martes, 3 de agosto de 2010

BASTONES LARGOS NUNCA MÁS


Por Apogliessi Ignacio Juan

Sin dudas, Uno de los hechos más trágicos de la historia argentina desde mitad de siglo XX fue conocido como la NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS.

Pero no todo empezaba ahí, sino que el inicio de esta trágica fecha comenzó un 28 de junio de 1966, cuando el Teniente General Juan Carlos Onganía derroca al gobierno democrático de Arturo Illia, dando origen a la autodenominada Revolución Argentina.

El golpe militar de Onganía se produjo para evitar el triunfo del peronismo en las elecciones a gobernador en la Provincia de Buenos Aires, que tenían que celebrarse en marzo de 1967.

En este período se instaló una dictadura represiva sin capacidad para el diálogo y que despreciaba la política propiamente dicha, mientras apostaba a la economía ultraliberal y postergaba indefinidamente la acción social.

La Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, CARBAP, la Asociación de Bancos y ACIEL (Instituciones Empresarias Libres) apoyaban la dictadura: ese régimen "apolítico" les garantizaba que sólo los militares y las grandes empresas operarían el poder.

El propio Presidente de Facto, declaraba la necesidad de limpiar moralmente el país.


En este contexto, los estudiantes universitarios fueron uno de los sectores que más se opuso a esta nueva dictadura militar.

En esa etapa, las universidades publicas argentinas estaban organizadas bajo los principios de la reforma universitaria de 1918, que establecían la independencia y autonomía universitaria del poder político, el llamado cogobierno tripartito formado por estudiantes, docentes y graduados, la provisión periódica de los cargos docentes mediante concursos públicos, la libertad de cátedra, con distintas orientaciones ideológicas o académicas y la asignación por parte del Estado de presupuestos que permitieran el adecuado funcionamiento universitario.

El 29 de julio de 1966 la dictadura dictó un decreto que ponía fin a la autonomía universitaria y se proponía "eliminar las causas de acción subversiva" en los claustros. En algunas facultades se realizaron asambleas como manifestaciones de oposición. Profesores y estudiantes fueron forzados a abandonar los edificios a golpes. Muchos fueron detenidos.

En la "noche de los bastones largos", así llamada por los largos bastones que utilizó la Policía Federal, la irrupción en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Filosofía y letras de la Universidad de Buenos de Aires fue particularmente violenta: la policía apaleó a cuanto profesor, graduado o estudiante estaba en la Facultad y, después de insultos y agresiones que incluyeron un simulacro de fusilamiento, detuvo a los profesores por varias horas, y a los estudiantes y graduados por casi dos días.

Durante la represión las movilizaciones de protestas de los estudiantes se desarrollaron en todos el país. En todas las universidades del país la intervención -y el vaciamiento académico que la acompañaba- posteriormente generó un repudio generalizado que empeoró la situación represiva, incluso por encima de lo planeado en un principio por el gobierno militar.


El movimiento estudiantil universitario reagrupó sus fuerzas y peleó contra la intervención, haciéndose fuerte en muchas otras zonas del país, como Córdoba a través de la huelga general por tiempo indeterminado y las movilizaciones con actos relámpagos encabezados por el Integralismo, movimiento que integraba a cristianos y peronistas.

La policía recibió órdenes adicionales de impedir los actos y reprimir a los estudiantes y se producen batallas campales que abarcan el centro de la ciudad.

La represión dejó 400 estudiantes y profesores heridos y detenidos; todos los decanos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y 1400 docentes renunciaron a sus cargos.

Además se destruyeron la mayoría de las bibliotecas universitarias, perdiendo, según informes posteriores, cerca de 200 mil ejemplares de libros de uso universitario.

En los meses siguientes a la noche de los bastonazos, renunciaron 1.378 docentes de la UBA, cientos fueron despedidos y otros tantos abandonaron el país.

En total emigraron 301 profesores universitarios, de los que 215 eran científicos premiados años después en Europa y Norteamérica por sus avances en los rubros educativos y tecnológicos.


Algunos de los casos más resonantes son el de Klimovsky, anteriormente nombrado y el de Rolando García, un referente ilustre de la historia de la ciencia argentina, quien hoy, a los 91 años, es miembro del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la U.N.A.M. e Investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

Fue vicepresidente fundador del CONICET y como célebre decano que transformó la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA colocándola en un primer nivel internacional y poniéndola al servicio del desarrollo del país. Como decano repudió el golpe de estado de 1966 y resistió la intervención de la UBA en la fatídica noche.

Para entender la trascendencia de este científico exiliado en esos años, basta con entender que fue precursor del estudio del cambio climático global y de su impacto en los sistemas productivos y de su papel en el desarrollo, junto a Jean Piaget, de lo que se llama la epistemología genética.

Tal como la define su fundador, Jean Piaget (1896-1980), es una teoría del desarrollo del conocimiento, que «trata de descubrir las raíces de los distintos tipos de conocimiento desde sus formas más elementales y seguir su desarrollo en los niveles ulteriores, inclusive hasta el pensamiento científico».

De esto nos privó, entre palos y sangre, la revolución argentina, quien destruyó una época de educación de excelencia que combinaba la actividad docente de eminencias científicas con investigaciones argentinas de avances contemporáneos ilimitados. 


Se rompió con un modelo de universidad distinto a lo que vino después. Se prohibió la actividad política y el desarrollo de mentes por demás prometedoras.

Hoy las cosas cambiaron, aunque no todo lo que deberían haber cambiado.

Hoy no hay prohibición de militancia ni de investigación, pero tampoco se fomenta ni se facilita el acceso a una universidad didácticamente completa.

No hay becas, hay fuga de estudiantes hacia otros países con más oportunidades, y aunque no haya represión física, hoy aquellos años siguen mostrando migajas de un proyecto infernal.

Es importante recordar esta fecha para poder cambiar lo que aún podemos cambiar.
 

1 comentario:

  1. me pueden explicar por que sucedio la noche de los bastones largos

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