domingo, 10 de junio de 2012

CACEROLA MEDIA


Por Facundo Bianco

No fue la gran cosa. A penas un poco de ruido a metal que tiene poco de preocupante pero mucho de significativo.

Una porción de la clase media, lisa y llanamente la porción tilinga, sacudió el polvo de sus ollas justo el mismo día que la gauchocracia bonaerense volvió a entonar cantos de guerra, en una medida injustificada.

Ahí aparece el primer significado de este cacerolazo poco convocante. Una clase con eterno deseo aspiracional, con berretines de poder adquisitivo y discurso maleable, tendió, nuevamente, lazos de solidaridad con los de arriba.

Gente más idónea que yo podrá explicar este comportamiento, en el que la clase media decide solidarizarse hacia arriba y no hacia abajo. Porque no siempre es así, diciembre de 2001 funciona como caso testigo.

Y una de las atribuciones de tal conducta habría que hacérsela a que ese sentimiento aspiracional se acrecienta significativamente cuando a la clase media le va bien.

Porque le va bien. Compruébese sino otro de los motivos de la protesta: el cepo cambiario.

Si un primo lejano diera la vuelta al mundo y visitara por primera vez Argentina, sería muy difícil que logre comprender cómo es posible que se corten las calles porque una porción menor de la sociedad tiene dificultades para comprar moneda extranjera.

A riesgo de subestimar el alcance de la queja, es necesario reparar en que es un hecho insólito, bizarro, que no resiste análisis, más parecido a un programa de Tato Bores que a la realidad. Pero realidad que finalmente supera a la ficción, y nos trae indefectiblemente hasta esta editorial.

Vale la aclaración: No se trata de ser sectarios. Tampoco de delimitar, desde la más pura subjetividad, cuáles son los motivos que habilitan una protesta.

Pero las ollas vacías que sonaron en los barrios bien, son llenadas sin mayores dificultades por quienes hicieron tronar el escarmiento.

Y en un país donde más del veinte por ciento de sus habitantes sigue viviendo en la pobreza, donde el paradigma de tercer mundo sigue pesando sobre los hombros, en un país como el nuestro resulta un poco obsceno este repiqueteo del cucharón en el teflón.

Súmele a esa obscenidad, fiel oyente, la conducción de Cecilia Pando en una de las esquinas y la golpiza a periodistas de 678, y entenderá porque Esquivando el Éxito cree que Jauretche hubiese deseado vivir algunos años más, para poder ampliar su obra describiendo a los tilingos modelo siglo XXI.

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