domingo, 15 de noviembre de 2009

JACOBO, EL FUNCIONAL



 Por Juan Ignacio Apogliessi

Nacido el 6 de enero de 1923 en el seno de una familia judía ucraniana, el periodista y escritor Jacobo Timerman llegó a la Argentina en 1928 para instalarse definitivamente en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Once.

Ya desde muy joven, se vinculó al periodismo y formó una trayectoria que incluiría colaboraciones a la revista “Correo Electrónico” y a diferentes diarios, como “Noticias Gráficas”, “La Razón”, “El Mundo” y “La Nación”. Además de alguna participación televisiva en “¿Qué pasó en siete días?” que lo convirtió en ganador de un premio Martín Fierro.

Sin embargo, su época de más influencia empezó en el 62, cuando fundó el semanario Primera Plana. De diseño europeo, como muestras de su gran habilidad para adaptar metodos extranjeros en los medios locales, la revista tuvo un contenido de análisis y comentario de la información que atrajo la atención de los sectores políticos e intelectuales, basado en un estilo irónico que, quizás, rendía oculto tributo a la forma de decir las cosas que utilizaba Jorge Luis Borges.



Alejadísimo del peronismo y hasta prohibido en sus presidencias, sus trabajos fueron producto de una época de polémicas y de nuevas vanguardias artísticas. Críticas a la democracia contemporanea, y belleza literaria, eran las formas en que los medios de Timerman traducían sus ideas, en tiempos en que desde Primera Plana emergieron las más grandes críticas al gobierno de Arturo Illia, derrocado tiempo despues por fuerzas militares que el propio Timerman originariamente defendió, como muestra de sus ideales ambivalentes y por lo tanto, poco éticos.

Sus publicaciones, tal como el lo cuenta, contó con autores que combinaban pensamiento y poesia, pluma y reflexión. Por sus ediciones pasaron personajes que iban desde Tomás Eloy Martinez a Mariano Grondona y de Juan Gelman a Horacio Verbitsky.

Tiempo despues funda “Confirmado” y para 1971, el periodista sumaría una nueva creación: el diario “La Opinión”, que fue expropiado en 1977 y clausurado por la dictadura militar.


Ese mismo gobierno asesino realiza el secuestro de Timerman en la madrugada del 15 de abril del 77, siendo, como tantos otros, ferozmente torturado y mantenido desaparecido durante un mes, en los centros clandestinos de detención llamados Puesto Vasco y COTI Martínez, para luego ser encarcelado en su domicilio hasta que decidieron expulsarlo del país. ¿La causa de la detención de un personaje no tan opositor al regimen? Timerman había sido acusado concretamente de haberse asociado con el banquero David Graiver, a quien se acusaba a su vez de administrar los fondos de la organización terrorista Montoneros.

Pese a su suplicio, esta época habia sido el escenario de una gran contradicción en el discurso de Timerman. Su decisión de publicar los habeas corpus de los desaparecidos en la tapa de La Opinión chocaba a la vez con su aceptación inicial del gobierno del dictador Jorge Rafael Videla, como ya habia sucedido con el golpe de Onganía, a quien consideraba literalmente como un “blando” en un mar de fascistas.

Por otro lado, se contraponía su defensa de los derechos humanos con su denuncia a lo que el llamaba “los dos terrorismos, el de derecha y el de izquierda, ya que defender sólo uno era, para el, ponerse del otro lado”.

Claro que el papel de todos los medios en general, en ese tiempo, fue, cuanto menos, vergonzoso, ya sea por miedo o intereses tutelados con el gobierno de facto.

Así no sorprendía que la mayoría de los medios de prensa mantuvieran una actitud casi indiferente hacia su posterior detención.

Quizás, fueron los colegas que Timerman supo conocer en sus experiencias periodisticas en el exterior quienes mantuvieron un rol decisivo en los medios para evitar su asesinato y forzar su liberación, que finalmente ocurrió en 1980.



Dos años después de recuperar su libertad, en 1982, refugiado en Israel, el periodista decidió contar sus padecimientos en los centros clandestinos a través de un libro, al que tituló “Preso sin nombre, celda sin número”. Una obra sin desperdicio que mezcló la más sincera demostración de dolor y la pluma de un ideneo, donde el mismisimo Timerman habla de como lo asustó ese mismo proceso que inicialmente defendía.

Más adelante escribiría “La guerra más larga; la invasión de Israel al Líbano”, “Chile, el galope muerto” y “Cuba: un viaje a la isla”, obras que fueron traducidas a varios idiomas.

En 1984, este periodista que fue premiado por la Federación Internacional de Editores de Diarios con la Pluma de Oro de la Libertad, dio su testimonio a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y, de esa forma, fue incluido en el famoso informe conocido como “Nunca más”.

Con la muerte de su mujer en el 91, empezó a vivir en La dacha, su lugar en Punta del Este, desde donde comienza a publicar sus memorias en la revista trespuntos en 1998 e inicia lo que fue su última obra en la que recuerda su niñez, la relación con su padre, las canciones socialistas que su madre cantaba en idish y su vida escribiendo todo lo que pasaba por su cabeza, tal como le pasaba por la cabeza.



Hombre de reconocida trayectoria periodística, Jacobo Timerman falleció el 11 de noviembre de 1999 en Buenos Aires, la ciudad que lo recibió siendo apenas un niño y que lo despidió.

Fue, para todo periodista que sienta un mínimo interés por esta profesión, un personaje digno de analizar.

Es una realidad que gran parte de los buenos o malos periodistas que existen hoy en la Argentina han trabajado o se han formado con él, en diferentes redacciones de medios gráficos como las revistas Primera Plana y Confirmado o los diarios La Opinión y La Razón. Esos mismos que lo recuerdan como un editor poderoso, brillante, influyente, despótico, algo contradictorio y arbitrario. Pero que nunca olvido autodefinirse como un icono de la Argentina.

Sin dudas, era un ideneo y enamorado de su profesión, pero también se alzó como un personaje que ambicionó con el peso político que podía obtener a través ella.

Querido y odiado, exponentes de los dos bandos coinciden en que era un psicótico de pluma reflexiva capaz de romper una nota en pedazos en medio de la redacción, gritando: Escríbala de nuevo.

Indudablemente, Jacobo Timerman dejó su marca como un inteligentísimo empresario de medios periodísticos, más allá de sus indefiniciones ideológicas que lo llevaron a defender inconstitucionales intervenciones militares, por conveniencia quizás. Esos mismos gobiernos de Facto que tiempo después, cuando pusieron en riesgo su propia vida, se ocupó de denunciar.

1 comentario:

  1. mas alla de jacobo timerman y el análisis del que ya opine el miercoles pasado les confieso algo...

    me colgue 5 minutos con los malditos peces. Y estoy convencido que quien lea esto y no se haya percatado de los mismos le va a pasar lo mismo y si ya les pasó les volverá a pasar.

    Salute´

    Fede.

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