viernes, 15 de abril de 2011

AL DON PIRULERO


Por Facundo Bianco

Es como un año de mundial. Pero sin Messi ni Cristiano, sin esa selección de cuarto mundo que se gana nuestro corazón rebelde, ni la potencia del fracaso festejado. 

Este año tiene otro ritmo. Los días parecen no respetar el sentido del tiempo, y se agitan o se dejan vencer por la letanía según mande la ocasión. Reina la bipolaridad, y hay que tener un poder de abstracción importante para que la vorágine no se lo lleve puesto a uno. 

Esa vorágine está compuesta por múltiples bocas que escupen información, informando y desinformando con la misma intensidad. Nos convierte en pequeños castillitos de arena en plena costa japonesa, un segundo antes de que se venga la ola. 

Es 2011, señoras y señores. Un año de elecciones. O sea, mucho anuncio publicitario, mucho operativo clamor, mucho afiche, mucha pared pintada y mucho volantito de esquina. En todas las esquinas. 

Y también en todos los canales. Porque los medios participan de forma fundamental, atendiendo su juego y pateando para el arco de las conveniencias. Sobran análisis, lobbys, declaraciones cruzadas, alianzas fraternales y divorcios irreconciliables. Todo propagado por la inmediatez de la radio, la parafernalia de la tele y la potencia de los diarios. 

Entonces, en pleno desarrollo del juego empiezan los disparates y las pisadas de palitos (más parecidos a troncos que a pequeñas ramitas). De políticos y de periodistas, porque hay de todo en la viña del señor…

Ahí nomás aparecen Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri, Ernesto Sanz, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Felipe Solá, y otros tantos opositores al Gobierno, firmando un documento que proclama: “Cuidar la democracia es el imperativo de la hora y lo vamos a hacer". 

Valen las preguntas, porque surgen y porque desgrasan el simple, pero nunca inocente, envío. ¿Quién va a cuidar la democracia? ¿De quién o de qué van a cuidar la democracia? ¿Por qué quieren cuidar la democracia? Hay respuestas para todo. Y todas son obvias. 

Continúa el zapping, y Cobos se sube y se baja con histeria de adolescente. Con dudosa elegancia, explica que no ser candidato y llegar a octubre como vice, “le hace bien al radicalismo como partido, porque demuestra que un radical puede terminar su mandato”. Se trate de un análisis o de una ironía, tiene una indudable carga de cinismo. 

El Gobierno Nacional comete una torpeza que llama la atención, e invita a Macri a vestirse de cordero atado ante el traslado de algunos policías de edificios públicos a la calle. Un tema que mediáticamente no reviste la menor importancia, y sin embargo se hace tapa con el llanto PRO y las tapas de los diarios. 

Solá (¿se acuerdan se Solá?) se dio por vencido antes del primer acto. Lo propio hizo Das Neves tras el papelón de Chubut. Sanz va en la misma dirección, después de que el partido del cual es presidente, proclamara a un rival suyo como candidato. Disparates, pisadas de palito. 

Carrió escupió en la cara de unos cuantos cuando anunció que no formará un espacio común “ni con corruptos, ni con narcos”. Se le caen las fichas a Lilita. Pero ninguna idea. 

Pino Solanas se pelea con Lozano mientras explica que en las provincias donde ganó el kirchnerismo, la pobreza hace que haya “mala calidad de votos”. Tremendo. 

Nadie muestra sus cartas, pero a todos se les ve el ancho debajo del culo. Pino no llega a dar la talla ni que atrasen las presidenciales dos años más, y ya está pensando en presentarse en la Ciudad. 

¿Y Macri? Sus pensamientos andan en la misma dirección, habrá que ver qué le aconseja Durán Barba. Mientras tanto, pasa sus días tomándole exámenes a los alumnos Michetti y Larreta. Ellos, los alumnos amarillos, comienzan a entender que entre tanta disyuntiva quedarán huérfanos, como actor sin escenario. 

Y si de actores hablamos, la pantomima que realiza el Peronismo Federal a lo largo y ancho del país, alterna entre lo bizarro, lo divertido y lo patético. Duhalde y Rodriguez Saa quedaron solitos en la pre interna, y se reparten votos sin valor para figurar en la tapa de Clarín. 

El Peronismo Federal genera un mundo de sensaciones, no diga que no. ¿Y los medios? Otro tanto también. Pase y lea. 

El órgano de propaganda oficial va por lo suyo, con tanto ímpetu que una noche de domingo puede verse a Sandra Russo maltratando a un delegado sindical invitado a su programa, por reclamar lo propio contra el multimedio que tanto ha denunciado la periodista. ¿El motivo? Son momentos donde el Gobierno necesita no darle de comer a Clarín. Lecturas políticas a parte sobre el piquete frente a Clarín, tanto humo puede hacer que no se vea el fuego. Y comienza la confusión sobre de qué lado de la mecha ponerse. 

En la vereda de enfrente todo es más confuso todavía. Dependiendo del horario en que se ponga TN, el candidato puede ser un asesino cruel o un tierno boy scout. Así de simple explican que Urtibey es K cuando pierde u opositor cuando gana. Conveniencias. 

Van Der Kooy le tira un guiño al fraude en Chubut, porque más vale ganar con un gol con la mano que perder. Morales Solá llora su libertad de prensa cercenada por un gobierno con signos fascistas, mientras Bonelli intenta redondear una idea. 

Lanata especula con que sólo falta que maten a los redactores, y Fontevechia parece haber vuelto al periodismo de denuncia, cuando acusa a Magnetto de hacer campaña por Macri. Tenembaum transita el duelo típico de un viudo. 

Así es, este 2011 no ahorrará en sorpresas y actuaciones de lo más delirantes. Como en el Don Pirulero, el que no atienda su juego estará sonado. A estar atentos entonces.

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