viernes, 30 de abril de 2010

DISCOS DEL CARAJO XX: ALTA SUCIEDAD


Por el Chaucha Bianco

Hay coincidencia. En épocas de quórum (o falta de), en tiempos de porcentajes y números opuestos, en días de discusiones y veredas de en frente, sucede que hay algunas pocas cosas que generan coincidencias.

Que Messi es el mejor jugador del mundo, que a Carrió le chifló el moño, que a Nico Repetto se le pasó su cuarto de hora, que Chacarita le hace mal al fútbol, que Fabbiani está gordo, que a Graña lo van a cagar a trompadas muy pronto, que Charly es un ser paranormal, o que el helado de frutilla es más rico al agua que a la crema…

Todas estas cosas generan coincidencias, sonrisas cómplices, miradas complacientes y meneos verticales de cabeza, con un “claaaaaaaaro” que suena a coro popular. 


Coincidencias, aprobación general, punto de encuentro. Eso y más, genera el artista y el álbum que presentamos hoy, en una nueva edición de Discos del Carajo.

Esquivando el Éxito los invita a brindar esta noche, con el amigo de todos y cada uno, con el Salmón, con Andrés Calamaro, y su Alta Suciedad.


Alta Suciedad es el primer disco de una nueva etapa de Andrés. Una nueva de varias que tuvo Calamaro, de paso por Raíces, Los Abuelos de la nada, temprana carrera solista, invitado de todos, Madrid… No vamos a contar la historia de vida de Calamaro. Para eso existen cientos de canciones que lo retratan de cuerpo y alma a lo largo de los años.

En esta oportunidad, recién cortaba un período prolongado y sumamente exitoso con una banda que formó en España, su segunda patria. Se trata de Los Rodríguez, grupo que comandó junto a su amigo Ariel Rot en los ’90, y que le valió el reconocimiento como estrella de rock e inmaculado artista del rock de acá.

Era 1996, cuando el “Hasta Luego” de Los Rodríguez marcó la separación de la banda y el inexorable regreso al plano solista del Dylan porteño. No era su primera experiencia, como dijimos ya tenía cuatro discos solistas bajo el brazo, pero que no habían tenido el éxito esperado: Hotel Calamaro (1984), Vida cruel (1985), Por mirarte (1988) y Nadie sale vivo de aquí (1989).


Separado de sus compañeros de ruta, y con un contrato como solista en el bolsillo del saco, Andrés evaluó las opciones y, fiel a su estilo, eligió tirarse a la pileta sin tener la seguridad de si dentro había agua o cocodrilos hambrientos.

Pensó en hacer algo a solas, en su estudio madrileño llamado El Horneo Resurrecto, pero desechó la posibilidad. Necesitaba despegar de la ciudad de Sabina. Convocar amigos, repartidos a lo largo y a lo ancho del globo era otra opción tentadora. Pero no.

Calamaro hizo la más difícil. Separado del éxito como líder de una banda y con la pesada mochila de hacerse cargo como cara y estampita de su obra inmediata y futura, viajó a una ciudad con basta historia de rock: Nueva York.


Con la sola complicidad del productor Joe Blaney, Andrés se embarcó en una historia de cesionistas negros. Yendo de New Jersey a Manhattan, Calamaro y su troupe de músicos alquilados lograron intensas semanas de laburo prolijo y metódico, donde se exigen y se autoexigen a tope, antes de completar la tarea de post-producción en Miami.

Las guitarras estuvieron a cargo de Hugh McCracken, guitarrista de Lennon en "Double Fantasy". Los solos son de otro excelente guitarrista, Marc Ribot, que grabó en "Rain Dogs" de Tom Waits y en "Spike", de Elvis Costello. El tercero es Eddie Martínez.

La silla detrás de la batería la ocupó Steve Jordan, de los X-Pensive Winos, la banda de Keith Richards. Dos bajistas se repartieron la tarea: Charly Dryton (también de los Winos) y Chuck Rainey, que ha tocado con Aretha Franklin.

Lo que se dice una selección. Y se nota en el sonido cuidado de esta producción que salió en 1997.

Celeste Carballo, Palito Ortega y Antonio Escohotado pusieron voces invitadas a una obra que iba cerrando cada vez mejor.

Digo la obra, porque por entonces hablar de Alta Suciedad, todavía era un misterio. El disco maquetó varios nombres, como “El otro lado del novio del olvido” o “Decidí contarlo”.


“En este disco intenté que la música siga siendo interesante inclusive cuando yo termino de cantar, que mis canciones no tengan solamente letra, que vayan por encima de un groove, de una batería. Me vas a mentar a Dylan que dice que una canción debe ser los suficientemente heroica como para dar la sensación de poder detener el tiempo. La letra no es lo único que importa, la gente se emociona con diferentes cosas, a veces sólo hace falta una guitarra roncando y ya es un buen rock”.

