lunes, 19 de diciembre de 2011

COMO LOCCHE EN JAPON


Por Juan Ignacio Apogliessi

Hace unos años, hubo una velada mágica que no supo de fronteras. 

Esa noche en Japón fue mágica. Tan mágica que acá, en esa mañana del 12 de diciembre de 1968, el país entero prendió la radio para seguir la pelea por el título mundial de los welter juniors. 

Y ese hombre mendocino de 29 años que ya había hecho una larga carrera boxística estaba frente a frente, en Tokio, con el campeón mundial, el japonés Paul Fuji, para tratar de quitarle el título. 

Ni hablar en esos tiempos de peleas por TV en directo, recién unos días después, los argentinos pudimos ver el show de Nicolino en blanco y negro. ¡La pelea por el título mundial en diferido! 

Hace ya más de 40 años, El Intocable, como se lo apodaba a Locche por su inconfundible estilo para esquivar los golpes, le daba a Argentina el tercer título mundial de boxeo después de los de Pascual Pérez y Horacio Accavallo. 

Cuentan las crónicas de aquella época que antes de subir al ring, alguien le había preguntado a Locche: "¿Qué sintió antes de semejante pelea?". A lo que Nicolino, con gesto sobrador, respondió: "¿Qué pelea?" 

Allí estaba el Intocable, trabajando con la izquierda adelantada. Fuji no salía a apurar y tiraba golpes que se perdían en el aire. La izquierda de Locche ya era un látigo en esa primera vuelta, y esa iba a ser otra de las características del combate. 

Mientras Locche mantenía el centro del ring, el hawaiano-japonés trataba de llegar en corta distancia pero los 3 meses de entrenamiento de Locche estaban vivos en esas piernas que se entregaban en una danza continua, casi sin tocar el piso, no ofreciendo jamás un blanco fijo. 

Fuji trataba de arrinconar a Locche en una esquina neutral y lo buscaba. Pero Nicolino ya no estaba y Fuji, como se esperaba, se zambulló espectacularmente, y a la lona... un campeón mundial estaba en el ridículo máximo para un boxeador, y el torero mendocino de pantalones cortos estaba allí al lado. 

La gente en el estadio en Tokio enmudecía y no podía creer que un boxeador escapara tantos golpes y que el de enfrente fuese tan efectivo para esquivar y tan exacto al pegar. 

La cara de Fuji se iba agrandando, sus ojos se achicaban aún más, porque los golpes de Nicolino llegaban seguros y muy seguidos. 

Ya en el quinto round se cerraba todo un ojo a Fuji. La izquierda del mendocino seguía martillando en la cara de ya ex campeón: “La zurda de oro sigue su monólogo virtuosista”, decía una crónica. 

En el 7º round se notaría que a Fuji ya no podía más, que avanzaba y se perdía entre tanto Intocable que tenía enfrente. El pupilo de Don Paco Bermúdez estaba cada vez más seguro, como si hubiese nacido en Tokio. 

El noveno fue la exhibición mayor con Nicolino colocando cada golpe en la cara del local. Fuji parecía aturdido, ciego y atormentado. No aguantó más. 

En el décimo, Fuji no salió a pelear y el árbitro Nick Pope le levantó la mano al nuevo campeón mundial. 

El gran Nicolino, el mago, el Chaplin, había consumado la obra más brillante de su vida. 

Y el recuerdo está intacto. 

El Intocable fue el boxeador más exquisito y talentoso en el arte de la defensa. No necesitaba pegar para adjudicarse el round, simplemente marcaba los golpes. Alguien que desconcertaba arriba y abajo del ring. Parecía desinteresado de todo y de todos. 

Fue campeón mendocino ligero, argentino y sudamericano liviano y mundial welter juniors de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). 

Luego de defender exitosamente el título ante el Morocho Hernández, Joao Henrique, Adolph Pruitt, Domingo Barrera y Antonio Kid Pambelé Cervantes, el 20 de marzo del '72 lo resignó por puntos ante a Alfonso Peppermint Frazer. 

Pero la historia ya estaba escrita...y ni la noche, el faso y los excesos harán olvidar al gran Nicolino Locche, el eterno Intocable.

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