lunes, 6 de abril de 2015

LAS PASO X BIANCO



Se vienen las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. PASO, para la comodidad idiomática. Una especie de elección previa que funciona como filtro, y se coló en la última reforma electoral que impulsó el kirchnerismo. Un precalentamiento.

En las boletas del oficialismo, una importante cantidad de peronistas buscarán quedarse con la bendición popular. Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Sergio Uribarri, Agustín Rossi y Jorge Taiana, van por la herencia y la continuidad de “el modelo”. Julián Domínguez se había sumado, pero por decisión propia o de Cristina, lo mismo da, bajó a la Provincia y se suma a una interna que también pinta interesante, con nombres como Berni, Bossio, Espinoza e Insaurralde, hoy en rol marido de.


Pero volviendo a la disputa por el sillón de Cristina, todos los candidatos oficialistas tienen un problema: Daniel Osvaldo Scioli. El gobernador es el K que más mide, y el que menos les gusta. El de mayor nivel de conocimiento, el de mayor imagen positiva, y el único que ocupa puestos de poder desde 2003. Pero el único que, pese a jugar desde 2003 siempre para el mismo equipo, mantuvo posiciones y posturas, cuanto menos, ambiguas, lejos del estilo kirchnerista.

No solo es probable que Scioli gane la interna del Frente Para la Victoria, si no que tiene chances concretas de hacerse del bastón y la banda, por sobre el resto de los competidores fuera del partido.


En ese caso, qué hará el grueso de los candidatos K?? Pragmatismo, agua en la que el Peronismo nada mejor que nadie?? O será hora de irse a casa, y esperar directivas de Cristina, líder política y espiritual?Acompañan o se recluyen en una trinchera alternativa??

Y qué hará Cristina?? Hasta ahora, se muestra pasiva y contemplativa, gobernando con la tensa calma que generan los hechos y circustancias de una Argentina siempre exagerada, creída de que está a punto de colisionar, a meses de una nueva transición democrática. Su discurso se torna proselitista solamente cuando advierte al pueblo sobre los beneficios de la continuidad del modelo que representa. Nombres propios, por ahora, nada.

Pareciera que la presidenta tiene dos caminos. Y será inevitable que, llegado el momento que se avecina, tome alguno: o brinda su apoyo manifiesto a un candidato, y juega allí sus fichas y su imagen positiva (hoy en 46% según el macrista Durán Barba), o simplemente deja que el agua siga su cauce, y la balanza la incline el voto popular.


Las preguntas que rodean al oficialismo son, todavía, muchas. De ganar, podrá Scioli acuñar bajo su ola naranja al núcleo duro del kirchnerismo?? O ése nucleo duro dejará el poder, y decidirá enfrentarlo, con expectativas de retomarlo en 2019??

Por lo pronto, se necesitan. Scioli no llegará a la presidencia sin el apoyo de una gran mayoría kirchnerista, y el kirchnerismo más duro perderá el poder si, triunfante Scioli en las PASO, decide no acompañarlo orgánicamente en octubre y más allá.

Insisto: la palabra de Cristina, si es que aparece, será un factor de peso. Hoy se estaría cerca de un record: el primer presidente desde el regreso a la democracia, que se despide con una imagen positiva interesante. Es mucho, y su palabra será determinante.

Mientras tanto, la competencia interna se reparte entre agravios y banderas blancas. Volaron palos celestes y naranjas, de un lado para el otro. Pero pareciera que la orden fue curtir la calma.

Del otro lado del río, espera agazapada toda la oposición, que, por si hiciera falta aclararlo a esta altura, no se trata solamente de los partidos y sus miembros.


Por su parte, el radicalismo disfraza su desesperación de estrategia innovadora, y nuevamente conforma una alianza insólita. Tras el estrepitoso y anunciado final de UNEN, el partido de Yrigoyen se bamboleó de un lado a otro, definiendo su destino en la última Convención, sucedida en Gualeguaychú. Con discusiones y posturas ideológicas que recién parecen comenzar a levantar temperatura, una amplia mayoría decidió que era una buena idea aliarse con el PRO de Macri, y la impredecible Carrió.


Ésto barrió con las candidaturas de Cobos y Alfonsín. Se impuso Sanz, con su trabajada postura.

La decisión de sumarse al binomio Macri-Carrió, se parece bastante más al cumplimiento de una orden recibida de “arriba”, entendiendo que arriba están los medios y las corporaciones, que a una estrategia masticada y puesta a consideración de las bases. Un falso “apuesto a ganador”, que lleva al radicalismo a alquilarle la valiosa estructura territorial que construyó a lo largo de 120 años de historia, a un partido nuevo, que nació de las entrañas de la más reaccionaria casta económica, y que no contaba con capacidad de expansión más allá de la General Paz, y algunos inventos. Y que, para colmo, tras sellar la alianza le espeta en la cara que, de ganar, el PRO no está dispuesto a un gobierno de coalición. “El que gana gobiera, el que pierde acompaña”, acotan los amarillos, risueños. El proyecto personal de Sanz y unos cuantos seguidores chocó antes de arrancar la carrera.


Para el PRO, definitivamente es un triunfo en esa batalla de adhesiones que disputa contra Massa, por fuera de los partidos tradicionales. Ya había dado un paso importante, cerrando un acuerdo con Reutemann. Estos últimos días, Macri parece haberle sacado una ventaja al ex intendente de Tigre, que desarrolla una franca caída en cada encuesta que se publica.

Massa, mientras tanto, intenta detener la hemorragia de intendentes y diputados que corren hacia otros espacios. De todos modos, el estado de salud del Frente Renovador está fuera de peligro, aunque requiere de una rápida intervención para recuperar iniciativa, y no ser tragado por las arenas movedizas de un tercer puesto a nivel nacional, donde hoy naufraga. Relanzó su campaña, dicen. Pero elecciones recientes en distritos cordobeses tuvieron al Frente Renovador lejos de la victoria.


Otros candidatos, sin capacidad real de hacerse del poder, miran expectantes qué resultará de todo esto. El Frente de Izquierda se debate entre el candidato de siempre, Jorge Altamira, o la renovación generacional con el mendocino Nicolás Del Caño. Intentará seguir incrementando su piso electoral, que crece lenta pero constantemente, aunque sin vocación concreta de poder, más allá de la necesaria presencia y lucha en centros de estudiantes y fábricas en conflicto.

Hermes Binner naufragó con el UNEN, al igual que Pino Solanas, y ninguno de éllos moverá la aguja en las elecciones generales de octubre. El primero porque no participará, y el segundo porque lo hace de modo casi testimonial. Sumemos al cordobés De La Sota, que pierde hasta en su terruño, Pablo Micheli, de la CTA, los Rodríguez Saa y otros aspirantes sin más expectativas que entrar un ratito, los últimos minutos del segundo tiempo.


Va escampando, y todo va quedando claro. Quedan meses y distintas instancias. La final se juega en octubre. Siete meses clavados. Siete meses, que en Argentina, pueden ser dos siglos.

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