viernes, 26 de marzo de 2010

NOSOTROS


Por Facundo Bianco

Nuestra generación, como universo perceptivo abierto a desgracias de otros tiempos, ha escuchado la historia miles de veces. Se ha empapado de ella, se ha sumergido, y la ha tomado como propia, porque de alguna manera también nos es propia.

No fuimos nosotros los que perdimos compañeros un día cualquiera, en un barrio cualquiera. Fueron nuestros padres, nuestros tíos y abuelos. Pero sí fuimos nosotros los que nacimos en un país que, desde que llegamos al mundo, intenta encontrar la luz tras la noche más oscura.

Algunos vivimos con la fortuna de no haber extrañado seres queridos por culpa de la cruda represión estatal. Otros aún buscan a sus padres, o viven en un mundo de fantasía, rodeado de fantasmas apropiadores y documentos falsos.
Pero la historia es de todos, porque a todos nos ha marcado.

Somos hijos de la democracia. Nacimos en la primavera alfonsinista que invitaba a bailar en las calles mientras se juzgaba a las bestias. Los vimos caer, en finos trajes verde oliva. Derrocados. Pero también los vimos perdonados, pretendiendo ponerle un Punto Final a la historia.

Vimos a cobardes con la cara pintada, intentando perturbar el orden en nuestra propia casa. Vimos a una rata y a un vampiro de ojos cínicos, ser continuadores pragmáticos del plan destructivo de un economista sin patria. Vimos al pobre ser más pobre, y al rico ser cada vez más rico. Vimos barrer la miseria debajo de la misma mesa donde se cenaba pizza con champagne.

Y cuando todo se hizo demasiado evidente, vimos otra vez la Plaza de Mayo llena. Vimos a los pibes caer asesinados y a las santas de pañuelo blanco recibir palazos oficiales. Vimos al ángel de la bicicleta desmoronarse, pero vimos la resistencia de sus hijos. Vimos al helicóptero partir.

Hoy los asesinos son perseguidos, juzgados y encarcelados. Los pobres son menos pobres, pero los ricos son más ricos que antes. Algunas cosas cambiaron, pero otras poco y nada. Y mientras la desilusión y la falta de fe se apodera de corazones en estado de absorción, las preguntas se multiplican como gotas de una lluvia hostil.

Aquellos años dejaron una huella profunda en el inconsciente colectivo argentino, atravesando generaciones y clases.

Un arrebato nos modificó desde el vientre, para siempre. El piso que pisamos, y el aire que respiramos, moldearon jóvenes ciudadanos que sufrimos la desolación post huracán. Con incógnitas y con el miedo como herencia, pero, siempre, con la reivindicación como obligación.

Alguien nos ha quitado la inocencia.

Sí, a nosotros también.

2 comentarios:

  1. Increible editorial. La piel de gallina constante es mi mejor forma de opinar
    LU

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  2. Facuuuuu, que orgullo leerte. la piel de gallina es poco, los pelosde punta y los poros dilatados, grande pichon,eso de que los jovenes no piensan queda descartado con este comentario
    Perla

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