sábado, 1 de mayo de 2010

MADRES DEL AMOR. PRIMERA RONDA.


Por Juan Ignacio Apogliessi

Más de uno tiene miedo a volverse loco cuando llega a viejo.

No se sabe bien bien si fue el 28, el 29 o el 30…Había sido en abril.

Abril, mes de luz en años de oscuridad, cuando las nubes del último gobierno de facto de nuestra historia taparon el cielo con un tendido de sangre que a 34 años aún no encuentra explicación.

Pero fue en abril que ellas habían decidido juntarse, por primera vez, en la plaza de mayo…esa plaza que se encontraba a pocos metros de donde se sentaban los responsables de lo que se concretaba como la pesadilla de cada día.

Esa plaza que había sido testigo presencial de tantas luchas, de tantos pedidos, de tantos discursos y de tantas presentaciones populares, era el lugar elegido por las locas, como eran llamadas en un principio, para pedirle explicaciones a un sangriento gobierno que no daba explicaciones ni siquiera a la hora de tomar la mismisima vida de un habitante.

Las llamaban locas…pero eran madres…

Las llamaban locas…pero eran abuelas o futuras abuelas que pese a no conocer a sus nietos, lo eran…

Las llamaban locas y fueron la locura más importante en materia derechos humanos de los últimos treinta y pico de años.


Y a más de treinta y cuatro años del genocida golpe del 76, Esquivando el Éxito le da su merecido homenaje a las mayúsculas madres y abuelas de plaza de mayo, que a igual cantidad de años no se toman vacaciones en su costumbre de inundar cada jueves, y cada día desde la noche más larga de nuestra historia, la plaza de historias y de memorias de 30 mil tragedias que nunca tendríamos que haber sufrido como sociedad.

El comienzo del reclamo nació como una iniciativa de madres de detenidos y desaparecidos el 28 de abril de 1977 en Buenos Aires. Su objetivo inicial era poder tener una audiencia con el Presidente de facto argentino Jorge Rafael Videla. Para ello se reunieron en la Plaza de Mayo y efectuaron una manifestación pública pacífica pidiendo saber el paradero de sus hijos.

"Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo? Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos."

Esas habían sido las palabras de Azucena Villaflor de Devincenti, una de las madres que se hicieron presentes en la primera reunión en la plaza situada enfrente de la casa de gobierno y que tiempo después, en diciembre del 77, se convertiría en una desaparecida más, junto a Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco (las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo), las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, y siete activistas de derechos humanos.

Entre aquellas primeras Madres estuvieron: Azucena Villaflor de Devincenti, Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Gard (4 hermanas), Delicia González, Pepa Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Sra. De Caimi y una joven que no dio su nombre. Al viernes siguiente aparecieron más madres, entre ellas Hebe de Bonafini, de la ciudad de La Plata. La presencia de las madres en la Plaza era conocida por comentarios de boca en boca, puesto que así como no existían los "desaparecidos" para la prensa, tampoco existían las Madres. Al tercer día se cambió el viernes por el jueves. Acordaron que fueran los jueves de 15:30 a 16:00 hs. de la tarde por ser un día y una hora en la que transitaba mucha gente por la Plaza, ellas permanecían en grupo y de pie sin caminar. Fueron los policías que custodiaban la plaza quienes les indicaron que marcharan de a dos porque como el país estaba bajo estado de Sitio estaban prohibidos los grupos de tres o más personas. Por lo tanto y dadas esas condiciones, comenzaron las marchas alrededor de la pirámide de Mayo, símbolo de la Libertad, que continúan aún hoy. Para reconocerse, comenzaron a usar un pañuelo blanco en la cabeza hecho en un principio con tela de los pañales que se usan para bebés, representando así a los hijos. Ese pañuelo se convirtió en su símbolo. Las Madres intentaron dar a conocer sus dramas y así participaron de marchas religiosas numerosas y populares en las cuales era conveniente que pudieran reconocerse.


Y pese a su compromiso y a su limite de la plaza de mayo como escenario de acción, el mundo las conoció, cuando todo el mismo mundo veía que no solo un mundial visitaba el país, sino que existían cosas en Argentina bastante mas relevantes que una mera competencia deportiva.

