domingo, 22 de julio de 2012

LA POSE DEL GUERRERO


Por Facundo Bianco

En lo que, franca y personalmente, significa una disputa que esperaba para dentro de un tiempo y no ahora, Cristina y Scioli se disparan por elevación, en vivo y en directo para todo el país.

Sobran aristas para analizar, discutir, debatir y tirarse de los pelos.

Pero hay una cosa rápidamente identificable en este enfrentamiento, y tiene que ver con las poses que asumen los guerreros cuando suenan melodías belicosas.

Está el que va al frente, sin que esto signifique un diferencial positivo por sí mismo, como nos obligó a creer la cultura del aguante que supimos conseguir.

Ir al frente tiene bemoles.

Ir al frente de forma ciega y corajuda, está más cerca del suicidio y la torpeza que de la valentía espartana.

Sobre todo en un juego como la política, donde el que se calienta, pierde.

Embarcarse en un mano a mano sin más arma que un rulero, un globo y una batería de venenitos, puede resultar versus David. Pero difícilmente lo haga contra Goliat.

Igual de perjudicial se presenta la opción de abusar de la fuerza contra un rival menor, cuando en el resultado de la batalla tiene una incidencia importante lo que opinan los veedores, las gentes de a pie. O sea, la opinión pública.

El guerrero debería aspirar, siempre que sea posible, a elegir al contrincante.

O, por lo menos (y esto no es menor), el contexto, el campo de batalla y las armas.

El guerrero tiene que contar con las variantes que ofrecen el tiempo, el análisis y la inteligencia, para diferenciarse de un kamikaze cualquiera, piloteando un avión lleno de explosivos.

La otra pose que aparece en esta contienda debería saber que, no por utilizar el camuflaje de la paciencia y la comunión, deja de ser la pose de un guerrero.

Como jugando a las escondidas, quietito, convirtiendo en arte político la capacidad de disimular, con el silencio, aquellas cosas que producen ruido.

Esquiva las flechas, y se ausenta del ring acusando abundancia de trabajo.

Pero lo encuentran sacándose fotos y pateando pelotitas, escondiendo operetas, mientras se encoge de hombros, como excusándose.

Y la realidad se le impone, las trincheras de enfrente se llenan de banderas y cañones, y hay que alistar la tropa y presentarse.

No queda otra. No queda otra porque él también es luchador en esta lucha.

Y así vamos identificando la fisonomía de cada combatiente, en una batalla política, a la cual su desfasaje en el tiempo convierte en innecesaria.

No ahora. Sí en un tiempo. Pero no ahora.

Los chispazos de las dificultades económicas que aparecen cuando la cuesta arriba se va convirtiendo en meseta, la retroalimentación de la que vive y necesita el discurso épico, la ideología, el poder, el liderazgo, la necedad, las aspiraciones, el despecho, y muchos ingredientes más, alimentan también las poses de los guerreros que hoy vemos por TV.

El riesgo es que todo esto se parezca cada vez más a Titanes en el Ring.

Puede ser divertido, pero demasiado berreta para un país que intenta ponerse de pie.

No lo permitamos.

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