla de la poesía de Sabina y la melodía del rosarino.

Arranca con La vida moderna, un tema bastante más Páez que Sabina en lo que refiere a la música, bien arriba con el rosarino gritando sin pudor.

Sigue Lázaro, y las revoluciones bajan de mil a cero. Sabina susurra y le pide a Lázzaro (nada que ver con Leandro), que se levante y ande, de una vez por todas.

El tercero es EL tema. No solo por ser el único corte de difusión que tuvo este accidentado disco, sino por ser una canción redonda por donde se la analice. La poesía de Sabina se mezcla con impecables arreglos de Fito, aparecen las Blancablues con sus coros incomparables, y estos dos atorrantes invitar a empaparse de agua, música y poesía. “Cuando se acuestan la razón y el deseo… ¿Qué pasa? Llueve sobre mojado”.



“Cada cual por su lado”, se cantan Fito y Joaquín, como adelantando el futuro. Sigue Tengo una muñeca que regala besos para mover las caderas al ritmo de los tamboriles.

Quinto tema, Si volvieran los dragones. Paréntesis para una gran canción, que nos deja un interrogante en la voz áspera de Joaquín: “Si aprendiéramos a amar como animales, si quedara tiempo que perder, si bailaran rocanrol los generales, si cantara el gallo rojo…”.

Todo es esperanza, o una declaración de principios, una búsqueda incansable para fugar de tanto vértigo moderno y progreso material. “Si reinara en el 2000 la imaginación…”. Vamos por el 2009, y todavía no volvieron los dragones…

El sexto tema amerita un babero para el de rulos. Cecilia es un hermosa canción dedicada por Fito para su pareja de entonces, Cecilia Roth.

Rocanrol con Delirius Tremens. Batería al palo, y guitarra criolla rasgando el alma de esta dupla enajenada.

Continúa Yo me bajo en Atocha, un clásico del madrileño, y pegadito suena Buenos Aires, tema número nueve, en contraposición (o no) al retrato musical que hace Sabina sobre su ciudad.

El dúo se hace trío con un invitado de lujo. Andrés Calamaro canta Más guapa que cualquiera, y se suma a estos dos para cantarles a las mujeres, a todas ellas.

Flores en su entierro, y la rockera ¿Hasta cuándo?, anteceden al último tema del álbum. La canción de los buenos borrachos oficia de resumen a la amistad de estos dos trastornados, nacida en los bares y al resguardo de la noche bohemia. Una despedida pirata de brindis exagerado.



Como dos estrellas de rock con inmenso ego y rencillas de conventillo, Joaquín y Fito se pelearon. Se desconocen los motivos, pero como consecuencia de ese enfrentamiento se canceló una importante gira que llevaría a esta pareja alrededor del mundo. Más allá del sentimentalismo del fan, cerca de 70 shows por diferentes países suponían una ganancia millonaria para artistas y organizadores, finalmente truncada.

Sabina difundió un poema que escribió para Fito tras la pelea. Fito lo acusó de ser “como una novia borracha”, y así siguieron las agresiones y los entredichos.

“El rol del patito feo, no me va te lo aseguro, y menos el de hombre duro, que a ti te cuesta tan poco”, recitaba Joaquín en la mencionada carta.



“Ven cabrón, que estoy tocando aquí”. Esa frase escribió Sabina en una servilleta, durante su visita a Buenos Aires en 2007, y se la envió a Páez. Tras tantos años de alejamiento, esa fue la primera señal para que la amistad vuelva a consolidarse.

Fito fue, y cantó junto a Sabina y Serrat en ese concierto. "Siempre tuve un vínculo de muy buena leche con Joaquín. Las cosas se disparataron, pero la verdad es que fue muy sencillo recuperar la amistad. Con la gente de buen corazón, por supuesto, te agarras, como con toda la gente con la que convives; es parte del negocio de la vida". Palabras del rosarino, intentando explicar un poco la disputa.

Fito ya había intentado acercarse a su ibérico amigo, cuando le escribió una carta instándolo a "acabar con este melodrama de chilindrinas menopáusicas mareadas".

El romance terminó de instalarse, otra vez, cuando Joaquinito acompaño al canalla en la grabación de su último disco, “No se si es Baires o Madrid”. En el teatro De los Congresos de la capital española, ambos se cantaron “yo no quiero contigo ni sin ti”, mirándose a los ojos. Nunca mejor elegido el tema.



Enemigos Íntimos forma parte del inconsciente colectivo de unos cuantos, del corazón de muchos, aunque los shows nunca se hayan llevado a cabo, y quede un amargo sabor a poco.

La tapa del álbum describe esta relación bipolar, como un presagio de lo que iba a pasar, inexorablemente. Páez y Sabina: Pimienta y Sal.

“Amores que matan nunca mueren”, escribió Sabina y cantó Fito. La música los volvió a unir, y el atlántico se hace un charco cuando se juntan. Fueron, son y serán enemigos... pero íntimos, para siempre.

Disfrutemos de estos dos buenos borrachos, y de sus catorce caprichos hechos canción. A fin de cuentas... ¿Quién quiere un amor civilizado?


1 comentario:

  1. Es un disco casi perfecto por donde se lo mire.
    Musicos q participan, sonido, lirica, musica, fecha.

    Increible. En el futuro será un disco de culto no tengo ninguna duda.

    Un abrazo a todos y pronto los visito!

    F.

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