jueves, 12 de febrero de 2015

NISMAN Y LA ARGENTINA BERRETA

Por Facundo Bianco





Y un buen día...

Un fiscal que en diez años hizo absolutamente nada, presenta una durísima denuncia contra la presidenta, a espaldas del juez de la causa que atiende: la causa AMIA.

Un fiscal que gana 100 lucas por mes, maneja un presupuesto enorme, una fiscalía con casi 100 empleados, y maneja un audi que resulta pertenecer a una empresa vinculada con los servicios de inteligencia.

El fiscal aparece muerto. Y empieza el desfile de sin sentidos: la presencia de Berni, la jueza que no llega, Walter el cerrajero, la madre de Nisman, los custodios, la seguridad del edificio...

La denuncia se va ablandando con el paso de los días, y hasta juristas opositores al gobierno se agarran la cabeza.

Resulta que el fiscal tenía diez custodios, que usaba para hacer sus mandados. Tenía contacto directo con los servicios de inteligencia, y la embajada norteamericana.

Y sigue el conteo:

Custodios que hacen trámites y toman mate en el subsuelo del edificio.

Un edificio de elite, que incluye máxima seguridad, cuyas cámaras no funcionan hace un año.

Un empleado del fiscal, que le entrega sin más un arma suya, porque el fiscal quiere defender a la hijas.

El empleado fantasma, que nunca pasó por la fiscalía, es monotributista y cobra 40 lucas por mes, por tareas que nadie conoce.

Un capo de la SIDE que es despedido después de 42 años, dos semanas antes de que muera Nisman, y es el último que habló con el fiscal, con alguno de sus 277 celulares.

Una presidenta que se disfraza de CSI Miami, y esboza teorías desde Facebook, diciendo sin decir.

Dos legisladoras opositoras que hablaban a diario con el fiscal, y no paran de tirar hipótesis desde que murió.

Una fiscal a la que le toca el caso, y casi se va de vacaciones.

Una jueza a la que le toca la causa de la muerte de Nisman, y se pasó los últimos cuatro años posteando insultos contra Cristina en Facebook.

Tres jueces a los que les cae la denuncia de Nisman, y se declaran incompetentes.

Uno de esos jueces, ni siquiera vuelve de vacaciones para hacerse cargo de la decisión.
Más??

Una ex mujer, jueza en funciones, que no confía en la Justicia.

Un jefe de gobierno procesado por escuchas ilegales, que reclama el fin del uso político de los servicios de inteligencia, a horas de la muerte de Nisman.

Un presidente de la Corte Suprema que no dice ni mu, y otros tres ministros de la Corte que siguen su mutismo.

Un candidato a presidente, que se disfraza de presidente y da una ceonferencia de prensa que aporta absolutamente nada.

Una marcha convocada por fiscales acusados de desviar la causa AMIA.

Una marcha a la que adhieren todos los candidatos a presidente, mientras piden no politizar la causa.

Una marcha que vuelve a mezclar a Moyano con Cecilia Pando, y a Marijuan con Massa, que ya están mezclados porque Massa le propuso la Procuración General si asume como presidente.

Un periodista que investiga el atentado a la AMIA, concluye que Nisman es un chanta y un hijo de puta, pero el #18F marcha por él.

Ex miembros de la SIDE, que se convierten en opinólogos de TV sin ponerse colorados.
Periodistas especialistas en nada, que se convierten en peritos científicos.

Un sector de la sociedad que dice ser Nisman, pero no dice por qué y cómo llegó a considerarse como Nisman: un ñoqui de la Justicia, encubridor del mayor atentado de nuestra historia, trabajador de los servicios, que iba a la embajada gringa a decir las tres palabras mágicas: por favor, perdón y gracias.

Argentina ha logrado berretizar hasta la mismísima muerte.

Convertir cada asunto en una varieté de lo bizarro, amoralidad exagerada y distractiva.

Nada puede escapar al calor pegajoso del manto con el que todo lo cubrimos.


Incluso la muerte.

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