jueves, 16 de febrero de 2012

BUEN VIAJE FLACO


Por Facundo Bianco

La partida del Flaco es irreparable. Lejos de la (a veces) maliciosa nostalgia, no hace falta mirar más allá para saber que el mundo ya no es el mismo. Nada puede permanecer imperturbable ante su partida, nada es lo mismo con Spinetta, que sin Spinetta. 

El Flaco fue, es y será de esos artistas que nacen para patear el prisma de la comodidad y la monotonía humana. Y en cambio, cargan en su guitarra y en su pluma, uno y mil lentes, a través de los cuales las estructuras del mundo se modifican a su merced. 

A esta clase de tipos, la realidad y la rutina les queda chica. Por eso Spinetta modeló el mundo, o su rincón en él, para hacerlo un lugar más agradable, para cambiar las reglas y los parámetros establecidos. 

De prosa suave y contundente, se endureció cuando un acorde se lo demandó, pero nunca perdió la ternura. El Flaco llevó los niveles de sensibilidad del rock más allá que ninguno de sus compañeros de generación. 

La realidad nunca fue un límite que pueda contener a Spinetta. Prefirió armar en su patio trasero un mundo repleto de colores, de melodías. De palabras que sonaran como él quería que sonaran, y no como le dijeron que debían sonar. 

Spinetta burló al cerrajero gris, estoico y aburrido que cuida las puertas de la normalidad y encadena la percepción. Construyó naves de fibra hechas en Haedo, y voló hasta tierras donde se vive jugando, y se enseña a vivir jugando. El Flaco hizo docencia, qué duda cabe… 

Recorrió las esquinas del inconsciente con la misma intensidad con la que recorrió las de su querido Belgrano. Por eso siempre fue un flaco, un pibe más del barrio, el que se derretía por las medialunas y era capaz de dedicarle hermosas palabras al carozo de una fruta. Un flaco, pero de otra galaxia. 

Lo maravilloso de su sensibilidad, es que logró transmitirla a generaciones enteras, con inusual capacidad. Y en nuestra música popular, pocos son los que han llegado a niveles tan extremos, los que han atravesado las murallas de la mente, con la belleza y la clase del Flaco. 

El pensamiento trillado, pero no por eso menos cierto, de que ésta clase de artistas jamás muere y vive en su obra y en el inconsciente colectivo por los siglos de los siglos, sirve de consuelo y reivindicación. 

Consuelo para el pueblo, que perdió un juglar, un guía espiritual, un rockero de ley. Y reivindicación para ese flaco de Fender roja, para su inmodificable conducta y su amor desprejuiciado, que caminó senderos voluntariamente alejados del Dios Mercado. 

Consuela otra idea, también. La de creer que para emprender uno más de sus tantos viajes, al Flaco no le alcanzaron los límites que ponen la piel y los huesos, necesitaba descomponer su carácter humano y hacerse luz. Definitivamente luz. 

Ahora el Flaco es del viento, como las hojas, como esas melodías irrepetibles que hicieron y harán, de este, un mundo mejor. 

Hasta siempre, Luis Alberto Spinetta. 

Buen viaje, Flaco.

1 comentario:

  1. Cuánta sensibilidad en tus palabras Facundo, cuántos nos sentimos representados en tu retórica!
    El flaco, un espíritu grande, con esa luz que nos aclara en cada obra suya...Y la canción que elegiste es la que desearía llevarme si sólo pudiera cargar con una, como madre que soy, la palpito desde el instante mismo en que decidí serlo...Gracias!!

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