miércoles, 29 de junio de 2016

CARTA DE AMOR AL SEGUNDO SEMESTRE






Querido mío:

Cómo explicarte, cómo describir lo que siento por vos?? No me avergüenza reconocer que huelgan las palabras, que el diccionario no alcanza para encontrar las palabras que reflejen cuánto te necesito.
Se hizo dura la espera. He pasado por días de visceral angustia, de lágrimas derramadas humedeciendo el marco de la ventana, buscando en el horizonte alguna señal de tu llegada. No podría negar que por momentos sucumbí, inexorable y pasivamente, al fatídico sufrimiento. Me dejé arrastrar hacia la oscuridad de un alma en pena.

En el camino he perdido amigos, mi estado me despojó de la capacidad de trabajar. No hubo vacación posible que me empuje a la luz que no lograba ver al final del túnel. Descubrí que me habían hecho creer en una ficción tan evidente, que me sentí un estúpido por haber soslayado su existencia. O su inexistencia. Ya no sé. No sé nada. Solo sé que te esperé.
Te esperé cada segundo de mis días. Y en algún momento comencé a fantasear con tu llegada, cómo sería tu aparición. Te vi iluminado y eterno, con un semblante que calmaría a las fieras más desbordadas. Y me hizo bien. Logré así llegar a puntos de satisfacción que se expandían por mi cuerpo, como la sangre, recorriendo cada rincón. Pero luego volví a retraerme a la gris realidad de la espera. La temible espera, que me mantenía sumido en un letargo fuera de la dimensión del tiempo. Un espiral de tristeza y dolor, donde los relojes dejaron de funcionar.

Fue duro esperarte. Pero aún en los momentos de mayor zozobra, sentir que tu llegada se avecinaba iluminaba los oscuros rincones de mi existencia. Me convencía de que nada sería en vano, que el sufrimiento era simplemente el estadío previo para finalmente empaparme del goce de tenerte. Arranqué fuerzas de cada gramo de testosterona en mi cuerpo, para soportar tu ausencia temporal.

Hoy te siento tan cerca que puedo oír tus latidos. En unos días podré abrazarte, sentirte, disfrutarte. No habrá pronóstico, frío, ni lluvia que empañe tu arribo. No permitiré que nada lo demore. Vas a llegar, y nos vamos a amar como dos locos que no piensan pedirle permiso a nadie para vivir su propia historia. Vas a llegar flotando como un globo para llenar mi vida de color. Todo será alegría.

Te siento llegar, estás tan cerca, amado mío...
Soy tuyo. Todo tuyo. Mis brazos se abren en franco recibimiento. Ahora sí, acomodame el alma.


Bienvenido, querido Segundo Semestre, te estaba esperando.




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