martes, 5 de julio de 2011

MICRO RIVER

1. Hay hechos que, antes de que sucedan, uno sabe que marcarán historia. Así se viene sintiendo hace varios días, y así se confirmó el domingo a las 17hs, cuando todas las especulaciones y los análisis se desvanecieron ante la solides concreta de un hecho histórico: River se fue a la B. 

La incredulidad de los estratos futboleros se desmoronó ante la evidencia, la cruel realidad que tienen las cosas simples: en un juego, se gana y se pierde. Y aunque lleves la de ganador durante tantos años, siempre existe la posibilidad de ser derrotado. El juego es como el carnaval, y pese a que los poderosos lo intentan (y a veces lo consiguen), no se puede enterrar el concepto de igualdad que trae en sus genes. A todos nos puede pasar. 

Por primera vez en 110 años de riquísima historia, uno de los dos grandes del fútbol argentino cayó en desgracia. River, el de los 33 campeonatos locales, comenzó un viaje desconocido y temeroso, que estrangulará sus arterias y cada una de sus venas. Y si quiere volver rápido al lugar del que nunca debió haberse ido, deberá soportar una terrible presión. 


2. El domingo, las lágrimas inundaron Nuñez, y cada rincón del país donde la bronca, el dolor, la tristeza, la rabia y la vergüenza, abandonaron los ojos, bajaron por las mejillas y se deslizaron por cada banda roja. 

Si para los hinchas de River, el dolor de ya no ser se mezcla con el miedo a lo desconocido, para el resto del futbolero medio argento será definitivamente muy extraño ver al gigante jugando en el Ascenso. 

Con el arranque de un nuevo Nacional B, River se convertirá en un expedicionario que recorrerá tierras jamás pisadas (por ellos, claro está). Por primera vez en su historia, deberá disputarle los porotos a Aldosivi de Mar del Plata, Almirante Brown de Isidro Casanova, Boca Unidos de Corrientes, Defensa y Justicia de Florencio Varela, Deportivo Merlo, Patronato de Paraná, y Guillermo Brown de Puerto Madryn. 

Tras 102 temporadas en primera división, las gallinas de ley comenzaron así su más amargo desencuentro, y comienzan a preguntarse “qué trole hay que tomar para seguir”. 


3. Explicar los hechos de violencia sería caer en largos y enmarañados análisis. Sólo queda decir que esto no es un hecho aislado, que algún día alguien deberá pagar los platos rotos por la fiesta del trío políticos-barras-policías. 

En el fútbol, hay mucho más de eso que de marginalidad. Mientras esperamos ese día, Yamandú y Agarrate Catalina. La Violencia. 


4. Antes de que la nube negra tape todo el cielo riverplatense, el hincha de River caminaba con el pecho inflado, ostentando records de todo tipo. 33 torneos locales, 7 Copas nacionales, 10 copas internacionales, primero en la tabla histórica del profesionalismo, quinto en participaciones en la Copa Libertadores de América (30), 21 goleadores del fútbol argentino, el equipo argentino que más partidos ganó y el que más goles convirtió, el equipo que más jugadores aportó a la selección nacional, 127, y el que más jugadores tuvo en mundiales, 43. 

Pero estos años fueron oscuros para el millo. Dos presidentes son actores del proceso que desencadena el peor momento en la historia riverplatense: José María Aguilar y Daniel Alberto Passarella. 

El primero se erige como máximo culpable. De 2002 a 2009 gobernó el club, dándole un poder inusitado a barras bravas que prometían orden a cambio de dádivas, como el pase de jugadores y empleos dentro del club, entre otros negocios. 

Más allá del vacío institucional que tuvo su proceso, durante la gestión Aguilar se contrataron 103 futbolistas, en un club acostumbrado a exportar productos de su cantera. Algunos nombres jamás habían soñado con ponerse la camiseta de River: Jerrsson González, Martín Del Campo, Máximo Lucas, Kilian Virviescas, Alejandro Faurlin, Juan Carlos Toja, Marcelo Sosa, Omar Merlo, René Lima, Carlos Valencia. 

Passarella aumentó la cuenta a 116. También han pasado 11 técnicos en nueve años, se ha vendido por 300 millones de dólares y hoy hay un pasivo de 220 millones de pesos. 

El 12 de noviembre de 2010, se aprobó el balance 2009/10, los últimos tres meses de la gestión Aguilar y los primeros nueve de Passarella. Reflejó el mayor déficit de un ejercicio en la historia del club y del fútbol argentino: 79.828.156 pesos. 

Las vitrinas de River sostienen su historia, acostumbrado a la gloria y el festejo. Pero las otras cifras devinieron en este momento, que resulta demasiado extraño. 


5. No es la primera vez que River hace cola. Corría 1983 cuando comenzaron los problemas. El 18 de mayo River no abría sus puertas por un paro de maestranza, cuenta Fernández Moores, “y el 8 de junio pararon los profesores de educación física y empleados administrativos”. 

Sigue la crónica, “"Debemos 900.000 pesos, sólo tenemos 100.000 que nos prestó la AFA", dijo el secretario Julio Paoletta. Las deudas incluían a los jugadores, que el 24 junio intimaron al club mediante telegramas. River pasó a jugar con los pibes”. “La intervención del Ministerio de Acción Social de la dictadura que agonizaba evitó una huelga general de Agremiados. "River puso al fútbol al borde del caos", tituló El Gráfico en su portada del 5 de julio. Aragón había gastado 800.000 dólares en refuerzos, pero no tenía 30.000 para pagar salarios de junio. 

River terminó penúltimo, con 29 puntos en 36 fechas, 10 triunfos, 9 empates y 17 derrotas; 37 goles en favor y 50 en contra. No descendió porque ya regían los promedios, inventados para salvar, justamente, a los grandes. Ni eso fue suficiente ahora”. 

Escribió Varsky: “Se cierra un círculo. Los promedios, que lo habían salvado en 1983, lo condenaron a jugar la Promoción”. 

Se fue River, en medio de un caos imposible. Nadie lo soñó, pero así fue. Ahora encuentra en su crisis más profunda, una buena oportunidad para surgir de las ruinas que dejó el vendaval.


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