lunes, 1 de abril de 2013

OSCURIDAD


Por Juan Apo

Muchos recuerdan ese momento como el mas oscuro.

En ese momento no hubo atardecer. Había caído la noche sin aviso mientras el ruido de un helicóptero se llevó mucho mas que un inventario de derechos, que interrumpido en muchas ocasiones en la historia, no debía volver a perderse.

Claro que sin derechos y con inocultables obligaciones de sumisión, el amanecer se hizo esperar demasiado.
Ese fue el momento en que todo un pueblo se tuvo que acostumbrar a vivir en la penumbra de la incertidumbre y el miedo, de la muerte a la vuelta de la esquina y de amigos que no se volvían a ver.

El momento de padres que nunca volvían de trabajar, o de maestros y alumnos que no llegaban a los colegios.

El momento de mujeres despojadas de su belleza, y de soñadores parapetados en la mas absoluta clandestinidad.

El momento de médicos que no llegaban a curar y de sacerdotes sin parroquia pero de dignidad genuina y perseguida.

El momento de niños robados y criados en casas ajenas.

El momento de jóvenes que luchaban contra todo y contra nada, de reuniones con desconocidos, en lugares desconocidos y con nombres desconocidos frente al peligro de ser descubiertos.

El momento de milicias de dudoso honor y certeza sanguinaria.

El momento de remises color verde que nadie llamaba pero de abordo obligado de muchos sin información de itinerario ni tarifa.

Fue el momento de edificios secuestrados bajo la oscuridad como celdas de reforma social cuya única reforma era el exterminio de una generación.

Fue el momento de la destrucción bio-psico-social, del empobrecimiento económico y la mentira politizada, de complicidad central e ignorancia periférica, de poderes aprovechadores y curiosamente el silencio de la casa de aquel que se dice a si mismo el todopoderoso protector del hombre.

Fue el momento de inocente e inexpertos soldaditos de plástico destinados a morir frente a aquellos que pasaron siglos y siglos matando y robando a lo largo y ancho del planeta.

Fue el peor momento, desde mediados del 70 hasta el esperanzador año 83, donde las urnas volvieron a las escuelas, aunque la oscuridad de aquel momento siga presente en la memoria de un pueblo que no debe olvidar y que debe afianzar en un grito unificado, el NUNCA MÁS.

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