lunes, 3 de diciembre de 2012

LOS DEMANDADOS SOMOS TODOS


Por Mempo Giardinelli

No represento a nadie, pero sé que somos muchos, muchísimos los escritores y escritoras, periodistas e intelectuales que sentimos la necesidad de subrayar nuestro absoluto e incondicional repudio a la sin dudas inconstitucional y antidemocrática demanda penal que ha presentado el Grupo Clarín contra los colegas Roberto Caballero, Sandra Russo y Javier Vicente, por su apoyo a la aplicación de la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Parece mentira, pero en la así llamada Justicia de nuestro país hay jueces –y no son pocos– que son capaces de aceptar este tipo de demandas que, en rigor de verdad y sensatez, deberían ser rechazadas in limine y hasta con severos llamados de atención a los presentantes.

Pero ya sabemos cómo funciona la administración de justicia en la Argentina, cómo es permeable al influyentismo y cómo una gran mayoría de bufetes de abogados opera con los mismos estrictos principios y valores morales que tendrían un gato de tejado o un pedazo de piedra lunar.

Ante esta demanda, habría que subrayar que el apoyo explícito a la que se conoce popularmente como ley de medios no es exclusivo de los tres periodistas mencionados y de otros colegas allí incluidos como Nora Veiras, Orlando Barone o Edgardo Mocca solamente. En realidad, ese apoyo es compartido por una abrumadora cantidad de profesionales de la palabra oral y escrita. Por lo que cabría proponer y exigir, entonces, que Clarín nos demande a todos y todas los que de muy diversas maneras, en infinitos textos y alocuciones, hemos expresado nuestro apoyo a la vigencia plena de la ley de medios sancionada por el Congreso de la Nación.

No se trata en este punto de seguir discutiendo la desmonopolización de la comunicación en nuestro país. Ni de responder los chicaneros argumentos de que mejor un monopolio privado que un posible monopolio estatal.

De lo que se trata ahora es de rechazar de la manera más firme esta ridícula imputación a una supuesta “instigación a la violencia” por parte de periodistas que tienen nada más y nada menos que criterios personales y no están al servicio de sus ocasionales patrones.

En previsión de que acaso alguna absurda decisión judicial (que dado el presente tribunalicio argentino no sería imposible) condenara a estos colegas a entre tres y seis años de prisión, como hipotéticamente manda el Código Penal, sería bueno que el Congreso por un lado, y por el otro cada uno de los partidos políticos, se pronunciaran expresa y públicamente sobre este caso. Que para la paz social de nuestro país siempre es bueno saber quién opina qué sobre asuntos de altísimo riesgo institucional.

Por cierto en mi caso, que no soy kirchnerista pero apoyo el rumbo general y los trazos gruesos del gobierno nacional, hace casi dos meses he tomado la decisión de no aceptar las invitaciones para visitar ciertos programas de televisión. Me he excusado reiteradamente ante los convites de Código Político, Palabras más palabras menos y algunos otros, así como de diversos programas radiales, incluido el de Jorge Lanata y varios más de Radio Mitre, tanto de Buenos Aires como de Córdoba, del mismo modo que renuncié hace varios meses a escribir en el diario La Nación, porque no quiero ser funcional a espacios que trabajan por la no aplicación de la ley de medios.

Desde mi humilde y solitaria trinchera intelectual, prefiero postergar mis críticas y reparos ante políticas y decisiones gubernamentales con las que no acuerdo, y sobre todo con las que abierta y profundamente discrepo, y que no son pocas. Ya habrá oportunidad de expresarlas, sea el Gobierno capaz de escucharlas o no. Pero ahora, en estas tensas jornadas que vive la República –y en la que insólitamente vemos compatriotas que celebran cada traspié y se alegran por los ataques neocolonialistas– me parece más urgente y necesario expresar mi incondicional solidaridad con los colegas y así aportar a la paz y el fortalecimiento democrático. Que eso es sencillamente lo que hace la inmensa mayoría de los argentinos y argentinas que trabajan duramente, en todo el vasto territorio nacional, todos los días y sin especulaciones, dolarizaciones ni mitomanías.

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