viernes, 25 de junio de 2010

EL COMUNISTA HORMONAL


Un homenaje de Apito

Hace unos dias se fue un tal Jose de Sousa, y aunque a muchos no le suene, creame que lo ya extraña. Lo que sucede es que es muy difícil reconocer a alguien por el apodo de su padre, que como cuenta el propio damnificado, pasó a ser su apellido, allá por los años 20, en una oficina del registro civil de Azinhaga, en Portugal.

“Saramago no era el apellido de mi padre, sino el apodo. El empleado del registro civil estaba borracho y añadió Saramago al nombre que yo debía llevar: José de Sousa. Cuando me matricularon en la escuela primaria tuvieron que presentar una partida de nacimiento, y el antiguo secreto se descubrió, con gran indignación de mi padre que detestaba el mote. Pero lo peor fue que llamándose mi padre José de Sousa, la ley quiso saber cómo tenía él un hijo cuyo nombre completo era José de Sousa Saramago. Así, intimidado, no tuvo más remedio que hacer un nuevo registro de su nombre, por el cual pasó a llamarse como yo, su hijo.”

Así empieza la historia de Jose Saramago, una historia mayuscula en la literatura mundial, un exponente de una época, una pluma exquisita y conciente.

¿Cómo es posible contemplar la injusticia, la miseria, el dolor sin sentir la obligación moral de transformar eso que estamos contemplando? Cuando observamos a nuestro alrededor vemos que las cosas no funcionan bien: se gastan cifras exorbitantes en mandar un aparato a explorar Marte mientras cientos de miles de personas no tienen para alimentarse. Por un cierto automatismo verbal y mental hablamos de democracia cuando en realidad de ella no nos queda mucho más que un conjunto de ritos, de gestos repetidos mecánicamente. Los hombres, y los intelectuales en tanto ciudadanos, tenemos la obligación de abrir los ojos.


De esa forma, Saramago le gritaba al mundo eso que lo pintó de pies a cabeza cada vez que ponía frente a la tan temida hoja en blanco, esa que llenó de palabras tan hermosas como ciertas, desde pequeño, aunque tuvo que interrumpir sus estudios para trabajar en una herreria.

La economia de su familia lo obligó a eso. Trabajar para comer, pero lejos de alejarse de lo que sería su profesión, las carencias materiales lo llenaron de abundancia intelectual y de una conciencia social que significó mucho mas que una adhesión al partido comunista de su tierra.

Pronto cambió de trabajo y comienza a trabajar de administrativo en la Seguridad Social. Tras casarse en 1944 con Ilda Reis, Saramago comienza a escribir la que acabará siendo su primera novela: Terra de pecado, que se publicó en 1947 pero no tuvo éxito. Ese mismo año nacería su primera hija, Violante, según el su primer gran Exito.

Como casi todos los genios que invitaban a abrir los ojos, sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura, encabezada por Salazar, el dictador portugués que ejerció como primer ministro entre 1932 y 1968.

Saramago, pasó cerca de veinte años alejado de la literatura.

Extremadamente comprometido con el destino de su país, en 1974, se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles", que llevó la democracia a Portugal.


Y a finales de los sesenta, volviendo a su gran amor, se presentó con dos libros de poemas: "Os poemas possiveis" y "Provavelmente alegría" (parte de un ciclo que completaría en 1975 con "O ano de 1993"). Puede que la demorada publicación de sus textos sea el motivo por el que numerosos críticos lo consideran un «autor tardío». Y quizá sea cierto, aunque ello en modo alguno vaya en contra de una cuestión mucho más importante: Saramago es dueño de un mundo propio, minuciosamente creado, libro a libro, y su obra llevó muchos años situándolo en el primer plano literario de su país. Ya sus primeras publicaciones en prosa -"Manual de pintura y caligrafía" (1977) y "Alzado del suelo" (1980),- lo acreditan como un autor de indiscutible originalidad, por su controvertida visión de la historia y de la cultura. 

Su primera gran novela fue esa misma, Levantado del suelo (1980), un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, en la provincia de Alentejo. Con este libro Saramago consigue encontrar su voz propia, ese estilo inconfundible, claro pero poético, algo que lo ha distinguido siempre.

En los siguientes años, Saramago publica casi sin descanso: Memorial del convento (1982), donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones.

Su obra no se limitó a sus obras literarias sino que ha ejercido un gran poder declaratorio a la hora de participar en encuentros solidarios y asambleas políticas internacionales donde nunca escondió sus ideas, hasta cuando le exigió al mismisimo gobierno portugues el reconocimiento de miles de indocumentados que habitaban su tierra.


“Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, esos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.” Dijo aquella vez.

Distinguido por su labor con numerosos galardones y doctorados honoris causa (por las Universidades de Turín, Sevilla, Manchester, Castilla-La Mancha y Brasilia), José Saramago ha logrado compaginar sus viajes y su labor literaria con su amor a Lisboa y sus estancias en Lanzarote, lugares en los que reside alternativamente y donde lleva adelante su búsqueda artística de todo aquello que la historia no recoge, sustrayéndolo al conocimiento del hombre. Algo que señala con justificada reiteración en Cuadernos de Lanzarote, verdadera autobiografía espiritual donde Saramago subraya las líneas maestras que guían su escritura.

Pero no todo fueron reconocimentos. La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal (que se considera una república laica), cuando el gobierno veta su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que “ofende a los católicos”. Como acto de protesta, Saramago abandona Portugal y se instala en la isla de Lanzarote (Canarias). En 1995 publica una de sus novelas más conocidas, Ensayo sobre la ceguera y en 1998 gana el premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer escritor (y hasta ahora el único) de lengua portuguesa en ganar este premio.

Ateo declarado, colaboró ocasionalmente en prensa, aportando su punto de vista, siempre agudo y comprometido. En definición suya, "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio".


Como todos en algun momento, Saramago falleció a los 87 años, el día 18 de junio de 2010 , en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas) debido a una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico. 

Nunca dejó de escribir y dejó 30 páginas de una próxima novela que nunca nadie terminara.

Al hablar de Saramago, es difícil no remitirse a uno de sus ultimos trabajos: Las intermitencias de la muerte, que trata acerca de un país donde la gente deja de morir, donde la muerte deja de trabajar, y las historia de una sociedad que solo envejece.

Salvando las distancias, seguramente más de uno quisiera vivir esa historia, donde evitaríamos perder a tantos genios, que en esta otra historia que es la realidad, desgraciadamente, se van.


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