lunes, 17 de enero de 2011

DISCOS DEL CARAJO XIII: LA ERA DE LA BOLUDEZ


Por Chaucha

La década infame, los noventa, el uno a uno, la ola privatizadora… Aquellos diez años de menemismo que dieron un significado eterno a un simple y hasta entonces vacío número, fueron etiquetados usando toda la paleta de posibilidades que brinda el castellano.

Pero créanme, ninguno de los muchos adjetivos que se ganó esta era manchada de corrupción, sushi con champagne, Ferraris, súper modelos y cohetes en la estratósfera, fue tan contundente como la que le endilgó un dúo fundamental de nuestro rock.

Y es que, entre el mucho daño económico, político y social que esa década le produjo a la Argentina, también hubo un ataque directo y sistemático a la cultura nacional y popular, que vio invadido su hábitat por pavadas enlatadas, exportadas como juguetitos chinos.

Mientras el estrato más ignorado de la sociedad presenciaba en silencio el camino a la miseria más miserable, la clase media y el jet-set vivían épocas de bonanza y pelotudeo 24 horas non-stop.


Lo sabemos: la música es, o puede ser, un método concreto de resistencia. Y ahí apareció este impecable disco, fruto de una sociedad compositiva que estaba lista para masificar su obra, a fuerza de una guitarra perfecta y un bajo con perfil asesino que te tritura la cabeza.

Damas y caballeros, traigo a ustedes una nueva edición de Discos del Carajo (la primera en FM La Boca). Viene a arrancarnos la cabeza de cuajo, la aplanadora del rocanrol, Divididos. Y el disco que mejor expresó desde su título aquellos años nefastos. Comencemos a viajar por “La era de la boludez”.


Hagamos un poco de historia. El nacimiento de Divididos, como todos deben saber, tiene que ver con el fallecimiento de otra banda. O más precisamente, con el de su líder, ícono, estampíta, creador y corazón. Luca Prodán dejó San Telmo en diciembre del 87, y entre amargura, tristeza y desconcierto, los integrantes de Sumo intentaron cerrar una historia que no cerró nunca, y formaron Divididos (Mollo y Arnedo), y Las Pelotas (Dafunccio, Sokol y Superman Troglio).

En realidad, Divididos fue primero La División. Pero con buen tino (sobre todo estético), decidieron cambiar por su nombre actual. Seis meses después de enterrar a Luca en Avellaneda, el barrio de Flores era testigo del nacimiento de esta banda.

Dos discos pasaron antes de que llegue el que nos compete. “40 dibujos ahí en el piso” fue el primero de ellos, que comenzaba a mostrar cómo estos dos Sumo se habían quedado con la parte más power de la banda. Después vino “Acariciando lo áspero”, ya con Gil Solá meta palito contra el tambor, y con un boleto a Obras Sanitarias, otrora templo del rock. Impresionante disco, que cobró mayor notoriedad, después de darle paso al álbum que nos trae hasta acá: “La era de la boludez”.


En 1993 llegó “La era de la boludez”. Editado por PolyGram y mezclado íntegramente en Estados Unidos, es considerado desde entonces, por parte de su público y de la crítica, como el mejor disco de la banda.

Algunas particularidades del disco, antes de recorrer su lista de temas:

Fue el segundo y último álbum para Gil Solá, quizás el baterista más representativo que tuvo Divididos. Tras su partida se puso en duda el destino de la banda, pero apareció Araujo primero y Catriel después, para darle larga vida a la aplanadora de Hurlingam.


Vale decir que Esquivando el Éxito no cree en las casualidades, y sí en las causalidades. Por eso habría que preguntarse si tiene algo que ver el hecho de que Gustavo Santaolalla haya participado como director artístico y músico invitado, con el inmediato paso a la masividad que tuvo la banda una vez que el disco llegó a las bateas. Se sabe: todo lo que toca el de Bajofondo, lo convierte en oro. También hay que rescatar el laburo de Aníbal Kerpel como productor asociado.

Además de Santolalla, pusieron sus sonidos a disposición de la obra: Luis Conte en percusión, Bruce Fowler en trombón, Melissa Hasin en cello y Aníbal Kelper en vibrófono y órgano hammond.

La tapa tiene su historia: mostraba una fotografía tomada por Alejandra Palacios, donde aparece Diego Arnedo tratando de alcanzar la cámara que lo mira desde arriba. “Era una buena fotografía y la actitud del gesto estaba bien, pero me costó resolver que mi foto iba a representar al grupo” dijo el bajista al suplemento Radar de Página 12, en diciembre de 2008.


Arranca “Salir a asustar”, bien funky y al palo, con los el trío demostrando todas sus habilidades con los instrumentos. “Salir a asustar te protege más, en esta la era de la boludez”. Clarito el primer mensaje del disco.

Le sigue “Ortega y Gases”, rarísima canción que mezcla folklore, reggae y ritmos ríoplatenses, para bajar algunas revoluciones. Ortega y Gases va comprándolo todo, y cantando que en esta época boba y perversa la “moral ajena mostró el almidón”… y así estamos complicados.

Uno de los puntos más altos de este disco, tiene que ver con la impresionante versión de “El arriero”, autoría del inolvidable Atahualpa Yupanqui, una de las influencias por fuera del rock más grandes que tiene Divididos. La guitarra de Mollo emociona y su voz se desgarra de angustia, y juntas hacen que este tema vuelva a ser un clásico, y que la prosa de Don Atahualpa recorra las calles, los campos y los ríos, otra vez. Carga con esa frase tan antigua y tan actual, con eso de que “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Impresionante desde el segundo cero.


