jueves, 11 de marzo de 2010

PIEDRAS


Por Facundo Bianco

Parece que era mentira. Alguien (vaya uno a saber quién) instaló el proverbio como una verdad divina, y se fue caminando entre risas de engañosa picardía.

Resulta que todo fue una impostura, una falacia alejada de la realidad. ¿La realidad? ¿Qué realidad? La misma que nos pega en la nuca y nos dice: “¿Viste? Te chamuyaron, papá...”, y nos deja huérfanos de argumentos.

Así es, de tropiezos sabe el hombre. Pero más sabe de segundas y terceras partes.

Señoras y señores, existen elementos para confirmar que, efectivamente, todo se trató de un chiste de mal gusto. El hombre sí tropieza dos veces con la misma piedra. Como todos los animales. Nada de ser el único. Y no hace falta ningún estudio inútil de una universidad primer mundista para llegar a esta conclusión.

Seamos buenos. ¿Tiene capacidad el hombre para evadir la piedra? Sí, claro. ¿Ante el primer porrazo, puede planificar un próximo sendero sin tener que lidiar con el obstáculo? Por supuesto, pero... Pero, dependiendo del caso, por vértigo, por ignorancia, por falta de capacidad, por arrebato, por mala suerte o por lo que sea, el hombre vuelve y le entra de lleno a la misma piedra.

Vamos al punto. A esta ley de la naturaleza aplican, perfectamente, todos los actores de nuestro escenario político, tan obvio y banal, como emocionante e impredecible.

Ahí está, entonces, la presidente Cristina Fernández, sufriendo los vientos de otro vendaval que, a simple vista, podría haberse evitado. Otro más, como varios que le sacudieron el pelo, pero no lograron impactarla de lleno, por peso propio y por falta de puntería de los tiradores. Ahí está, decía, dándole cuerpo y forma a enemigos circunstanciales, convirtiendo un 4 de copas en un 7 de espadas.

El arrebato propio y el que generan los nervios típicos de una batalla sin cuartel, como la que tiene el Gobierno contra Clarín, la oposición y otros focos de poder, llevan, indefectiblemente, a una ruta sinuosa llena de piedras. Existe otro camino, pero son hijos del rigor. Parecen preferir el boxeo a la ajedrez, el golpe a la estrategia.

Reiteran errores, no aprenden del causa y efecto, y responden abruptamente a cualquier estímulo que tiren de la vereda de enfrente. Hagamos una salvedad: en la vereda de en frente hay demasiados actores de peso, entre los que se destacan la oposición devoradora y los holdings mediáticos cuyas tapas son agenda.

Alguien dijo alguna vez que uno es por los enemigos que tiene. Y es una pena pensar, entonces, que Cristina Fernández transforma su imagen por enemigos tales como jueces de alquiler sin nombre, divas fachistas de la TV, y apocalípticos manipuladores de opinión. Da piné al que no lo tiene.

También está, justamente en frente de la presidente, la oposición patética y revanchista, que tira piedras y se tropieza con ellas, como un nene bobo. Esa misma oposición que se arrodilló ante Menem y su voto desempate. La misma que no discute, que es una máquina de impedir y ni siquiera se preocupa por disimularlo.

Entonces, Terragno se alía con quizás el máximo responsable (¿a esta altura cabe alguna duda?) de la salida estrepitosa del último presidente que puso su partido. Y justamente Duhalde, llena un teatro de fieles resabios de una vieja forma de hacer política, para lanzarse a la presidencia y vanagloriar a nefastos personajes como Ruckauf.

Mientras tanto, Carrió profetiza que “la gente” en la calle quiere matar a los Kirchner. Y cuesta percibir si, misticismo mediante, se trata de una piedra gigante o un grano de arena.

Pino Solanas, el mismo que sostiene una lucha tan genuina como necesaria por la recuperación de los recursos naturales, se sienta a conversar con los vende patria del PRO, los gurúes de una gestión artificial que no saben como tapar los baches... los que dejan en la economía porteña.

Reutemann la va de caudillo provincial, y gatopardea, sale y entra de la escena cuando quiere y como quiere, tirando alguna piedra en busca de la tapa de Clarín. Siempre es un potencial candidato, pero nunca sale del potencial.

Los radicales se confunden, evidentemente. No sólo por las “vueltas de la vida” de Terragno, sino por colgarse de las tetas de la vedette de la 125, que sabe de destrozar buenos humores en elencos propios y ajenos. Se marean los radicales, y encarar la misma piedra a toda velocidad.

Cobos traiciona sistemáticamente, poniendo cara de yo no fui mientras opera, y aglutina a desdichados y profesionales en la misma caja, con obvio destino trágico e intereses de gobierno. Tira la piedra y esconde la mano.

La clase media, dueña del termómetro social y la opinión pública, es víctima permeable de la influencia mediática, y responsable de la incapacidad de análisis serio y de la histeria como reacción permanente.

Otra vez se ve desencantada, y atina a revolear lo que tiene a mano, para hacer ruido en todas las puertas. Vale lo mismo si sale un juez politizado, un dirigente gauchócrata, o un colombiano mediático. Ellos golpean, alguien va a atender. La poca memoria hace que las piedras se tiren para puertas condenadas por la historia, pero aparentemente no por la clase media.

Esa bendita clase media, la que ayer llenó la plaza cuando un milico borracho anunció la gesta de Malvinas, y hoy defiende a personajes ocasionales como Eduardo Bussi, que de repente es progresista, y condena el pago de la deuda externa.

Lo triste no es el piedrazo, ni el tropezón sistemático. Lo triste es la falta de debate que genera tanto embrollo. Lo triste es que existan tan pocos reflejos de memoria social.

Son distintas las piedras con las que cada uno tropieza, o las que cruzan el cielo amenazantes. Pero todas tienen tallada, bien grande, una leyenda que anuncia el fracaso: Argentina, seguí participando.

1 comentario:

  1. Me encantó esta editorial, tanto por el tema que aborda, por la manera en que trata y también por la interpretación que tuvo su lectura.
    besos!
    LU

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