sábado, 21 de noviembre de 2009

LEÓN GIECO, UN REY EN NUESTRA SELVA



Por Juan Ignacio Apogliessi

Recordar que hacíamos cuando solo teníamos 8 años, puede ser tan difícil como aburrido.

Sin embargo, esa es la edad en que un tal Raul Alberto Antonio Gieco se compró su primer guitarra dejando de ser ese tal para ser, como hasta hoy, León.

Nacido el 20 de noviembre de 1951, León Gieco no recuerda nada de su vida en el norte de Santa Fe que no se relacione con la música.

Ya sea mediante el folklore o mediante el rock juvenil que forjó en su primer grupo, los moscos, León llegó a Buenos Aires en busca de su sueño: Ser un músico conocido como Bob Dylan.

Gracias a la suerte o quien sabe que, cerca de los años setenta ya había hecho migas con el ambiente rockero. Litto Nebbia y Gustavo Santaolalla encontraron en León un partener de lujo.

Con ellos León fue haciendose conocido en la capital argentina, a tal punto de llegar a ser telonero de Moris, al ritmo de uno sus primeros éxitos, como “Hombres de Hierro”.



No tardó en sacar su primer disco, y para el 73, “El Pais de la Libertad”, de a poco se convertían en un himno.

Como si fuera poco, solo un año pasó hasta que León saca su segundo trabajo, “La Banda de Los Caballos Cansados”, donde el cantautor deja entrever su creciente interes por las raices de nuestra tierra y comienza a alzar la voz frente a las injusticias reinantes.

“Intento reflejar mis preguntas, mis salidas y mis angustias”, comentaba en una nota cerca del 75, exteriorizando su constante compromiso social encarnado de su poetica musical por el que aun se lo reconoce.

De todos modos, su camino comprometido no dejó afuera trabajos de gran valía para la historia de la musica de nuestro país.

PorSuiGieco fue sin dudas un ícono. Charly Garcia, Raúl Porchetto, Nito Mestre y Maria Rosa Yorio, pavada de nombres al lado de Gieco para sacar el disco homónimo en 1976, un año en que, como muchos, León comenzó a sentir el acoso de quienes se inquietaban por lo que no se callaban.

Sin dudas, es una muestra de la persecución que condenaría a León a un exilio en Los Angeles, la forma en que “El fantasma de Canterville” sale al mercado, con letras modificadas por obligación y hasta con temas completos sustraídos del trabajo original que después dejaron la clandestinidad para formar parte del repertoria más profundo de Gieco.



Los Angeles esperaban a un León abatido por la persecución, luego de una gira que lo hizo conocido en America Latina.

Sale el “Cuarto Long Play” y la historia de Gieco suma un himno más: “Solo Le pido a Dios”, un tema que no iba a formar parte del disco y que por el mismisimo Charly Garcia, León lo incluyó.

“Siete años” en el 80 y “Pensar en Nada” en el 81 funcionaron como el preámbulo perfecto para que León cumpla uno de sus sueños: Recorrer el país cantando.

“De Ushuaia a La Quiaca” fue mucho más que 450 presentaciones en todas las provincias argentinas, 110 mil kilómetros recorridos en tres años y conciertos frente a mas de 500 mil personas.

Este disco fue sin duda, su obra maestra. Porque por el simple hecho de llevar a un disco todas las melodías con la que cuenta cada rincón de nuestro país, estos tres CDs, luego transformados en cuatro, forman un mapa musical argentino.



Sixto Palavecino, Cuchi Leguizamón, Leda Valladares, entre otros, participaron de este gran viaje inmortalizado en estudios móviles donde León y sus músicos grababan, editaban y hasta dormían.

En 1987, León se presentaba ante 40.000 personas en el Monumento a la Bandera de Rosario y, al día siguiente, reune a 35.000 espectadores para otro concierto gratuito en Barrancas de Belgrano. El estadio de Boca fue escenario del show que brindan León, Pablo Milanés y Chico Buarque, con invitados como Mercedes Sosa, Fito Páez, Nito Mestre, Baglietto y Sixto Palavecino, ante 20.000 personas.

Hasta aquí, los recitales de León Gieco tenían un modus operandi que se repetía presentación a presentación. Música, ideología y laburo social se juntaban en sus shows, donde nunca faltaban stands de venta de merchandising enfocado pura y exclusivamente para la ayuda a diversos organismos y comedores comunitarios.

Su creciente fama mundial lo lleva a países tan dispares como México, Costa Rica, Venezuela, Bolivia, Brasil, Perú, Suecia, Alemania y Dinamarca. Sin dudas, León ya era un artista internacional, tal como lo demuestra la presentación en el cierre de la gira de Amnesty International, en el estadio de River Plate, en octubre de 1988, junto a Charly García, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Sting y otros. Cantó solamente dos temas: "Hombres de hierro" y "Sólo le pido a Dios", ambos coreados por los 70.000 espectadores presentes.



"Semillas del corazón" (1989) marca el retorno a los estudios de grabación "convencionales", tras ocho años de giras.

Ya en los 90, “Mensajes del Alma” le da vida a otro himno: “Los salieris de Charly”.

Desenchufados y orozco, mezclaron ironía y canciones terriblemente comprometidas. Si ir más lejos, “El embudo”, grabado, entre otros, junto a la Negra Sosa, Ricardo Mollo, Ricardo Iorio y hasta Chizo de la Renga, un homenaje protesta de la situación de saqueo de la Patagonia Argentina.

El compromiso politico social del cantautor no cesó y sus trabajos siguieron mostrando en alto sus pensamientos sobre las madres del amor, sus deseos de responder de igual a igual al capitalismo extranjero y su necesidad de no perder la memoria. Bandidos rurales dio cuenta de ello.

El vivo de León sirvió solo para revivir los clásicos con la calidez de los recitales, pero con el lanzamiento de “Por favor, perdon y gracias”, León volvió a ser noticia por las polémicas que desató su canciones de apoyo a Romina Tejerina y al Pato Fontanet, procesados por reconocidisimas causas en las que León, como marca su historia, no escondió la cabeza.

Compilados, homenajes a otros y hasta homenajes a el, marcaron los últimos años artísticos de León, pero la frutilla del postre fue la producción de la película “Mundo alas”, un film que muestra una gira hecha por el cantautor y un grupo de artistas con algún grado de discapacidad que reivindica la igualdad y la necesidad de darle lugar a aquellos que muchas veces son excluidos de nuestra sociedad.



León es, sin dudas, un ícono en la música nacional. No por su virtuosismo musical ni por ser portador de una voz para el recuerdo.


Tan solo es una pieza clave para desentrañar nuestra historia contada por medio de melodías bien nuestras y letras que gritan lo que muchos quieren gritar.

Comprometido con la beneficencia para quienes lo necesitan, como fiel característica de sus recitales, y de sus canciones que entrelazan fervor y protesta, Leòn Gieco ha sabido ganarse un lugar en la memoria de todos, esa que debemos ejercitar día a día para ser, como el mismo León dice, Libres como el viento.

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