jueves, 21 de mayo de 2015

CUBA


Por Facundo Bianco


Cuba alegra y duele, convence y revela. La dicotómica condición de la isla de las barbas y el ingenio reciclador, interpela a los que cargamos (incluso, mal que nos pese) con una formación occidental y capitalista. La dicotomía es nuestra o es propia del sistema cubano??

Hay dos cosas que deberíamos dejar fuera del debate, para allanar el camino hacia análisis más interesantes: cuando hablamos del pueblo cubano hablamos de un pueblo pobre y orgulloso. Pobre, porque las condiciones materiales de vida en la isla, sobre todo desde la caída de la Unión Soviética y el comienzo del llamado “Período Especial” (que nunca culminó), están lejos de ser las mejores. Es cierto, también están lejos de la miseria que conocemos en el resto de la región, gracias al amparo del Estado Socialista.



Hablamos también de un pueblo orgulloso, porque la dignidad se palpa en cada provincia de Cuba. La Revolución está viva, continúa su proceso, y por más o menos críticas y reparos que aparezcan, el respeto hacia la figura de Fidel, Raúl, Camilo, el Che, y el resto de los hombres que encarnaron esa gesta heroica, continúa sólido. Las voces críticas aparecen en el diálogo franco, de ambos lados del mostrador. Y suelen tener que ver más con lo económico que con lo político, si es que es posible dividir estos conceptos. Pero encontrar el odio recalcitrante que se vive en países como el nuestro, como Venezuela o Brasil, requiere un esfuerzo mayúsculo. Y ni así. Los que odian, ya están fronteras afuera.

Afuera. Adentro. Ésto nos lleva a hablar sobre el famoso bloqueo. El bloqueo es un tema central en Cuba. Se ve en carteles que hablan del “genocidio más largo de la historia”, se escucha en las abundantes conversaciones que brindan los once millones de cubanos que habitan la isla. El bloqueo ha hecho estragos. Con una frase, un ingeniero mecánico me explicó los pesares que genera el bloqueo de la mayor potencia de la historia a esta pequeña isla del Caribe: “Hoy por hoy, en Cuba hay de todo, pero poco y caro”.
Separemos de nuevo. Poco, porque un país desindustrializado, despojado de tecnología de punta, con un suelo fértil pero que no esconde petróleo, con vecinos centroamericanos mayormente pobres y desiguales (Haití, Jamaica, el propio Méjico), cuyo mayor ingreso de divisas se lo debe al turismo, pero cuyo mayor caudal de turistas podría ingresar desde un país que hace 50 años no lo permite. Son muchos los atenuantes por los cuáles Cuba cuenta los dólares. Literalmente.



Caro, porque lo que entra debe pegar vueltas inimaginables. Por caso, las guaguas, como llaman los cubanos a nuestros conocidos colectivos, no pueden ser compradas a una empresa yanqui radicada en Miami, a 150 kilómetros de La Habana. El bloqueo lo prohibe. Entonces el provedor que aparece es China, otra potencia, pero distante a unos cuantos miles de kilómetros más, lo que encarece el valor del flete.

Otro ejemplo: La industria alimenticia del mundo está en pocas manos. Nestlé, Unilever y otras monstruosas companías, por tamaño y abuso, están radicadas en Estados Unidos o en países cuyos gobiernos son aliados del Tío Sam. Gobiernos que no comercializan con Cuba, o lo hacen en cuentagotas, porque las multas impuestas por Estados Unidos se han vuelto cuantiosas y problemáticas. Lo mismo sucede con bancos o proveedores de todo servicio.



Es cierto que la dificultad para acceder a determinados bienes, se convierte en frustración y empeora la calidad de vida. También es cierto que el pueblo cubano no pertenece a la sociedad de consumo, como, por caso, el argentino. Esa necesidad de consumo por consumo mismo solo se palpa, y en pequeñas dosis si lo comparamos con lo que sucede en el resto del mundo, en los jóvenes.

Los jóvenes. Las nuevas generaciones, aquellos chicos de 20 y tantos años, que no han vivido las mieles de la revolución, ni la miseria batisteana que los dejaba morir en una esquina, tienen nuevas exigencias. Nacieron con el comienzo del “período especial”, donde las cosas han sido difíciles. Y aunque la distancia con nuestra sociedad hiperconectada es sideral, internet comenzó a llegar a la isla, y con élla modas, consumo, medios, información de todo tipo y color. Ya no exigen comida, trabajo, salud gratuita y de calidad, ni educación universal. Ahora van por más, y ese ir por más confronta inexorablemente con preceptos claros del gobierno de los Castro.



Cuando Fidel pasó la posta a su hermano Raúl, algunos cambios se fueron sucediendo, y las cosas comenzaron a mejorar. La regulación del “cuentapropismo” es un caso testigo. El trabajo particular por fuera de las estructuras del Estado, pero no de su control, generó una nueva clase de empleos, muchos relacionados al turismo, que mejoró los ingresos y parece estar creando, lenta pero continuamente, alguna brecha entre capas sociales, cosa que hasta ahora no sucedía. Será éste un peligro que atenta contra las bases del sistema?? El tiempo nos mostrará la respuesta.

Da la sensación que el pueblo cubano hace bastante con lo que tiene a mano, y con las condiciones que le fueron impuestas. Porque si bien es cierto que el socialismo nació de sus propias entrañas y bajó de la Sierra, y puede considerarse una elección, el bloqueo genocida al que lo han sometido es una imposición por pararse de manos a un país que no contempla esa posibilidad.



Cuba es un país sin mayores recursos, donde casi la totalidad de la población vive en condiciones similares, tienen acceso a la misma clase de cosas. Un país donde se votan puestos menores, los medios de comunicación son entendidos como medios de producción, por lo tanto están en manos del Estado. Un país donde las cámaras, las luces de led, los patrulleros... la inseguridad, bah, no pertenece a la lista de preocupaciones, sencillamente porque la hay en cuentagotas. Un país que exporta salud, contra factura pero también por pura solidaridad, como los 50 profesionales de la salud que viajaron a Nepal a penas sucedido el terremoto. Un país donde todos tienen su hogar, y no existe la mortalidad por hambre. Un país donde el adoctrinamiento estatal es agobiante.

Cuba es todo eso, y es mucho más. nos interpela, ya no solo como miembros de la sociedad de consumo, del sistema capitalista, sino también como seres humanos. Nos invita a vaciar de significado algunos términos, y volver a llenarlos con nuevas interpretaciones. Es Cuba más o menos libre que el resto de los países?? Cómo se mide la calidad de vida?? Qué significa autoritarismo?? Qué implica tener un sistema democrático?? Qué es el adoctrinamiento, y quiénes lo realizan?? Pueden y deben todos los seres humanos ser iguales?? Cómo es posible que en un país materialmente pobre, sin cámaras, mapa de la inseguridad, con poca presencia policial, y turistas que tienen todo lo que el cubano no, no haya inseguridad?? Un país donde en veinte días el presidente se reúne con siete líderes mundiales, es un país aislado?? Qué es lo que hace libre a una sociedad?? Se puede pensar en libertad sin poner especial acentro en la libertad de palabra??



Conocer Cuba es un viaje placentero al agua caliente, la arena blanca y las erguidas palmeras. Pero sobre todo, es un baño de cuestionamientos a nuestra propia idiosincracia. Simpatías o antipatías de lado, Cuba ofrece repensar una cantidad de cosas. Está en uno aprovecharla.

1 comentario: