jueves, 31 de julio de 2014

QUE VUELVAN LOS HINCHAS



Vuelve el fútbol, me dice mi viejo, aun extasiado por el gran mundial que vimos hasta hace dos semanas y pico aunque ya acusando la sequía de pelota. Y así, como un adolescente que se prepara para encontrarse con la flaca que conoció el finde pasado, empezamos a sacar del placard las camisetas, el carnet de socio, ensayando cantos, soñando jugadas y hasta nos disponemos a meter otra vez la plastificada estampita de una virgen que nos ayuda cada domingo aunque no sepamos decir el padre nuestro completo.

Somos hinchas siempre, pero en el receso nos ponemos en stand by un tiempo hasta volver a sentir la cosquillita del fixture que nos acecha.

“La primera es fácil, en la quinta está el clásico, me gusta el 5, el 4 es un burro...uhhh con estos estamos casi al final del torneo, así que va a ser una guerra...”. Muchas son las frases que nos ponemos a repetir cual cassette que termina y rebobinamos, como si fuera necesario decirlo en voz alta a cada momento, aunque todos saben de que hablamos, desde donde hablamos y por que hablamos.



Y nos renovamos como hinchas que un domingo, o un sábado, o cualquier día que disponga la mafia del AFAno, nos meta partido. Y así pasamos a ser parte de esa masa de inconscientes cromáticos que solo identifican los colores similares a los de nuestra camiseta y desprestigia, musical, poética y pacíficamente, otra combinación de banderas. Y salimos para la cancha, aunque la bruja no entiende que otra vez te va a tener un día del finde porque el otro no existís porque sos propiedad de once monos mas los suplentes que mueven tu vida.

Es impresionante ver al hincha yendo a la cancha. Es impresionante verlo acercarse al estadio, con su atuendo de hincha, con su andar de hincha, con su voz de hincha.

Por donde lo mires, es impresionante.

Verlo cantar, verlo saltar, verlo reír, verlo llorar, agitar su bandera, cargar a su par separado por colores y un cordón policial, sufrir por un ataque del contrario, soñar con un ataque de los que comparten su camiseta (aunque no su salario ni con su pasión), insultar al arbitro (aunque sea el mejor colegiado del país), festejar la victoria, sufrir la derrota…y todo, el hincha es todo una historia en sí.



El hincha pasa del amor al odio con facilidad. El hincha idolatra la calidad de su diez, la entrega de su cinco, el esfuerzo del ocho, la voz de mando de su dos y la seguridad de su arquero. Sin embargo, ante una mala racha tilda de “Pecho Frío” al enganche, le pide “huevos” al volante central, le grita “corré” al volante derecho, tilda de “burro” al primer central y le recomienda al guardameta la colocación de “manos” que, de todos modos, ya tiene aunque por momentos parece no saber usarlas en servicio del equipo.

Así se va a su hogar, contento o enojado, en tren o en bondi, en auto los mas acomodados, escuchando la radio solo para insultar al periodista que dice más mentiras que verdades, o para escuchar al mismo tipo, cuando acompaña el logro, hablando bien del equipo del corazón seguido de un “este sabe, eh”.



Y llega otro domingo y cuando el partido comienza se olvida de los reproches y vuelve a ver a su equipo formado por ese diez mágico, ese cinco elegante, el ocho combativo, el dos experimentado y el arquero de la cantera que con veintipico parece de cuarenta y que da más seguridad que el cana que te toca, en la puerta de la cancha, hasta lo que tu jermu ya ni toca para entrar al ver a esos once tipos que te dan la pauta de cómo vas a pasar toda la próxima semana.

El hincha es así, folclore puro. El hincha grita, desenfrenado, por algo que aprendió a amar desde la cuna, algo que en algún momento de su vida les dio orgullo a los mayores o generó una división familiar por una elección de colores diferente al de papá.



Es hermoso ver al hincha yendo a la cancha. El hincha que no tira piedras, ni revende entradas, ni pide vueltos, ni mata, ni se enriquece, ni se cree dueño de lo que nunca por educación ni generosidad va a tener.

Arranca el campeonato argento de fútbol, y más allá de todas las miserias que nos regala la oxidada gestión de Don HDP, esperemos volver a ver muchos mas hinchas y menos delincuentes en los asientos desde donde vemos el verde césped.

Y de paso, esperemos ver fútbol, de ese que nos desacostumbramos a ver y del cual el último mundial nos dejó sedientos.

Será cuestión de esperar que de una vez por todas empiece ese deporte tan manchado, tan raro y tan manipulado, pero que de enero a enero, con las pausas obvias, nos hace tan feliz como hinchas...

Perdón perdón, nos acaban de informar desde producción que no arranca el fútbol, que se suspende porque el mandamás de la parte mas miserable de este deporte ha dejado este mundo y pasó a ser parte de la comisión directiva del cielo...o del infierno, que se yo.



Sea como sea, tenemos que esperar un poco más, aunque a la ligera, sin la presencia del eterno líder del oscuro manejo del deporte más lindo del mundo, todo puede mejorar.



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