lunes, 21 de diciembre de 2009

DIENTES DE CORDERO



Por Juan Apo

La crisis del 2001, fue quizás el último gran golpe económico, social y político que hizo culminar antes de los previsto una presidencia democrática, además de dejar consecuencias prácticamente irreversibles en la vida de muchos argentinos.

El gobierno a cargo de los destinos del País era el de Fernando De La Rua, quien había asumido en 1999 y ya estaba pagando el costo de la mantenimiento de la Ley de Convertibilidad instaurada en la época menemista.

Mantener el camino de la convertibilidad, generaba la necesidad de ingreso de una cantidad de divisas superior a la que realmente ingresaría, lo que comenzó una etapa de endeudamiento externo que dio lugar a medidas por demás catastróficas como el mega canje y el blindaje financiero.

Así, la inestabilidad financiera se hizo característica en la presidencia de la Alianza, a tal punto que los cambios en el ministerio de economía era tan comunes como perjudiciales.



Jose Luis Machinea (hasta el 2001) y Ricardo Lopez Murphy (hasta abril de 2001) fueron el preámbulo para la llegada de Domingo Cavallo, precursor de la ley de convertibilidad en su anterior mandato al frente del ministerio entre el 91 y el 96.

La crisis ya era una realidad, y lejos de buscar solucionarla antes de que se haga insostenible, llegó noviembre del 2001 y con el la muestra de que poco se podía hacer ante el inminente colapso.

La fuga de capitales, producto del retiro desmedido de los depósitos bancarios de los grandes inversionistas, colapsó el sistema bancario y, a inicios de diciembre, Cavallo, mediante un mensaje por cadena nacional, dio inicio al popularmente denominado CORRALITO como método de restricción de retiros monetarios de los bancos.

La respuesta de la gente, obviamente, fue muy negativa y bajo impulsos y movilizaciones de la particular clase media argentina, la crisis económica devino en una debacle política del gobierno de turno, que encabezada por De La Rúa demostró más inestabilidad e indecisión que soluciones.



De este punto al caos social, no hubo mucho trecho, y los saqueos a supermercados y negocios varios protagonizaron la escena argentina.

Justamente los saqueos y la sensación acéfala de la nación, llevaron a que la noche del 19 de diciembre De La Rua decrete el Estado de Sitio. Contrariamente a lo pensado desde el gobierno, esta situación estuvo lejos de frenar el avance popular en las calles, sino que lo acentuó mediante los conocidos CACEROLAZOS, que desde ese momento se transformó en la modalidad de protesta frente a la política económica reinante.

Las protestas, principalmente la efectuada en la Plaza de Mayo, recibieron una respuesta represiva desde el gobierno que envió a las fuerzas policiales a frenar los movimientos populares que ocuparon las calles desde la madrugada del 20 de diciembre.



La renuncia de Cavallo fue el preámbulo perfecto de la posterior renuncia del entonces presidente de la nación, que alrededor de las 19 hs abandonaba la Casa Rosada en un helicóptero, como una noche fría de marzo del 76, aunque esta vez sin intervenciones militares de por medio.

Este fue el efecto inmediato de la manifestación popular que momentos antes de la salida de De La Rua había sido reprimida frente a todos los medios televisivos y radiales, lo que hizo que la llegada de más grupos políticos se concentraran cada vez más en las calles.

La represión trajo muertes, cuatro en un principio, y muchos más con el paso de las horas, llegando a 40 las víctimas fatales, muchos menores de edad.

Los días posteriores, fueron testigos de más y más protestas ante la toma de poder del entonces presidente de la cámara de senadores, Ramón Puerta, quien convocó a una asamblea dirigida a la elección de un nuevo presidente.



Adolfo Rodriguez Saa, tomó el poder el 23 de diciembre con propuestas por demás demagogas y dejó dicho lugar el 30, amparándose en su concepción de falta de apoyo político.

El presidente de la cámara de diputados, Eduardo Camaño, tomó el control y re convocando a una asamblea le entregó la presidencia a Eduardo Duhalde, vocero de discursos que el tiempo se encargó de desmentir.

La situación económica, de alguna forma, se estabilizó y la debacle política tuvo su descanso a inicios del 2002, año donde la situación crítica se posó más en las resacas sociales de esta inmensa crisis, que ayudado por iniciativas represivas, dio lugar a varios puntos negros en la historia argentina, entre los que se destacan los hechos que produjeron la llamada masacre de Avellaneda, en junio de 2002.

1 comentario:

  1. Desde ese año y sumado al año de cromañon, ningún fin de año será igual en el imaginario argentino.

    Triste pero real!!

    "LA BELLEZA DE LOS VENCIDOS AUN PUDRE TU FRENTE"

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