martes, 21 de junio de 2011

MICRO LEOPOLDO LUGONES


1. Debe haber marcado época un poeta para que, a 137 años de su nacimiento, su obra continúe siendo objeto de culto y devoción en la cultura latinoamericana. Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874, en Villa María, provincia de Córdoba. 

A 800 kilómetros de su casa, en la Buenos Aires que luego lo albergaría, se desencadenaba una discusión apasionada sobre la dirección que debían llevar los nuevos caños que trasladarían los desechos cloacales lejos de los hogares porteños. 

Año de elecciones, todo era motivo de discusión. Nicolás Avellaneda ganaba en el Interior, y Bartolomé Mitre, que se alzó con la victoria en Buenos Aires, intentaba voltearlo en la batalla de La Verde. Sarmiento dejaba el poder y todo era un quilombo. Hasta Juan Moreira, mítico gaucho, moría abatido en Lobos a manos de un comisario. 

En medio de un clima tan convulsionado nacía este poeta, ensayista, periodista y político. Quizás, de la vorágine de aquellos tiempos haya surgido una personalidad que terminó siendo controversial al mango. Y desde chico nomás... 

Porque su madre no debe haber mostrado demasiado orgullo ante la primera incursión periodística de Leopoldo. Es que Custodia Argüello brindó una educación estrictamente cristiana a su hijo, y éste la desayunó dando sus primeros pasos en “El Pensamiento Libre”, una publicación considerada atea y anarquista. 


2. Leopoldo Lugones fue de todo. No sólo de profesiones hablamos, sino también de ideologías y colores políticos. En un mundo que se movía rápido, de forma vertiginosa, Lugones se fue hallando entre el socialismo, el liberalismo, el conservadurismo y el fascismo. 

Y no se quedó ahí: en 1899 se convirtió en miembro de una logia, y adhirió a la masonería, tan de moda en Argentina. Tanto ir saltando de ideología en ideología, en 1903 fue expulsado del socialismo, cuando apoyó explícitamente la candidatura de Manuel Quintana a presidente. 

Fue en 1920 cuando comenzó a adoptar ideas nacionalistas, y hasta Alfredo Palacios se enojó con él. Una pena el lugar donde nuestro primer golpe de Estado lo encontró a Lugones: fue propagandista oficial del golpe de Uriburu a Yrigoyen, y su cercanía con el poder de facto le valió el rechazo de los círculos culturales.


3. Leopoldo Lugones publicó libros como “Las montañas de oro”, “Los jardines del crepúsculo”, “Las fuerzas extrañas”, y los célebres “Cuentos fatales” y “Poemas Solariegos”, entre otros. 

No sólo fue autor, sino un referente literario de talla. Hasta el Martín Fierro le debe en parte su estatura de libro fundamental de la cultura argentina, a la valoración que hizo Lugones sobre él en una serie de conferencias y hasta un ensayo. 

Más allá de sus desvaríos ideológicos y de lo pendular de su pensamiento social, Leopoldo Lugones se convirtió en una personalidad gracias al carácter único de su obra. Pero no todos los Lugones pueden colgarse esa medalla. 

Travesuras del destino, su primer hijo nació sobre el final del siglo 19, y cobró estatura de famoso en la historia argentina por haber inventado la picana eléctrica como método de tortura, durante la dictadura de José Félix Uriburu, donde oficiaba de Jefe de la Policía. 


4. Leopoldo Lugones no murió cerca de las sierras que lo vieron nacer. Llegando a los 65 años, había cambiado las montañas cordobesas por el agua y la soledad de las islas del Tigre. Allí, en un hotel llamado “El Tropezón”, rodeado de verdes y misteriosos parajes isleños, decidió abandonar el mundo de forma prematura. 

Algunos dicen que la decepción política fue la causa de su decisión. Otros, que enamorado de una joven muchacha a la que tuvo que abandonar por presiones externas, se sumió en la depresión. 

Cualquiera fuera el motivo que lo llevo ingerir una mezcla de cianuro y whisky, lo cierto es que terminó muriéndose el 18 de febrero de 1938. 

Curiosamente, y aunque nunca lo imaginara, su suicidio comenzó una cadena de tragedias familiares. Su hijo, Polo, el de la picana, se suicidó en 1971. Su hija Susana, apodada Pirí, fue detenida desaparecida en 1978, durante la última dictadura militar. Alejandro, hijo de Pirí, su suicidó en el Tigre, como su abuelo. 

El mismo escenario para el fín y el principio. Se murió Lugones, pero nació el mito de su obra y se inició una desgracia familiar. Todo, en un viejo hotel del Tigre. 

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