martes, 12 de febrero de 2013

CAMILO


Texto extraído del libro "Camilo Cienfuegos", de Carlos Franqui.
Editorial Seix Barral, 2001.

Y entonces comprendió...

Podemos imaginar qué pensó Camilo aquella noche cuando los medios de comunicación dejaron de funcionar, con el combustible que desaparecía o con el sabotaje descubierto en la nave, cuando tuvo la sensación de que cualquier rumbo que tomara le sería fatal, y Camilo, como hizo en cada momento de su vida, decidió disfrutarlo.

No es imposible imaginar que cuando el avión comenzó su caída, Camilo tomara el timón para penetrar en las profundidades del mar y allí desaparecer. La fugaz y meteórica parábola de Camilo Cienfuegos había llegado al cielo y ahora desaparecería en las profundidades del mar.

Es difícil pensar que alguien disfrute de su propia muerte. Difícil, no imposible. Camilo siempre jugó con la muerte.

Camilo en el aire

El ruido pasó por arriba de la cabeza, haciendo una espiral, cortando el aire hacia arriba.
El metal relumbraba tomando impulso, ascendiendo una vuelta tras otra.
Abajo se alteraron los ruidos colectivos.
Arriba sentía la necesidad de subir, marcando formas redondas y más altas en el recorrido ascendente.
El sonido del hierro se fue alejando en el espacio. Subiendo, subiendo en un vértigo que lo ascendía poseído por la fuerza centrifutrópica.
Abajo cesaron los ruidos.
Perdieron el ruido que ascendía.
Esperaron en silencio su descenso.
El tiempo pasó y el ruido no volvió más.
Y contaban de una vez que había descendido de arriba un hombre que se perdió abajo.
Y decían que el hombre que subía de abajo había desaparecido arriba en las alturas.

Camilo en el agua
No sabía si el azul era dos mares, el cielo dos azueles, el banco aire, el negro noche, bosque, tierra lo oscuro.
Dio vueltas y más vueltas.
Ascendió y descendió.
Marco cuatro puntos cardinales y sólo encontró los mismos azules, oscuros, blancos y negros.
Nada concreto.
Y entonces comprendió…
jugando
enfiló tomando altura que cuanto más
pensando
alto iniciara la caída disfrutaría más antes de llegar abajo.
Se sumergen el hombre y el pájaro, riendo, en el espacio azul oscuro, de cabeza, profundamente.
Las barbas, el cuerpo, formaban un remolino, de bajo arriba, de lo profundo a la superficie.
Círculos se extienden dentro y sobre las aguas azueles oscuras.
El aire va desapareciendo en el interior, la risa no se oye

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