El cuarto tema se llama “Salir a comprar”, y es casi un lado B del primer track. Se complementan ambos temas, en épocas de “justicia y miedo, asao’ y arroz”. Arnedo deslumbra y el tema guarda una marcha intensa pero casi acústica, hasta que todo explota en la voz de Mollo y vuelve el funky de aquel primer tema. Puro virtuosismo a cien kilómetros por hora.

Momento del primer corte del disco, y el hit más grande que tuvo la banda hasta el día de hoy. “¿Qué ves?”, es una radiografía de las costumbres argentinas que en los ‘90 copaban la vida diaria de muchos. “¿Qué ves cuando la mentira es la verdad?” desafía Mollo, y avisa que por estas pampas, “el bien y el mal definen por penal”. Este reggae de batería poderosa sonó en todas las radios del mundo, y hasta formó parte de la banda de sonido de “Comodines”, peliculón noventero y pochoclero de Adrián Suar y Carlín Calvo.

El sexto tema del disco se llama “Pestaña de camello” y hace recordar a las experiencias de Los Beatles con el sitar y otros instrumentos indios. Una cosa instrumental bien extraña, sobre todo para la energía de Divididos.


¿Quieren rock? “Rasputín” nos trae “metal y carnaval”. Un temazo con gran letra que alerta sobre la “fina línea entre el artista y el mono tití” que anda mostrando su “credencial fe de hígado” para certificar que es rockero. Hey Jude se engancha y llega extrañamente a cerrar el tema a pura potencia, después del inolvidable grito de Arnedo: “Tenemo’ las bola’ bien llena las nuestra”.

Track 8. “Dame un limón”. Clásico de clásicos. Aparecen “La gorda y su cadera con delay” en una escena que parece tener a dos caballeros codo a codo en la barra de un bar triste. A uno se le “llenó de hojas el bulín” y el otro “cambia gajo por infusión”. Se les pasó el cuarto de hora, y ya les parece que “no es poesía ver la carne transpirar”. Ese el único tema del disco compuesto por el trío, más Gustavo Santaolalla.

Vuelve el rock del oeste con “Paisano de Hurlingham”. Riff de guitarra al palo, muy AC/DC. Rock del clásico y crítica continuada a esa época tan chamuyo de los medios. “Canilla en el andén gotea noticias, te grita titular mentiras sin picar”.



Después de mucho rock, el disco pega un timonazo a partir del tema número 10: “Cristófolo Cacarnú”. Divididos empieza a coquetear con el reggae y se vuelve latinoamericano, protestando contra la Reina Isabel, España, la Iglesia Católica, y todos los culpables del genocidio aborigen en América. La frase “Tu museo no huele bien, hoguera quema libro y piel”, se destaca por sensible, por cierta y porque permite a otros sentidos intervenir en la escucha.

Le sigue “Indio deja el mezcal”, más sicodélica que la anterior, pura música y texturas. Mollo repite sin parar el título de la canción, y canta la corta pero intensa letra del tema “planta santa, nueva raza blanca, palestino sudado, fe, billete y soldado”. El tema viene lento y después toma ritmo a pura batería y sonidos de viola.

“Huelga de amores” viene a completar el trío de canciones bien latinoamericanas. Inspirada en textos de Eduardo Galeano, esta chacarera impresionante vuelve al ataque contra el genocidio de europeos en estas tierras vírgenes de pólvora. El tema cierra con una advertencia, un grito caprichoso de libertad: “la historia escrita por vencedores no pudo hacer callar a los tambores”.


El disco cierra de manera extraña. Que alguien me explique el viaje lisérgico que debe haber tenido la composición de “Tajo C”, un tema con las voces del trio deformadas, en una especie de zapping revistero por personajes noventosos (y más también). Una locura maravillosa.

Cierra una nueva “Pestaña de camello”, y termina un impecable disco, con matices de lo más variados y un rock que ya es marca registrada de Divididos.


Alejados de los guiños que daban las encuestas, porque “no tienen que ver con el sentimiento, sólo con lo que a un periodista le gusta”, según palabras del propio Mollo, Divididos se embarcó en 13 Obras tremendos, con recitales de más de tres horas al palo, porque hasta las chacareras eran tocadas al palo por la aplanadora del rocanrol.

Y no paró más. Siguió en pie Divididos, con momentos creativos intensos y parates prolongados (como el previo a Amapola), pero siempre tocando y dando vueltas al país. Hicieron de Tilcara su lugar, y por fin crearon su sello La Calandria, para alejarse un poco de las discográficas.

Quizás se hayan guardado algún resentimiento, por eso de que en 1994 y en pleno éxito de “La era…”, hicieron un Vélez para 20 mil personas, que no fueron más porque su sello de entonces les quitó el apoyo. Es que Divididos se había negado a que un artista colombiano en ascenso fuese telonero de aquel show. Carlos Vives era su nombre. Definitivamente, aquella era “La era de la boludez”.

2 comentarios:

  1. dame un limon, definitivamente de mis preferidos de los 90.

    F.

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  2. Muy bueno el post! Genial, gracias por desburrarme en este asunto que nos gusta tanto, el Rock Nacional!
    Abrazo!

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