Hebe de Bonafini, actual lider la una de las lineas, declaró: “Una de las cosas más importantes es que Holanda haya pasado en vez del mundial (Argentina ’78) la marcha de las Madres, porque era jueves y ahí nos conoció el mundo. Yo creo que eso fue un cimbronazo muy grande para las Madres porque inmediatamente las mujeres de Holanda nos escribieron y nos dijeron “estamos a su disposición”, y ellas juntaron el dinero para que tengamos la primer casa, porque no sé si hubiéramos podido durar ya que estuvimos tres años sin tener dónde reunirnos”

Y cada jueves ellas estaban ahí…dando vueltas al monumento de la plaza para no ser detenidas en medio del estado de sitio que apresaba a toda persona que permanecía en la calle en circunstancias extrañas a la enfermedad genocida.

Los años, los vínculos con los que no estaban y las diferencias las separó en dos lineas de madres y, al mismo tiempo, dando lugar a las abuelas.

Asociación Madres de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora y Abuelas de Plaza de Mayo…tres agupaciones que, si bien independientes y de proyectos diferenciados, son conjuntamente una misma lucha, con las diferencias comunes a todos los seres humanos que viven en democracia con la valentía de la memoria que no se vende y la calidez de una madre o una abuela que no se resigna a perder en el mero recuerdo a sus familiares perdidos por culpa de un siniestro y asesino plan forjado por un grupo de individuos de hierro que, como dice Leon Gieco, no se dio cuenta de que gente que avanza se puede matar pero que los pensamientos quedarán latentes en las cabezas de quienes no renieguen de lo que aquí ha sucedido.


Y gran parte de la memoria, de lo vigente de las huellas de los terribles asesinatos, muchos no castigados, se lo debemos a las Madres y Abuelas que con el riesgo de ser un número mas en esta tragedia, pasaron el infierno militar y presidencias que las apoyaron, que las olvidaron y hasta que las atacaron, solo por repetir un mismo ritual cada jueves, que empezó de a 14 y hoy reúne a miles, a millones que aunque no esten fisicamente en la plaza, estan allí, circulando, recordando y hasta gritando el “nunca más”, ese rezo que se hizo libro y testimonio concreto.

Siempre siguieron su camino. Llorando por Malvinas, peleando por castigos a los responsables del infierno con la democracia recuperada, soportando los indultos de un tal Carlos Saúl, asumiendo la indiferencia del representante de una alianza, observando cinco presidentes en una semana y trabajando en dos mandatos, que con decisiones criticas y otras acertadas, les dio el lugar que merece un grupo de esta magnitud en materia Derechos Humanos.

Hasta dicen que le darían un Nobel…ese mismo que le dieron al presidente de Estados Unidos por mucho menos…

Las llamaban locas, las locas de plaza de mayo…y eran los mismos que las llamaban asi, aquellos que hoy enfrentan, si es que la parca no se los llevó, los retrasados juicios a sus delitos de lesa humanidad…y son los mismos que no esperaban que esas locas superen los años, cambiando arrugas por luchas y por las esperanzas de encontrar a todas las historias que se puedan encontrar, después de que siete años de sangre se lleven mucho más que 30 mil seres humanos.


Locas les decían.

Será que hay que estar loco en esta vida para ver pasar los días bajo el sol de una Plaza, mientras se sigue esperando a aquellos hombres, mujeres y niños que fueron arrancados de los brazos de una sociedad, que mal que mal, nunca mereció esto.

Quizás es una especie de locura que debería contagiarse al resto de la sociedad, de parte de un grupo de viejas y viejos que aún se emocionan cuando un pibe de treinta y pico, recibe el documento que nunca le dejaron tener.

Por eso, y en homenaje a las madres, quizás deberíamos dejar de tener miedo a ciertas locuras de la edad senil.

Y utilizar ciertas locuras para tener memoria de los que muchos no recuerdan.


1 comentario:

  1. Danza en el hombre
    un infierno capaz
    de matarse y matar,
    desde la ternura hasta el sol.
    Fieles amantes,
    cerrojos y pactos,
    y madres que están
    reclamando milagros del bien.

    Santiago Feliú.

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