viernes, 4 de junio de 2010

GANAR LA CALLE


Por el Chaucha

Aún se siente el vibrar incansable sobre el pavimento. Todavía se ven destellos coloridos en el cielo. De semáforo en semáforo va saltando un murguero con galera patriótica y levita revolucionaria. Son duendes, recuerdos pasados y realidades presentes.

Los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo dejaron una marca imborrable en generaciones enteras de argentinos, en el adn de nuestra historia contemporánea. Es pretencioso el análisis, pero vale adelantarse con seguridad a la historia y el panorama que dan los años. La más grande fiesta popular de la historia argentina merece tal riesgo.

La alegría y el orgullo vencieron la sensación de miedo que bajaba desde los satélites. Hubo una respuesta concreta a tanto discurso, cada vez menos hegemónico, cada vez más crispado. Y hubo una alerta, porque el que avisa no traiciona, y el pueblo aviso que está despierto, y que no siempre es boludo.

Millones de personas, ni un solo incidente. El contento general y las ganas de festejar, embanderadas por todos los presidentes de la región, menos –claro- los que siguen creyendo que el norte está arriba. Homenaje a libertarios latinoamericanos de ayer y hoy. Revisionismo histórico. Tango, murga y rocanrol.

Orgullo. Admiración y orgullo de pertenecer. Todo fue hecho en Argentina, por argentinos, para argentinos. Y el reconocimiento, por supuesto, infla el pecho y da soga a la emoción por venir del tercero de los mundos. Ese rincón del planeta que hoy une fuerzas y reivindica gritos callados y sometidos. Allí, en esta fiesta, Latinoamérica estuvo más presente que nunca.

Las postales se mezclan y se reproducen como figuritas de un álbum interminable. La fiesta, el carnaval, brindan la posibilidad de cambiar de roles. Como en la fiesta de un hermano en Catalunya, hoy vuelve el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza. Pero ya no volvieron como se fueron. Algo cambió para siempre. Se despertó un nervio que fue dormido hace tiempo, a palazos y torturas.

Bajando del auto y viajando por las vías argentinas, uno puede ser testigo de momentos maravillosos. Tan maravilloso como ver el preciso instante en que un pibe de unos ocho años cuelga su bandera bicentenaria en el balcón de una estructura tan precaria que sería técnicamente incorrecto llamarla casa.

El sistema vomitó a ese pibe, se vomitó a sus padres, y quizás sus hijos no tengan mejores chances. Pero allí está, orgulloso, colgando su manto celeste y blanco, tan blanco que desentona con el paisaje suburbano.

La escena es ajena al acto, pero genera la misma reflexión sobre el ser argentino y sobre ese nervio que asomó la cabeza la semana pasada, como hacía tiempo no sucedía.

La ancha avenida fue angosto pasillo de goce popular. Las cifras dan sabor al triunfo, acarician el ego nacional. Dicen que seis millones… Vaya uno a saber.
Queda la resurrección, el orgullo de pertenencia y el sentimiento de que “todo empezó a estar mejor”.

Aunque Nelson Castro se indigne ante las expresiones artísticas populares. Aunque Eliaschev y Leuco sangren por la herida de una manifestación que pretendían crispada. Aunque De Narváez prefiera la pana del colón al roce arrabalero. Aunque Oscar Aguad de vueltas, aturdido, buscando complicidad a su discurso. Aunque Bonelli pronostique lluvia y sufra los caos vehiculares.

Aunque millones de pies bajando las calles le cambien el ánimo a tanto buitre con micrófono, quedará en la retina nacional el pueblo excitado de alegría y orgullo como escenografía permanente. Sí, pese a sus tics nerviosos, se oyen ruidos de rotas cadenas.

Lo lamento por ustedes, señores.

El pueblo ya está en las calles.

4 comentarios:

  1. muy emocionante editorial
    también lo dijo fito sobre el escenario " que lindo ver a la gente en la calle de nuevo"
    LU

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  2. uyyy el poeta facundito.

    UN SALUDO EN EL DIA DEL PERIODISTA.

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  3. Me rectifico.

    Hermosas palabras las volcadas por Facundo Bianco claramente demuestran su capacidad de contar sucesos reales de una manera distinta, creíble y sincera.

    Un gran Abrazo a todos!

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  4. La bipolaridad de mi hermano Aiub, en su máxima expresión (post apretada mía, claro)

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