jueves, 19 de noviembre de 2015

SON COMO NOSOTROS


Daniel Wizenberg
Revista Anfibia
http://www.revistaanfibia.com/

En el último programa hicimos una selección de tres interesantes crónicas publicadas en Revista Anfibia luego de los atentados terroristas perpetuados en Paris hace unos días.

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La mañana siguiente a la fatídica noche del 13 de noviembre en la que siete atentados terroristas mataron a más de cien personas, e hirieron gravemente a más de 300 en la capital francesa, Bashar Al-Assad, el presidente de Siria, se reunió con un grupo de diputados franceses en su despacho. De impecable traje oscuro, con el bigote que usa desde hace años, expresó sus condolencias. Luego dijo:

— Lo que les pasó en París es lo que vivimos aquí en Siria desde hace cinco años.

El diputado “por los franceses en el exterior” Thierry Mariani, encabezó la delegación. Una periodista de la cadena de noticias francesa RTL le preguntó:

—¿Qué piensa de lo que dijo Assad? 

—Que efectivamente la diferencia entre los sirios y los franceses es que los primeros están acostumbrados al terror— respondió el galo, perteneciente a una facción del partido opositor RPR, autodenominada como “derecha popular”, tan apartada del partido gobernante (el Partido Socialista de Francois Hollande) como de la dirección de su propio partido (a cargo de Nicolas Sarkozy).

Los sirios conocen bien el poder destructivo de ISIS: más del 40% de su territorio está bajo su control. Más allá de las comparaciones, siempre complejas, a veces injustas, ¿cómo se soporta en Siria la violencia de ISIS, del propio gobierno y de los rebeldes? ¿Cómo afecta a las personas que pretenden continuar con sus trabajos, con su familia, con sus amigos, la intervención internacional? ¿Cómo viven la guerra brutal y declarada los ciudadanos que deciden permanecer en su país, o que no encuentran el modo de escapar? ¿Porqué muchos de ellos, hoy, usan la bandera de Francia y Siria como perfil de Facebook?

Después de los atentados en París, muchos sirios se sumaron a la propuesta de Facebook de poner sobre la foto de perfil la bandera francesa. Como muchos otros, María y el resto de sus amigas siguieron la movida pero con una aplicación alternativa, y pusieron la bandera de Siria.

María no milita en política. Evita la primera persona para hablar de la guerra en público. En su muro de Facebook comparte contenidos relacionados con el conflicto, pero no cualquiera. La de ella es una política del afecto: replica lo posteado Alzohuir. El domingo 15 de noviembre publicó: “Francia es el país europeo que más ha exportado jihadistas a Siria. Y eso fue bajo el gobierno de Sarkozy y de Hollande. Ahora los terroristas están regresando de nuevo a Francia asediados por la fuerza aérea rusa.” Bajo la frase, una caricatura en la que se observa a Hollande vertiendo gasolina sobre una Siria en llamas de la que se desprende un humo negro, el humo se convierte en ISIS cuando llega a Francia.

Dos días después del atentado, el domingo 15 de noviembre, Francia -de manera autónoma y sin articular con USA, el resto de la OTAN o Rusia- bombardeó Raqqa, “el corazón de Estado Islámico”, a tan solo 367 kilómetros de Damasco.

Si se le pide una opinión en privado María responde que sabe diferenciar entre políticos y civiles. Se siente muy dolida por las víctimas de París: “Son como nosotros”.

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El conflicto sirio comenzó en marzo de 2011 cuando en plena crisis de la economía una serie de protestas masivas en varios puntos del país contra Bashar Al-Assad intentaban continuar con la “Primavera árabe”. A la fuerte represión de las fuerzas de seguridad se sumó la deserción de cientos de soldados del Ejército con el objetivo de conformar una armada rebelde, insurgente. Esos rebeldes fundaron el Ejército Libre de Siria (ELS). Querían derrocar a Assad. Fueron financiados por Estados Unidos y la OTAN, que ya invirtieron en el ELS más de 500 millones de dólares.
Pero no se trataba de una típica guerra civil entre un gobierno autoritario y opositores con financiamiento externo. Hubo más actores involucrados, como al-Nusra (los representantes de la misma organización a la que pertenecía Osama Bin Laden, Al Qaeda) y “La Brigada del Islam”, una organización cuya búsqueda más que territorial es religiosa, apoyada, sobre todo, por el gobierno saudí. El reino de Arabia Saudita es un emirato que pertenece a la rama del islam (mayoritaria) sunita

 Enfrentada desde hace cientos de años a los chiitas, la otra rama importante. Los fanáticos sunitas
(tanto Al Qaeda, como BI y Arabia Saudita) niegan que los chiitas sean verdaderos musulmanes. A la condición “laica” del Estado Sirio, que siempre molestó a los sunies, se suman argumentos político-económicos: Arabia Saudita y el gobierno de Assad hace tiempo que no tienen relaciones diplomáticas, lo que incide negativamente en el peso de los sirios para influir en el precio del barril de petróleo. A pesar del apoyo saudí a Al Qaeda y BI, Estados Unidos y la OTAN mantienen con el emirato una histórica alianza geopolítica.

