lunes, 18 de junio de 2012

PERIODISTAS


Por Facundo Bianco

Hace muchos años de Mariano Moreno. Cambió el contexto, pasó el tiempo, la sociedad y sus circunstancias. La profesión sufrió involuciones, evoluciones y revoluciones.

El día del periodista, versión 2012, encuentra a la prensa en un momento clave de su historia, contra las cuerdas y enredado en tensiones.

Se ha puesto en discusión el lugar del periodista, su relación con el medio, con el patrón, con los distintos poderes de turno. Y sobre todo, con la sociedad en general.

Hoy se lo mira de reojo, se lo señala, se lo analiza, se lo cuestiona. Hoy, más que nunca, se procesa la información, se mastica cada palabra o concepto, se buscan las intenciones y los motivos.

Y algunos colegas no se hayan cómodos siendo vidriera permanente. Lo asemejan a un paredón de fusilamiento. Acostumbrados a ser oradores y profetas, prefieren el panorama que brinda el atril, y denuncian (con bastante cinismo) una persecución para estatal.

En honor a la verdad, nada de eso sucede. Argentina goza de una libertad de expresión indiscutible, sostenida por una Ley de Medios Audiovisuales que vino a patear el tablero y a distribuir posibilidades, en un reducto históricamente poco democrático.

Los vientos políticos y sociales han cambiado la mano. La lógica se ha invertido.

Entre otros cambios, hoy ha ganado mayor protagonismo el origen del discurso, que el discurso en sí mismo. Ya no se repara solamente en qué se dijo, si no también en quién lo dijo, desde dónde lo dijo, con quién lo dijo y por qué lo dijo.

El periodista en la mira.

La batalla ha polarizado todo a un nivel tan alto, que resulta imposible salir de las tensiones que produce. Un enredo inevitable.

Pero la lucha de egos y vanidades entre profesionales de distintos rincones de nuestro país, es producto de un sano debate. Asumido y valorado eso, es menester también mostrar molestia por el nivel de discusión, que suele respetar pocas reglas básicas, como el respeto.

La vara baja y sube con una vorágine difícil de seguir. Los formadores de opinión se asumieron definitivamente como bombarderos, dejando el periodismo de lado. Entonces se suele caer en discusiones banales, donde se juega para la tribuna.

Políticamente, hay una batalla cultural y concreta que apunta a las corporaciones mediáticas. Pero pifiaríamos el diagnóstico, si creemos que sólo se trata de una contienda entre poderes políticos y mediáticos.

No. Hay también una sociedad que amplió el foco de cuestionamientos, e incorporó a su objeto crítico a los que cuentan el cuento.

Las tensiones entre periodistas, y también entre nosotros y la sociedad, están de manifiesto. Ya no se puede evitarlas, y me animo a creer que perdurarán por siempre, en distintos niveles.

Se rompió una barrera que algunos creían sagrada. No hay vuelta atrás.

Y en este baile habrá que aprender a bailar.

El Norte, como representantes de esta hermosa profesión, está claro. Dignidad innegociable, y el compromiso asumido de elevar la vara, más no sea un poquito.

Como ciudadanos también: permanente espíritu crítico.

Es sumamente sano que el periodista esté en la mira.

El periodismo sabrá agradecer este momento.

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