Palabras de Calamaro, para darle comienzo a este gran disco que comienza con un crudo rock que le da nombre al álbum. “Alta Suciedad” es pura guitarras punteadas, riff potentes y una bajada de línea para los aristócratas de cotillón que habitan estas pampas.

Siguen “Todo lo demás” y “Donde manda marinero”, dos baladas hermosas de la más pura cepa Calamaro. Los prolijos arreglos musicales y el cuidado de las letras destacan a estos dos temas cálidos.

Canción número cuatro, y quilombo en puerta. “Loco” es un funk criollo que de movida avisa que se va a fumar un porrito en un parque. La avanzada moralista causó todo tipo de problemas a Calamaro por ese verso inicial, y el tema fue censurado en canales de música y radios fm. No en Esquivando, lógico…

El quinto tema es tan redondo que uno nunca se cansa de escucharlo. “Flaca” sonó en cada rincón de la Argentina como corte de difusión del álbum, y es un himno del artista. Historia de amor desamorado, puñales, recuerdos, un pasado mejor.


Se pone densa la cosa con “¿Quién asó la manteca?”. Sexto tema, ácido, con letanía y reclamos: “Hoy leí las noticias de hoy, eran iguales a las de ayer” canta Calamaro y pregunta “¿quién puso algo en mi vaso?”

Media Verónica es sencillamente impresionante. Emociona desde la melodía hasta los versos que denuncian que “la vida es una cárcel con las puertas abiertas”. Este tema ya había sido compuesto para el disco Chiapas”, en homenaje a los aborígenes de esa zona de Méjico, pero en otra versión.

“El tercio de los sueños”, madrileña hasta la última estrofa. La Plaza de los Toros, otra búsqueda de nuevos ritmos en este álbum polisonido.

El tema número nueve se llama “Comida china”, y es una excepción porque no cuenta con la participación de los músicos. De tono intimista, Andrés y su piano crean una obra maestra, una hermosa canción que habla de domingos normales y atardeceres inevitables.


Suena “Elvis está vivo”, un homenaje a la leyenda que descansa viendo diez canales a la vez. La voz de Palito Ortega se cuela por ahí, y Calamaro se imagina al rey del rock en una bata de seda pasando sus mejores días.

Sigue el rock con “Me arde”, uno de los cortes del disco, un tema muy Rodríguez que podría haber formado parte de alguno de sus álbumes, tranquilamente.

Otra vez se pone intimista el Salmón, y arremete con “Crímenes perfectos”, un tema cantado con el corazón en la mano, roto. “La moneda cayó por el lado de la soledad”, y Andrés lo interpreta como nunca.

El tema número trece es otra novedad en la búsqueda constante de sonidos. Se trata de “Nunca es igual”, un reggae de ocho minutos (aunque usted no lo crea), con la voz de Antonio Escohotado.


“El novio del olvido” va en código casi tanguero, un suspiro nocturno de melodías cuidadas hasta el recelo.

El disco cierra con un bonus track, una versión muy bonita de “Catalina Bahía”, aquel recordado tema de Pedro y Pablo, un amor revolucionario y prohibido, un grito de libertad en plena barbarie asesina.



El disco superó las 500 mil copias vendidas en todo el mundo, y se convirtió así en el segundo disco más vendido del rock argentino, después de “El amor después del amor”, de Fito Páez.

Durante la gira de presentación, varios artistas se subieron al barco del capitán Calamaro, entre ellos el propio Fito Páez, y el vecino Joaquín Sabina.

Un dato que demuestra la vigencia de este álbum perfecto se desprende de una encuesta de la revista Rolling Stone, que lo ubica, diez años después, en el décimo puesto entre los 100 mejores discos del rock local. Fueron 180 músicos y periodistas de rock los que dieron la venia y votaron esta majestuosa obra del Salmón.

Quizás haya sido este el comienzo de la hemorragia compositiva en la que se convirtió la obra de Calamaro, con sus muchos discos y muchas canciones surgidas en cualquier momento, y en cualquier lugar.

Pero este disco es el legado más perfecto del amigo de todos. Gracias Andrés, gracias por generar coincidencia.

Lista de temas:
1. Alta Suciedad
2. Todo lo demás
3. Donde manda marinero
4. Loco
5. Flaca
6. ¿Quién asó la manteca?
7. Media Verónica
8. El tercio de los sueños
9. Comida china
10. Elvis está vivo
11. Me arde
12. Crímenes perfectos
13. Nunca es igual
14. Novio del olvido
15. Catalina Bahía

2 comentarios:

  1. el disco PERFECTO.
    me voy a escucharlo....

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  2. mas alla de la cantidad de ventas, Alta suciedad es el Amor despues del amor de Calamaro porque es El disco, redondo por donde se lo mire, cada tema tiene identidad y queda en la memoria.
    Andres en su salsa, plena cresta de la ola
    muy buen especial!
    LU

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