Cuando parecía reproducirse lo sucedido con Saddam en Iraq, Kadaffi en Libia o Mubarak en Egipto y los principales medios de Occidente debatían si Assad se exiliaría o sería asesinado, él encontró aliados que salieron a defenderlo: Rusia (con un Vladimir Putin decidido a revivir la Guerra Fría), China, Irán y la organización libanesa Hezbollah (estos dos últimos chiitas y con una fuerte posición anti-occidente).

El escenario original de una compleja guerra civil se transformó en una intrincada guerra de dimensión global que se profundizó en el verano de 2014: desde Iraq ingresó el Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS). El ISIS es un desprendimiento fundamentalista de la organización Al Qaeda dispuesto a fundar un califato, un Estado Islámico (EI) como el que proponía Mahoma unos cuantos siglos atrás. Ya controla un territorio más grande que el de Reino Unido. EI hace regir la sharía, la ley del islam, en cada porción de tierra que toma. Está compuesto por sunitas pero también ha incorporado militantes europeos comprometidos con el rechazo a Occidente, a los chiitas, a los católicos y a los judíos, como algunos de los detenidos por los atentados en París.

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Para tapar el ruido de las bombas y de los enfrentamientos entre las fuerzas oficiales, alNusra y el ELS en las afueras de Kafranbel, una pequeña ciudad siria cercana a la frontera con Turquía, Hadi, un profesor de literatura de 27 años, se encerraba en su cuarto y subía el volumen de los parlantes de su computadora al máximo.

El día en que ISIS intentó entrar a la ciudad cruzando fuego con las otras 3 fuerzas que habitualmente combaten en la zona, su padre no tuvo tiempo de encontrar un lugar seguro. Quedó en el medio del tiroteo. Cuando comenzaron los disparos Hadi estaba en su casa. Gritó a su mamá y a su hermana que se encerraran en el placard. Se pusieron un casco de bicicleta cada una y permanecieron agachadas cubriéndose la cabeza durante 2 horas. Hadi apoyó el sillón contra la ventana principal para intentar amortiguar las balas, cerró la persiana y se acostó en el piso con las manos en la nuca. Cuando el repiqueteo terminó fue a abrazar a las mujeres de su familia y lloraron juntos unos minutos, quietos.

Un día antes de cumplir 26 años Hadi se sumó a los 5 millones de desplazados sirios en el exterior, marchó a Estambul. Su pueblo ya estaba controlado por los “rebeldes moderados”, el grupo del cual él forma parte, con una militancia virtual. Un día después de enterrar a su padre, sintió que la alternativa, al quedarse, era agarrar un rifle para combatir al Ejército oficial. Pasar de la guerra simbólica, al ataque real. No quería eso.

Ahora, bajo el sol radiante de la capital de Turquía, Hadi camina por la plaza Taksim buscando un Starbucks. Acaba de obtener la visa para viajar a Estados Unidos pero aún no le comunicó sus planes a la familia que quedó en Siria. Paga en la caja el pedido y espera el vaso alto con su nombre. Llama por Skype a su madre. La señal del otro lado es muy débil y la comunicación fracasa. Intenta por teléfono, hablan dos minutos. Hadi lagrimea. Lanza un “Ajak-bakí” (“te amo” en arabe) y corta.
Contribuyó con el ELS, intentando derrocar al oficialismo desde lo audiovisual y las redes sociales. Creó, entre otras plataformas, la fan page Kafranbel Syrian Revolution (https://www.facebook.com/kafrev). Desde ahí publica videos y memes. Para producirlos reunió un equipo de militantes, encargados de hacer pancartas escritas en inglés y cartulinas con caricaturas. Fotos de un grupo de personas en Minesotta con carteles que dicen “Russia Hand Off Syria!”, selfies de soldados del ELS con explosiones de fondo, pancartas denunciando que Assad usa bombas químicas y videos en los que se observan niños afectados por la guerra, algunos de ellos, muertos. Las últimas publicaciones expresan solidaridad con París. En otras, fotos de gente con carteles en inglés, dicen: “Matar civiles en París es terrorismo. ¿Pero qué pasa con matar civiles en Siria por parte de Rusia y Assad?”
Hadi está convencido de que el ELS es el más débil de todos y siente que Estados Unidos los fue dejando solos. A fines de 2014, Hillary Clinton, ex Secretaria de Estado y candidata a presidenta del partido demócrata, de Obama, anunció que iban a dejar de apoyar a los rebeldes “porque habían resultado funcionales a Estado Islámico”. Pero tanto su país, como la OTAN, no cambiaron su estrategia.
 Termina el frapuccino y va a trabajar. Enseña Historia en una escuela específica para niños sirios desplazados, parte de los más de cien mil nuevos alumnos de primaria y secundaria que se sumaron desde Siria al sistema educativo turco pero de forma diferenciada, en los últimos dos años. Algunos vivían con sus familias en las estaciones de metro de Estambul hasta que el gobierno lo prohibió. Cada vez que la policía turca encuentra algún refugiado en esa situación el gobierno lo reubica en alguna de las carpas que la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) montó en las afueras de la ciudad.

FUENTE: http://www.revistaanfibia.com/cronica/son-como-nosotros/


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